Biofacto . Parte quinta . Capítulo 36: Onda corta

Biofacto

Autor: Fernando Silva

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Parte quinta:

Híbrido

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Capítulo 36. Onda corta

Exobiologicum. Palabra caprichosa, rimbombante y pretenciosa. No se parecía en nada a los nombres de los proyectos negros a los que Freeze estaba acostumbrado. Sin dudas, pertenecía a otra escuela, otro telar en el viejo tejido de los secretos. Le había llegado como título de un mensaje encriptado de Petrov y, no podía jurarlo, pero tenía la idea de habérselo escuchado nombrar antes, en algún momento.

«Exobiologicum:

Ad astra per asperum era el lema del proyecto, que dependía de la Comisión Nacional de Energía Atómica de los Estados Unidos. Y te preguntarás que demonios tiene que ver… bueno, un proverbio de la Madre Rusia dice que cuanto más se camina en el bosque más leña se encuentra, así que tras preguntarme lo mismo decidí salir a ver qué es lo que podía traer para la fogata. Unos amigos en el ministerio de defensa (de esos que ofrecen abrazos por temor, claro) buscaron algunos documentos para este ruso malparido y sucede que la historia viene a ser bastante parecida a lo que se vivió en la Unión Soviética a mediados del siglo pasado. Resulta que la Comisión Nacional de Energía Atómica lo había controlado todo —y quizás aún lo haga— con el pretexto de la famosa guerra nuclear. Tenían el mayor presupuesto, la más novedosa tecnología y gozaban de una impunidad absoluta… todo en nombre de la seguridad nacional ¿Te suena?

Resulta que para el momento del primero contacto con las entidades foráneas, nuestros amigos estaban más preocupados en exponer locos a la radiación que por los extraños que golpeaban las puertas. Esto iba a cambiar con el tiempo, claro, pero en ese momento decidieron incluir Exobiologicum bajo la sombre de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Lo mismo que hicimos nosotros. La idea era que este tema era —también— muy importante, pero no ameritaba un nuevo desvío del presupuesto anual. Menos considerando que los representantes del pueblo iban a querer saber dónde iba todo ese dinero. Así que lo solucionaron creando el proyecto bajo el aura de la Comisión. Bastante rápido se dieron cuenta de dos cosas: los foráneos tenían cierta propensión a mentir y su tecnología podía ayudar a ganar la guerra fría.

Con esto en mente nacieron los primeros pactos con las entidades foráneas. La idea era intercambiar tecnología por recursos biológicos. Al parecer se trataba de una sociedad avanzada y desgastada que necesitaba hacer un “trabajo de campo” en nuestro planeta, cuestión de recuperar el propio. Eso fue lo que dijeron, pero nadie, aún hoy sabe de dónde vienen. Puede que vengan de otro planeta, de otra dimensión, de otro tiempo… algunos biólogos soviéticos se sorprendieron mucho al notar que cuentan con ARN y ADN, eso es algo que no podríamos esperar en extraterrestres. Y sin embargo, mi amigo, allí están.

Las complicaciones llegaron cuando nuestros gobiernos cayeron en que los foráneos manejaban una agenda secreta. Esa propensión a la mentira había resultado en el encubrimiento de un plan sistemático de análisis de la población. Parece que los locos de las abducciones tenían razón calvito… tengo en mis manos el listado de proyectos que se desprendieron de Exobiologicum y tres de ellos estaban dedicados a asistir a los foráneos en sus andadas secuestrando gente. ¿Si nuestros gobiernos se aliaron a los foráneos vendiendo a su propia gente? Es lo más probable. Sin embargo me gusta pensar en que lo hicieron para conocer sus planes. Idiotas, no creo que hayan averiguado nada. La única esperanza es una referencia a un proyecto que no figura en ninguna parte y, si no me equivoco, algo tan secreto solo es justificable desde el punto de vista de una eventual resistencia a los foráneos. Ese proyecto es, para nosotros, un nombre conocido: Biofacto.

