Biofacto . Parte cuarta . Capítulo 30: Simios transgénicos (parte 1)

Biofacto

Autor: Fernando Silva

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Parte cuarta:

La edad de oro del miedo

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Capítulo 30. Simios transgénicos (parte 1)

Te conozco, aunque no lo sepas. Puedo verlo en tus ojos, lo poco que te importan los demás… y no sabes que puedo ser peor que un millar de tu misma calaña. ¡Puedo ser tan perverso cuando me provocan! Claro que, seguro, estarás pensando que estoy muerto de miedo, que me estoy arrastrando hasta tu inmunda guarida en busca del perdón, y eso es lo que quiero que creas.

“Se nota que no quieres a tu familia”

¿Esa es tu mejor amenaza? ¿No sabes hacer otra cosa que meterte con lo más sagrado que puede tener un hombre? Pero debí verlo venir, no es la primera vez que lo haces. Porque eres un cobarde, un desertor… no importa a quien hayas traicionado, el hecho lo dice todo.

Guillaume Antoine Dubois… esta es la noche en que conocerás el horror, y me dirás todo lo que sabes, de una vez y para siempre, antes de que te vuele la tapa de los sesos.

 

*                  *                  *

 

Freeze hubiera preferido dar una patada a la puerta de acero y entrar, arma en mano, gritando el verdadero nombre de WAD. Pero era demasiado profesional y tenía demasiado en juego como para arriesgarse a un intercambio balístico con los matones del viejo. Así que había decidido tragarse el ácido de la ira y acercarse con su mejor cara de preocupación; quería esconder esa piedra que le tapaba la garganta y —llegado el momento— escupírsela en la cara.

—Ha veces no entiendo a la gente —WAD hacía una pausa para suspirar mientras mantenía la mirada pegada a una azucarera—. Ayudas, arriesgas a tus hombres, provees seguridades… un viejo como yo debería recibir al menos un agradecimiento. Ya no me queda mucho de vida Freeze, y cosas como el respeto, a esta altura, son mucho más importantes que otras que antes consideraba de vida… o muerte.

El silencio del ex agente de la ANS hablaba —a los oídos de WAD— de un serio estado alterado. El viejo podía ver la tensión en los brazos de su silencioso interlocutor y con ello le bastaba para saber que bien podía estar dispuesto a matarle, ahí mismo.

—Has ido al edificio Hoover, has salido de allí con mi ayuda y me lo pagas amenazando a mi gente, faltando a lo que habíamos acordado. ¿Acaso era para mí la información que buscabas? ¿O eras tú el que necesitaba saber lo que han hecho con tu niña?

Freeze movía los ojos, apenas asintiendo.

—Puedo pensar entonces que se trata de un esfuerzo egoísta, que te importa saberlo porque te sientes traicionado por la Agencia. ¿No te parece un poco terrible? Exponer así a los tuyos… no te hace mejor que nadie y lo sabes.

WAD seguía concentrado en la azucarera, aunque no perdía de vista la mancha borrosa que, un metro más allá, se llevaba la mano izquierda a la cintura.

—Puedes sacar tu arma y dejarla sobre la mesa —El viejo se anticipaba con la esperanza de sonar lo suficientemente autoritario—. Lo único que falta es que ahora intentes algo estúpido, como apuntarme.

—Creo que prefiero jugar con mis chances —Freeze sostenía la pistola con ambas manos, apuntando a la cabeza del viejo—. Haz que traigan a mi familia.

—No son tus chances las que barajas idiota… digamos mejor que son las de tu mujer.

—Si es así estas muerto.

—Todo tiene un final… —WAD levantaba la mirada por primera vez, alzaba las manos y las movía en el aire, como sacándose una mugre imaginaria de encima—.Todo tiene un puto final.

 

*                  *                  *

 

Spencer se había quedado unos instantes, de pie, bajo aquella farola. Intentaba recordar que grupo hacía esa canción que decía “Estoy perdido en un bosque, completamente solo” pero apenas si podía rememorar ese verso. Lo cierto era que con evocar la atmósfera del tema le bastaba, pues el sonido llevaba el mismo tipo de pesadez que se le arrastraba por dentro, que se le pegaba entre los huesos y la carne. Y aquello le traía un conjunto de dudas disfrazadas de conclusión: todo posible paso lucía en falso. Algo así como estar a tientas y solo en el bosque de la verdad y sus contrastes, lejos de la seguridad de la homogeneizada vida cotidiana.

