Este es el adelanto de la semana de Biofacto. No les cuanto más porque nos acercamos mucho al final…
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—Sos vos, ¿no es cierto? —el marcado acento argentino de Moris llamaba la atención de Alino, que hacía ya unos minutos se concentraba en mirar a Laina, aún atada y tendida sobre una manta, sobre el piso de la parte trasera de la furgoneta del ejército con que Conesa y equipo llegaran hasta las inmediaciones de Hucal— El que controla al Serpo… vos lo dejaste fuera de combate.
Alino apenas asentía mientras notaba las cicatrices en el rostro del orondo jefe de tropa especial.
—La Madre nos dijo mucho de vos, que llegaría el día en que volverías para iniciarte; definitivamente.
—Iniciarme… —el tono el muchacho era, al menos, críptico— Mira, no lo tomes a mal pero lo único que me interesa es ella.
— ¿Cómo se llama?
—Laina.
—Te acompaña desde Estados Unidos ¿no?
—Sí, dejó todo por este estúpido… y así terminó.
Moris se acarició las abultadas mejillas, estirando la piel con la punta de los dedos.
—Comprendo que estés preocupado por ella, pero me llama la atención esto de que no me hayas preguntado donde se supone que vamos.
— ¿Cambiaría algo?
—No. Incluso me ahorra algunos problemas.
—Entonces mejor pensar en ella.
— ¿Pero no te interesa saber cuáles son nuestras intenciones?
—Si es verdad lo que dicen… podría hacer que nos dejen ir ahora mismo.
—Pero…
—Pero creo que ustedes son lo que buscaba. El Serpo dijo que solo La Madre tiene las herramientas como para curarle.
—Si alguien las tiene seguro que es ella.
Moris se mordió los labios. Tenía órdenes muy claras acerca de qué debía decirle al muchacho… y qué no.
— ¿Qué crees que haría si la soltamos? No puedo verle con esas ataduras… —Alino hacía una pausa para tragar una bola de saliva— no puedo verle así.
—Seguramente lo que le hayan pedido, quizá matarnos a todos. Por lo menos intentaría.
® Fernando Silva 2011 . Todos los derechos reservados