No sé dónde encaja, tampoco hasta donde llega esto, pero si tomamos en cuenta que los foráneos estaban muy interesados en nuestra biología y Biofacto encierra iniciativas en el campo de la biotecnología… diría que alguien preparó, o está preparando, un arma. Y eso, americanito, es bueno».

 

*            *            *

—Hasta aquí llega el diario —Alino cerraba la tapa de su laptop con una premeditada combinación de violencia y cuidado—. No hay nada más.

— ¿Escuchaste los audios? —Laina daba un sorbo a un vaso de gaseosa y acomodaba el rostro al sol.

—Sí, mientras dormías… de todos modos no te noto muy preocupada.

— ¿Voy a solucionar algo eligiendo estar tensa? —La muchacha entrecerraba los ojos— Vivimos con los intestinos destrozados…

—Es verdad, pero más me preocupa no encontrarlo, no saber la verdad.

— ¿Encontrar qué?

—Mi pasado —Alino detestaba el sonido de esas palabras, pero por muy egoístas que sonaran, era la verdad. Además, ya se lo había dicho a Laina; tenía que saber cómo era que su vida había terminado en eso.

— ¿Y si buscas un futuro?

—Puede ser. Sin embargo, la gente vive buscando el futuro o lamentándose del pasado. Eso es una pérdida de tiempo. Lo que yo busco es más que horas perdidas… es mi identidad, es saber por qué se supone que un Serpo, un tipo que ni siquiera es humano, está dispuesto a dar su vida por mí.

—Ya me pones nerviosa —Laina se acomodaba los anteojos para sol en la punta de la nariz—. Te olvidas de esa cadena bien extraña de ADN que tienes, y del Rayo Azul y vaya uno a saber que más…

Y mantener silencio era lo más lógico. Alino tendió los brazos sobre el techo del coche, abrió un folleto que le habían entregado hacía unos minutos y se propuso descansar un poco en el paisaje. Si aquella era la famosa puerta de entrada a la Patagonia les esperaba un viaje, al menos, magnífico. Las viejas sierras de Lihue Calel —que albergaban sobre uno de sus costados la estación de servicio donde se habían detenido— eran simplemente maravillosas. Se notaba a simple vista la latencia de lo desértico, esa certeza implícita de que el paraje se mantenía, hacía siglos, seriamente deshabitado. Chañares, Jarillas… casi todas las variedades de flora autóctona que figuraban en el folleto estaban ahí, a la mano, con sus espinas y esa enrevesada belleza mezcla de sufrimiento milenario y resistencia al inhóspito paso de los días.

—No lejos han de estar —El Serpo, luciendo su abrigo gris bajo el sol radiante, se acercaba con un periódico en una mano y la billetera en la otra—. Mejor es moverse al sur.

—La idea era descansar.

—El Alino no puede tomar riesgos, hembra —El hombre de gris se acercó a Laina anteponiendo la tapa del matutino. En ella resaltaba un título: “Tres vacas mutiladas esta semana en la zona de Puelches”.

—Gracias por lo de hembra… —Laina tomaba el periódico mientras gruñía aquellas palabras.

—Los mismos estudios, ellos hacen lo mismo en lugares donde se quedan y aquí no es excepción. ¿Te refieres a las vacas?

—Necesitan implantar el virus del miedo de manera sencilla —El Serpo jaló de la manija de la puerta del conductor—. Comida es buena opción pero no debe infectar al portador vacuno. Deberías esperar que no lo logren.

 

*            *            *

 

Freeze había hablado largo rato con los dueños de la casa rodante, una pareja aborigen de mediana edad, tan amable como comunicativa. Era claro que no cabían todos en ese pequeño espacio pero habían insistido en esperar una noche más antes de dejarles ir. «Esta noche aún no es seguro. Las luces y los espíritus vienen en estas épocas del mes… nunca nos han molestado pero con ustedes llevan a alguien especial» había dicho la mujer, mirando para otro lado. La conclusión había sido clara y por Clara. Se quedarían una noche más antes de salir hacia el asentamiento principal de la reserva Navajo. Además, tenían que prepararse. La jornada de viaje a pié sería intensa, más considerando que el desafío bajo los calzados sería ni más ni menos que el Gran Cañón.

Por otro lado, Clara había dejado de hablar como una mujer y, paulatinamente, volvía a ser la niña mimada de su madre. Al menos en los momentos que compartían. Le había contemplado por largo rato y cada vez que Lima desaparecía por algo la niña giraba la vista hacia un pico enorme que tenían justo al sur. Y así quedaba, de pié, mirando nada. Freeze ardía por hablarle, pero había comprobado que un poco de ignorancia era mejor a la hora de dormir… y con la charla de la mañana le bastaba para una semana de insomnio.

Quizás fuera buena idea revisar el correo. Petrov había prometido volver a escribir al medio día y el sol ya le pegaba, duro, en medio de la calva.

 

*            *            *

«No sé si has escuchado hablar de esas transmisiones de radio, de onda corta, con las que se divulgan mensajes cifrados en código morse, o con números, en diferentes idiomas. Tampoco sé bien cómo pero parece que algunas de las estaciones fantasma que las emiten estarían trabajando para el proyecto Reposición, el mismo en el que estaba incluida tu hija. Lo más extraño, americanito, es que preguntando con unos amigos de la madre Rusia que llevan adelante un proyecto muy parecido… digamos que no saben nada de eso. Me refiero a los encargados de estos proyectos de experimentos con niños Freeze, algunas emisoras están relacionadas, al menos los desvíos de fondos en el presupuesto negro de Rusia apuntan a nuestro equivalente de Reposición, así que me pregunté: ¿Qué demonios hacen con esas emisoras? ¿Las aplican a los proyectos y los encargados no saben nada? Es claro que el número de gatos encerrados crece con cada pregunta.

Lo cierto es que despreocupándome de los maullidos caí de nuevo en vuestro famoso MK Ultra. Recordé que —en principio— solo se trataba de confeccionar una invencible droga de la verdad, pero una de las piedras fundamentales del costado más oscuro del proyecto terminó siendo el trabajo con ondas cerebrales. Esta gente llegó a la conclusión de que el cerebro funciona con determinadas frecuencias. Dependiendo el estado de ánimo o relajación, estas ondas van cambiando, al mismo tiempo que el cerebro modifica su funcionamiento. Deberías ver lo diferente que es la actividad eléctrica en un cerebro dormido a uno despierto, o las chispas que se ven antes de una muerte anunciada… pero, por lo que llegué a comprender, tus amigos y predecesores se obsesionaron con la idea de identificar algún tipo de frecuencia específica que les ayudara a, digamos, manipular las voluntades de la población. El objetivo final era utilizarlo contra los enemigos pero, para mí —que muchas veces me pregunto qué tipo de ondas vienen a través de los canales de televisión— esto se pone bastante inquietante. Como decía, estas emisoras de radio de onda corta siguen en actividad. Algunas están relacionadas a silos nucleares, otras al espionaje más clásico, pero las que me preocupan son las que suenan diferente, las que tienen patrones de sonidos que alternan con el tiempo y que me han hecho doler la cabeza con escucharles solo unos minutos. Haz la prueba, busca en internet lo que te digo y te sucederá lo mismo.

Volviendo a tu hija, pude averiguar que las emisoras que trabajan con los programas del tipo de Reposición buscan mantener o establecer algún tipo de control secreto sobre los niños con los que experimentan. Claro que Reposición, hasta donde sé, es algún tipo de colaboración con los foráneos. Y los términos de esta supuesta camaradería han terminado por alarmar a mi gente en Rusia. Por eso es que tienen un proyecto paralelo, aún más oscuro, escondido incluso de los ojos de la Comisión de Energía Atómica de Rusia. Secreto sobre secreto. Lo poco que pude rescatar es que estos amigos se han asentado en Venezuela y trabajan desde allí a contramano de los intereses de los foráneos.