Pero el agente no estaba dispuesto a darse el lujo de la parálisis, se sabía mejor que eso, mejor que sus miedos. Al fin y al cabo, aún estaba a tiempo de seguirle, de pegarse a Freeze y a la verdad.

—Cuando no sabes que hacer… —Spencer, que acababa de hundir las manos en los bolsillos, daba unos pasos urgentes— Lo mejor es lanzarte detrás de lo que queda más a mano.

 

*                  *                  *

 

Esperaba verle chillar como un marrano, rogar por su vida, por piedad. En cambio, el viejo medio sonreía, mientras estiraba la mano derecha para tomar la azucarera.

—En lo que a mi concierne no eres más que esto —WAD movía el recipiente hasta dejarlo justo en el borde de la mesa—. Algo útil, hasta que se rompe.

Freeze vio de reojo como el azúcar se desparramaba por el piso, mezclándose con los vidrios astillados.

—Y tu estas roto, por dentro —El viejo miraba al suelo—. Por eso no me costaría nada darle cierta orden a Walter en este mismo instante. Pero… ¿qué será de los tuyos cuando estés muerto? ¿Lo has pensado? Puedo comprender que hiervas por ejecutarme pero… imaginarás las consecuencias

—Hablas de mi familia, de lo que significa para mí y eres tú quien no encuentra mejor cosa que amenazar con lastimarles.

—No son mi familia. No me interesa que pueda sucederles.

—Como tampoco te ha importado venderte al mejor postor, cada vez que pudiste, como cuando llegaste de Francia.

WAD, de pronto, clavaba los ojos en la mueca hostil de quien le hablaba.

—Sí, hice mi trabajo, he investigado… Guillaume Antoine Dubois —Freeze había masticado el nombre de su enemigo, mientras pensaba en lo bueno que sería triturarle el cuerpo—. Para mí no eres otra cosa que un desertor devenido en mercenario, mucho menos que una persona.

El viejo acababa de incorporarse y, con los ojos desorbitados, buscaba un punto tras Freeze, al tiempo que abría y cerraba la boca sin decir nada.

—Te ha salido mal el juego Guillaume —Freeze se acercaba en un movimiento a WAD y con otro le rodeaba el cuello con un brazo—. Nunca pensaste en encontrar resistencia, creíste que con la amenaza bastaría. Pero soy un soldado, has olvidado que soy un soldado.

WAD quiso hablar pero la piedra que llevara Freeze en la boca de pronto había encontrado espacio en el viejo, que balbuceaba mientras luchaba por respirar.

 

*                  *                  *

 

Y resulta que le he seguido hasta aquí. ¿Será este el bunker de WAD? O mejor: ¿Cuáles son las razones por las cuales uno toma un compromiso?  ¿Qué es lo que cala tan hondo como para decidir arriesgarlo todo? Porque, en honor a la verdad, no hay nada que me ligue demasiado a este tipo, nada que le deba o que —a primera vista— tengamos en común. Es verdad que le admiro al verle luchar por su familia, le admiro por tener una familia… con los costos que tiene ser agente.

Bueno… quizás haya venido a demostrarme que realmente hay otra forma, que existe otra manera de hacer las cosas. Que muchas de mis excusas son solo eso: palabras frágiles y vacías. Como yo, hasta que me topé con esto en el desierto.

¿Tanto sentido necesitaba mi existencia? Porque estoy caminando hacia atrás en la vereda de lo que siempre he defendido, estoy haciendo todo al revés, y sin embargo me encanta… ¿Me siento vivo? ¿O es solo la adrenalina? Estar aquí, parado frente a este almacén abandonado, operando sin aviso ni autorización. ¿Soy yo o es el mundo que me arrastra a dejar todo de lado por la verdad?

Quizás, para encontrar la verdad, haya que salirse del sistema.

