Biofacto . Parte quinta . Capítulo 35: Durante toda la pesadilla

Biofacto

Autor: Fernando Silva

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Parte quinta:

Híbrido

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Capítulo 35. Durante toda la pesadilla

«Nada es lo que parece. Esas casas en medio de la nada, granos sobre la llanura, mundos de artificio donde viven personas que opinan sobre las personas que a su vez opinan de ellos, hablando de lo que alcanzan a comprender desde sus vacuos puntos de vista. Nada es lo que parece y nadie es como se ve a sí mismo, así como nadie es de la manera en que los demás le ven. Se podría decir que no existe una verdadera definición de nuestras personas; que en este eterno mareo de lo que es —o no— real, perdemos el curso y naufragamos al primer grito de ¡tierra! Entonces, solo le resta a uno preguntarse quién es y —en el silencio de la respuesta— caer en que no hay forma de saber si somos reales o el invento de alguien más. Nada es lo que parece así como no hay luz sin oscuridad… ¿O acaso inventamos el sinsentido para dar forma a lo que no comprendemos? Es que al final, cuando cerramos los ojos para dormir, volvemos al principio y nos preguntamos si algo de lo que está allí fuera reúne los requisitos para ser real. Es la hora de barajar las posibilidades, las opciones y las razones. Y es algo que, en ese instante, siempre me repito: puede que seamos el resultado más inmaculado del creador, puede que seamos una bacteria en la vejiga de Dios».

Alino arrugó los labios antes de cerrar los ojos. Era hora de dormir un poco.

 

*            *            *

            «Mis manos, pequeñas otra vez… pero no respecto de la silla, ni de la mesa. Todo aquí parece de mi tamaño, excepto por el hombre sentado en la esquina de la habitación. Las paredes, grises, están bastante lejos y la luz del sol entra por la ventana con fuerza de verano. El hombre me mira y suda, parece molesto en ese traje negro mientras tira de la corbata. Pero no dice nada, solo está ahí, como la mesa, las paredes y la ventana. De alguna manera sé que a mis espaldas se abre una puerta, no escucho nada pero una corriente de aire tibio me mueve el pelo en la nuca. Entonces me tenso como una cuerda a la que se le van rompiendo los hilos… es que me duele, por dentro, todo el cuerpo.

            Ahora llega una voz, suave, a mis oídos. Va cambiando de posición hasta que aparece, justo delante, un viejo que camina con torpeza para acercar otra silla, también pequeña. El hombre de la esquina mira ahora por la ventana; parece no querer escuchar lo que me dice el viejo, parece disgustado y distante. Pero no más disgustado que yo. Tengo tanta rabia que apenas me puedo mover y los dolores no ayudan, pero aún soy capaz de cruzarme de brazos y bajar la mirada; es que el viejo me ofrece un juguete. Y no desiste, lo apoya en la mesa, bien cerca mío mientras habla de lo triste que esta por esas cosas malas que me han hecho ayer. Pero yo sé que es él quien las ordena, es él quien pide que me inyecten ese líquido amarillo y es él quien mira de cerca cuando ya no puedo dejar de temblar y rechinar los dientes.

            Pero insiste con el juguete, lo acerca un poco más mientras veo como el hombre de traje se pone de pie y nos da la espalda. ¡Yo no quiero ningún camión de plástico! ¡Quiero a mi mamá! ¡A mi papá! ¿No lo entiende el maldito arrugado? ¡Me hace doler la cabeza! ¡El odio! ¡Te detesto malparido!

            ¿Y ahora te ríes? ¿Festejas? ¿Te ha gustado que el camión salga volando por el aire? ¿Quieres ver como hago lo mismo contigo? ¡Sí! Ahora también te duele la cabeza… y no puedes dejar de gritar mientras el hombre de traje te arrastra fuera de la habitación».

—Es una forma. Recuperar recuerdos en sueños puedes.

Alino abría los ojos y daba un salto en el asiento. Quería gritar, pero a cambio solo se ahogaba en las lágrimas que se le agolpaban en la garganta.

—Cuanto más recuerdes —El Serpo mantenía los ojos fijos en la carretera—, más saber de dónde ir podrás. El resto lo dirá La Madre.

*            *            *

            —No sé cómo explicarlo papá —Clara se refregaba los ojos y bostezaba sentada en un sofá pequeño. Acababa de despertar y, de alguna manera, no solo sabía que su padre no había dormido en toda la noche. También notaba que se mordía por preguntarle algunas cosas.

— ¿A qué…? —Freeze, que se había quedado a modo de guardia en la mesa del comedor de la casa rodante, apenas podía mantener los ojos abiertos.

—Si preguntabas por lo que pasó en la carretera… no sé cómo explicarlo.

—Yo no pregunté nada.

—Siempre te escucho, incluso cuando no hablas.

Freeze volteó hacia Lima para asegurarse de que aún dormía tirada entre esas dos sillas con las que había improvisado una cama. Y parecía desmayada, por lo que intentó espantar un poco las borrosas sombras del desvelo e indagar un poco más con Clara.

— ¿Tu mamá sabe de esto?

—Sí, un poco. Ella se dio cuenta hace años, de alguna manera… pero nunca tuvo el valor de decirme lo que piensa. Mamá piensa que es bueno tener un poco de miedo.

Freeze se llevó una mano a la frente. Más allá de todo, aquello era una buena muestra de su ausencia como padre y marido. No tenía idea, en definitiva, de quién era su hija o de que era lo que más preocupaba a su mujer.

—No hay problema papi —Clara sonreía—. Sé que has trabajado mucho todo este tiempo.

—Yo… pensé que eran buenas las razones —Freeze saltó al sofá y abrazó a su hija—. Realmente creía que estaba ayudando a construir un mundo más seguro para vos y tu mamá.

—Ya lo sé, pero eso no es real. Ellos no quieren que el mundo sea más seguro, quieren que el mundo sea una extensión de sus deseos, nada más.

—¿Ellos?

—Los mismos que me llevaron cuando era más chica. Creyeron que no lo recordaría, pero de pronto papi… es como si se hubieran abierto unas ventanas.

Freeze miró de reojo a la pequeña. Hubiera jurado verle las arrugas de una mujer madura creciendo sobre ese limpio rostro de una decena de años.

—Ahora veo todo, lo que es claro y lo que no. Asusta, da miedo, pero la verdad es distinta a lo que crees.

— ¿Y que creo yo?

—Que el mundo y la vida se limitan a lo que tocamos, vemos y olemos. Que las cosas están bien o están mal, que siempre fue así y siempre será… por los siglos de los siglos.

— ¿Cuál es la verdad Clara? —Freeze intentaba contener un llanto bastante inesperado.

—La verdad es que la realidad se desdobla en lo que esperamos del universo. Que no solo existe esto… que hay pasadizos hacia otro lugar. Como la casa del miedo en Chicago, ¿recuerdas?

Freeze asintió pero no dijo nada. Ya notaba la voz quebrada antes de hablar.

—Lo que nos hicieron… sé que piensas que es malo, pero creo que es lo que tenía que ser. Me han preparado para la colonización, porque esas otras verdades se nos vienen encima papá, y ya queda poco tiempo.

—No entiendo Clara… te juro que…

—Todo a su tiempo papá. Pero no, no soy como Alino. Somos opuestos en el mismo camino y es por eso que los hombres sombra nos han protegido anoche.

—¿Y de dónde conoces a Alino? —El hombre se frotaba los ojos antes de llevarse las manos al cuero cabelludo— Clara, por favor, tengo que creer que estas inventando un cuento… no puedo pensar que esto es lo que parece.

—Papá —la niña le miraba fijo—, yo tampoco sé si es lo que parece. Pero soy como el osito gruñón de la TV… no estoy de acuerdo con lo que se supone que tengo que hacer. No voy a esclavizarte, no lo haré.

 

*            *            *

            «Dice que es por mi bien, por el mío y el de otros que son distintos a mí, pero yo sé que lo único que quiere el viejo es salvarse. Lo sé porque hace una semana que leo sus intenciones, sus emociones, sus anhelos. Y también sabía que este momento iba a llegar. En estos dos años han estado creciendo mis copias, mis hermanos y me los quiere presentar —lo hace— ya están aquí.

            Todos ellos son iguales… y son iguales a mí cuando era más pequeño. Se acercan y me tocan con sus manos de molde, toman las mías y me invitan a jugar. Hablan de hacer flotar cosas, de prender fuego otras, con solo pensarlo, pero no mueven la boca ni un segundo. Claro que deberían saber que no me gusta verles, no me gusta su compañía, pero hay algo mal, algo incompleto. Son lo que soy, pero no del todo… por eso el viejo piensa que estas copias son fallidas, por eso quiere que les enseñe y piensa que entre juegos puedo darles lo que no tienen. Pero se equivoca, no tiene que ver con el conocimiento; es algo más, que en realidad es algo menos.

            Ahora se los llevan y el viejo se acerca para decirme que debemos volver a la sala blanca. Me aterra, pero ya no quiero gritar. Algún día encontraré la forma de hacerles lo que me han hecho o lo que le hacen a ese hombrecito de piel gris y cabeza enorme que tienen medio vivo en la sala blanca.

            El viejo vuelve a hablar de la colonización, de lo importante que soy y me vuelve a llamar Alfa. Pero a mí no me importa. Algún día, estas manos serán grandes, así como mis pensamientos y todos habrán volado por el aire o ardido en su propia grasa inmunda, como ese pero que me ladraba desde el otro lado de la ventana».

 

*            *            *

—No debería haberlos aplastado —Clara daba un sorbo a su vaso de leche mientras jugaba con una galleta hasta desgranarla por completo—. No se suponía que lo hiciera. Pero me han perdonado, por eso estamos aquí.

— ¿Quién te ha perdonado? —Freeze se frotaba los ojos con ambas manos antes de insistir— Dime.

—Ellos papá, los hombres sombra y los grises, los amos de los Serpo. Los amos de tus jefes también.

—Entonces WAD estaba con ellos.

—WAD tenía que cuidarme de ti, de tus ganas de saber la verdad y también tenía que mantener a Alino cerca de él, ¿controlado se dice?

—Sí, creo que a eso te refieres.

—Ellos creen que Alino es interesante, que es peligroso pero no temen, no son como nosotros.

— ¿De dónde sacas todo eso?

—Lo escucho aquí —Clara se apuntaba a la cabeza con el dedo índice derecho—. Pero a veces quiero que se callen.

—Hija… ¿Cómo puedo hacer para que callen?

—No hay manera papá —Clara parecía distraída y serena—. Quizás si se van, si deciden dejar la colonización de lado y volver a sus casitas… pero para eso habría que ser más fuertes, y eso no es como ponerle la ropa a una muñeca, es más difícil.

Freeze asintió en silencio. Apenas podía creer que aquella fuera la misma niña que le pedía ir a ver ponis o tener un perrito blanco. Allí dentro, donde Clara acababa de señalar, sucedían muchas cosas. Demasiadas.

—Además, ya tienen todo planeado. Ya casi logran mejorar el Miedo lo suficiente como para tener el dominio total, es solo cuestión de tiempo y la única esperanza para ti y para mamá es que se hagan invisibles para el virus.

—Es el arma que utilizarán para conquistarnos.

—Es mejor que eso papá… cuando llegue el día y el cielo se tiña de verde ya nadie recordará que fue libre, a no ser por Alino y por mí.

—Tiene que haber una forma de detenerlos.

—No sé, pero seguro es difícil papi —Clara juntaba las migas de la galleta y las organizaba en un círculo rodeado por un cuadro—. Ad astra per asperum… lo acabo de escuchar aquí arriba —Clara volvía a señalarse la cabeza—. ¿Sabes qué significa?

Fernando Silva

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