Si me preguntas, veo dos caras de una misma moneda: una es la colaboración con los foráneos, la otra es un posible plan de contingencia a los resultados de la primera.

No sé a qué nos exponemos Freeze, ni que sucede en el fondo, pero da para pensar que algunas personas, en algún momento, obraron con sentido común y decidieron llevar desarrollos paralelos, fuera de la vista de los extraños. No sé si Clara pertenece a uno u otro bando, pero tengo una idea de porqué están allí, en el Gran Cañón. La mayoría de estas ondas de radio no llegan a adentrarse lo suficiente en ese lugar, por lo que la niña estaría desconectada de lo que sea que están intentando hacer.

En cuanto a lo que me dijiste que sucedió en la carretera… puede que el hecho tenga una pista encerrada. Si los foráneos se preocupan por mantener a Clara alejada de las ondas de radio será porque saben que no se condicen con sus metas. Claro que, si fuera tú, no sabría con qué quedarme; ¿Qué elijes? ¿La granada sin seguro o el batido de nitroglicerina?».

 

*            *            *

 

            —Donde vamos ya sabes —El Serpo soltaba las palabras con un tono extrañamente cansino—. Más allá de Neuquén será peligroso.

—No entiendo —Alino, que se ajustaba un poco el cinturón de seguridad, arrugaba la nariz antes de volverse hacia Laina— ¿Estas fumando?

—Presta atención —El Serpo levantaba un poco la voz—. Ya, donde ir, tú sabes.

—No… realmente no sé de qué hablas. Me encantaría tener idea de adónde vamos pero no…

—Aún no lo descifras pero los números hablan y los escucharás.

— ¿Los números?

Por cada ocho días que pasaban parecían diez, era como si se sumaran dos. Por cada ocho, dos y luego de dos en dos, parecía que solo día por medio fuera importante. Solo el día nueve de septiembre de mil novecientos ochenta y cinco fue diferente, porque descubrimos en la suma eso que llamamos Patagonia.

            — ¡Eso! ¡Eso es del diario de mi padre!

            —Esa es clave, la que has notado. En ella se encierra el dato esperado.

            Un silencio profundo llegaba como respuesta y puñetazo. Resulta que la estúpida idea de buscar en ese supuesto código había sido buena. Claro que las palabras del Serpo eran equivalentes a las de los sabios berreta que suelen proclamar que “todas las respuestas yacen en el interior de uno mismo”. Pero Alino encontraba la lógica en el asunto. Al fin y al cabo, había sido su idea.

            — ¡Te has pasado la policía caminera! —Laina gritaba desde el asiento trasero— ¿Quieres que nos sigan? ¿Eres estúpido o es solo la forma de hablar?

            —No podíamos detenernos.

            —Tiene razón —Alino señalaba con el dedo pulgar la parte posterior del automóvil donde Laina se rodeaba de maldiciones.

            —No podíamos detenernos.

            —Dime porqué.

            —No son policías los que ahora siguen el rastro nuestro; otra cosa. Son otra cosa.

Fernando Silva

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Un pensamiento en “Biofacto . Parte quinta . Capítulo 36: Onda corta

  1. Notas: para el momento del primero (primer?) contacto…
    bajo la sombre (sombra) de la Comisión
    La idea era que este tema era (hace ruido los dos “era”
    Menos, (coma) considerando que
    Si bien está más que interesante todo lo que se desarrolla en este capítulo, me costó un poco; tuve que releer algunas frases un par de veces. Igual soy yo, pero pegale una repasadita, por las dudas. Hay sitios donde podría unas comas ( Ay! el eterno debate de las comas !!)

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