 

*                  *                  *

 

Walter acababa de entrar en la cocina, precedido por una escopeta de caño recortado. Ni una palabra de su boca, ni un gesto en el rostro. Solo miraba a su jefe en espera de una orden que —bien sabía— nunca llegaría.

—Puedes ir guardando esa escopeta Walter, a no ser que quieras matar al viejo con la mitad de los perdigones que salgan del cartucho.

—La voy a mantener en alto, es mi trabajo… además, podrías descuidarte.

— ¿Hay alguien más en la casa?

—Lo que diga no importa ¿verdad?

—Correcto Walter —Freeze apretaba el brazo sobre el cuello de WAD—. Mejor preguntamos otras cosas… ¿Mi familia viejo? ¿Dónde están?

—Están bien, nunca se enteraron de nada —WAD tragaba saliva mientras intentaba volver a tomar control de sí mismo—. Están en la habitación, yo nunca le haría daño a ellas, a tu hija…

— ¡Mi hija! Me vas a hablar de mi hija, me vas a decir por qué es tan importante.

—¿No lo has descubierto ya?

—Lo único que he descubierto es que no puedo confiar en nadie, menos en ti. ¿Qué es lo que sabes?

—Una cosa… —WAD seguía tosiendo— es lo que yo crea saber, y otra es la verdad. Y para conocer la verdad debes abrirte del sistema, como yo lo hice.

—Te abres de un sistema que utiliza a los demás para hacer lo mismo, en tu beneficio.

— ¿Puedes culparme?

—Por supuesto.

— ¿Puedes soltarme? Esto no es necesario, y lo sabes.

Freeze analizó la situación y las cuentas daban mal de cualquier manera. Matando al viejo perdía una buena oportunidad de saber algo más, y la vida, seguro.

—Solo si Walter arroja la escopeta hacia aquí.

—Es un trato.

 

*                  *                  *

 

WAD se había quedado de pie junto a la nevera, a menos de dos metros de Freeze. Golpeteaba en la puerta superior con los dedos de la mano izquierda, mientras organizaba lo que pensaba decirle su amenazante invitado. Tenía que ganar tiempo, más ahora que podía acercarse al botón disimulado bajo el borde de la mesada.

—Tienes razón acerca de mí —WAD mostraba las palmas de las manos—. Soy un desertor, un traidor, un comerciante de mis propias habilidades.

—Eso no es nada nuevo.

—Puede que no, pero se muchas cosas que ni tu ni ese muchacho argentino sueñan.

— ¿El Alino?

— ¡Pero si me sorprendes! Sucede que sabes de la existencia de los otros Alinos… bien por ti, pero debo aclararte que este es diferente.

— ¿Es el original?

—Si… los clones están muertos gracias a Dios, o a los serpos, como prefieras.

—Y al fin muestras tu verdadero rostro.

—Claro que sí, no tengo porque ocultarte más nada.

— ¿Acto de redención?

—No necesariamente.

—Habla viejo…

—Los foráneos vienen visitando el planeta desde antes que bajáramos de los árboles. Ellos hacían viajes entre el espacio y el tiempo cuando nosotros aprendíamos a pelar bananas —WAD apoyaba la cintura y las manos en la mesada, con un dedo oprimía el pequeño botón blanco que había quedado a su derecha—. Ellos nos crearon y criaron como hacemos con el ganado, luego nos dieron la libertad… y se fueron. Pero antes ayudaron con las bases de la civilización, no hay que ser un erudito para darse cuenta… ¿Podríamos decir que somos simios transgénicos?

Freeze movía el arma en círculos, pidiendo al viejo que siga.

—Ellos, y sus serpos, estuvieron de vuelta ya por los años treinta del siglo pasado, organizando mucho de lo que hemos vivido y todo lo que está por llegar. Ayudaron a los nazis y a los americanos en la segunda guerra mundial, luego contactaron también a los soviéticos, y a los chinos, japoneses y argentinos… entre muchas otras naciones. Y siempre con el mismo objetivo: recuperar lo que creen que les pertenece.

— ¿La humanidad?

—Correcto… y la verdad es que no puedo más que darles la razón, todo lo que somos es gracias a ellos.

— ¿Hablas en serio?

—Muy en serio, tanto como para sincerarme: estoy con ellos, hace mucho tiempo.

 

*                  *                  *

 

Ya eran varios los chasquidos con la lengua; Freeze estaba perdiendo el control. Lo sabía porque —desde la academia— había sido aquella su manera de identificar el punto límite, lo que su entrenador había bautizado «Alarma de supervivencia». Un tic, una acción repetitiva y representativa del estado de la psiquis.

Tengo que calmarme, mantener el control, se dijo, aunque sepa que no va a funcionar… debo intentarlo.

—Sucio —Freeze lanzaba una palabras para descomprimir—, estas muy sucio.

— ¿Yo sucio? —WAD se llevaba una mano al pecho— Te has embarcado en cada una de las misiones que la santa y purísima Agencia te ha encargado… ¿Y dices que estoy sucio? ¿Por qué no me hablas de ese hospital en Afganistán? A no ser que la sangre de niños purifique, claro.

—Eso fue un…

— ¿Daño colateral? —Al viejo se le marcaban las venas del cuello— Ustedes ponen rótulos a todo, clasifican al resto del planeta y ordenan las fichas a su antojo. Cuando se cansan, o alguien se mueve sin permiso… ¡BAM! Cae un Tomahawk y ¡vaya con Dios amigo! —WAD apretaba los puños— Pero eso, como muchas otras cosas, se va a terminar… ¿me sigues? ¿Recuerdas lo que te dije de los foráneos? Bueno, ellos van a hacer algo al respecto. Y hay más, ¿recuerdas el desierto? ¿Recuerdas lo que sucedió?

Freeze negaba con la cabeza y con el alma. Acababa de caer en cuenta de hacia dónde le llevaba el viejo y no estaba seguro de querer escuchar.

— ¡Yo los envié! —WAD gritaba, desbocado, mientras dibujaba grandes círculos en el aire— ¿No te cierra?

—Yo…

—Si escapaste de Crover y la ANS fue porque creímos que era la mejor manera de ayudarte y ayudarnos a llegar a tu familia. Pero no podíamos hacerlo muy adrede, la permanencia del plan depende de que seamos cautos —El viejo bajaba el tono de voz, de súbito, como si reflexionara en voz alta—. Al fin y al cabo los foráneos no son peores que ninguno de nosotros. Estuvieron muy de acuerdo en recompensarte por la niña… al menos ibas a conservar a tu mujer, estaban destinados a vivir como elegidos tras la colonización… pero tenías que hacer las cosas a tu manera, tenías que ser un soldado.

El silencio deseaba ser cortado por un disparo, lo pedía a gritos de nada, vibraba con la energía potencial del estruendo postergado.

—Pero si vas a disparar —WAD leía a Freeze sin problemas—. Entonces, mejor, dejemos que Walter te muestre su verdadera sonrisa.

 

*                  *                  *

 

Les había visto bajar de una camioneta negra, sin matrícula. Eran tres, fornidos y de la misma estatura. No corrían, pero se movían rápido, con las manos en los bolsillos de sus abrigos de paño gris. Y acababan de entrar por la puerta despintada del almacén.

Spencer aguardó unos instantes, desenfundó el arma y cruzó la calle, medio ahogado por los cuestionamientos que saltaban de entre las tablas que tapiaban las ventanas del edificio. Allí estaban, justo en medio del gran hall de entrada, mirando al piso, con las manos aún en los bolsillos. El agente llevó la vista a su pistola y de nuevo a la hendija entre las tablas, si esos tipos iban tras Freeze era seguro que iba a tener muchos, demasiados problemas.

Ahora, uno de ellos se agachaba. Buscaba algo con la mano derecha… ¿una manija? Aquello que levantaba parecía la puerta de entrada a un sótano, pero estaba demasiado oscuro como para distinguir los detalles. Lo cierto es que, de pronto, ya no estaban.

Mierda, se dijo Spencer, voy a tener que entrar.

CONTINÚA EL LUNES…

FERNANDO SILVA

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