Esta semana el adelanto viene del pasado, de las historias más oscuras del Siglo XX y la guerra fría. Podríamos musicalizarlo con “Ad astra per asperum”, de la banda de sonido original de la novela… lo cierto es que Freeze recibe un correo de Petrov, quien ha estado buscando leña en el bosque y se ha topado con un par de troncos podridos.
El Adelanto:
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Exobiologicum. Palabra caprichosa, rimbombante y pretenciosa. No se parecía en nada a los nombres de los proyectos negros a los que Freeze estaba acostumbrado. Sin dudas, pertenecía a otra escuela, otro telar en el viejo tejido de los secretos. Le había llegado como título de un mensaje encriptado de Petrov y, no podía jurarlo, pero tenía la idea de habérselo escuchado nombrar antes, en algún momento.
«Exobiologicum:
Ad astra per asperum era el lema del proyecto, que dependía de la Comisión Nacional de Energía Atómica de los Estados Unidos. Y te preguntarás que demonios tiene que ver… bueno, un proverbio de la Madre Rusia dice que cuanto más se camina en el bosque más leña se encuentra, así que tras preguntarme lo mismo decidí salir a ver qué es lo que podía traer para la fogata. Unos amigos en el ministerio de defensa (de esos que ofrecen abrazos por temor, claro) buscaron algunos documentos para este ruso malparido y sucede que la historia viene a ser bastante parecida a lo que se vivió en la Unión Soviética a mediados del siglo pasado. Resulta que la Comisión Nacional de Energía Atómica lo había controlado todo —y quizás aún lo haga— con el pretexto de la famosa guerra nuclear. Tenían el mayor presupuesto, la más novedosa tecnología y gozaban de una impunidad absoluta… todo en nombre de la seguridad nacional ¿Te suena?
Resulta que para el momento del primero contacto con las entidades foráneas, nuestros amigos estaban más preocupados en exponer locos a la radiación que por los extraños que golpeaban las puertas. Esto iba a cambiar con el tiempo, claro, pero en ese momento decidieron incluir Exobiologicum bajo la sombre de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Lo mismo que hicimos nosotros. La idea era que este tema era —también— muy importante, pero no ameritaba un nuevo desvío del presupuesto anual. Menos considerando que los representantes del pueblo iban a querer saber dónde iba todo ese dinero. Así que lo solucionaron creando el proyecto bajo el aura de la Comisión. Bastante rápido se dieron cuenta de dos cosas: los foráneos tenían cierta propensión a mentir y su tecnología podía ayudar a ganar la guerra fría.
Con esto en mente nacieron los primeros pactos con las entidades foráneas. La idea era intercambiar tecnología por recursos biológicos. Al parecer se trataba de una sociedad avanzada y desgastada que necesitaba hacer un “trabajo de campo” en nuestro planeta, cuestión de recuperar el propio. Eso fue lo que dijeron, pero nadie, aún hoy sabe de dónde vienen. Puede que vengan de otro planeta, de otra dimensión, de otro tiempo… algunos biólogos soviéticos se sorprendieron mucho al notar que cuentan con ARN y ADN, eso es algo que no podríamos esperar en extraterrestres. Y sin embargo, mi amigo, allí están.
Las complicaciones llegaron cuando nuestros gobiernos cayeron en que los foráneos manejaban una agenda secreta. Esa propensión a la mentira había resultado en el encubrimiento de un plan sistemático de análisis de la población. Parece que los locos de las abducciones tenían razón calvito… tengo en mis manos el listado de proyectos que se desprendieron de Exobiologicum y tres de ellos estaban dedicados a asistir a los foráneos en sus andadas secuestrando gente. ¿Si nuestros gobiernos se aliaron a los foráneos vendiendo a su propia gente? Es lo más probable. Sin embargo me gusta pensar en que lo hicieron para conocer sus planes. Idiotas, no creo que hayan averiguado nada. La única esperanza es una referencia a un proyecto que no figura en ninguna parte y, si no me equivoco, algo tan secreto solo es justificable desde el punto de vista de una eventual resistencia a los foráneos. Ese proyecto es, para nosotros, un nombre conocido: Biofacto.
No sé dónde encaja, tampoco hasta donde llega esto, pero si tomamos en cuenta que los foráneos estaban muy interesados en nuestra biología y Biofacto encierra iniciativas en el campo de la biotecnología… diría que alguien preparó, o está preparando, un arma. Y eso, americanito, es bueno».
Fernando Silva
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Y para que lo escuchen mientras leen, “Ad astra per asperum”, tema de Johan para la banda de sonido de Biofacto:
