Biofacto . Parte cuarta . Capítulo 29: Así termina la historia

Biofacto

Autor: Fernando Silva

/////////////////////////////////////////////

Parte cuarta:

La edad de oro del miedo

///////////////////////////////////////////

Capítulo 29. Asi termina la historia

«29.08.1985

Me ha costado conciliar el sueño. Estoy obsesionado con la idea de que nos van a encontrar. Que, de pronto, un helicóptero negro va a descender en la propiedad de mi amigo. Que nos van a matar… es que los he visto. No una, sino varias veces. Son aeronaves sin marcas ni códigos identificatorios que aparecen, hacen lo suyo y se van. Como cuando aparecieron en aquel campamento en Irak, para llevarse el cuerpo del suicida que me diera el código del Exogénesis: «Si decides seguir adelante deberás hacerlo desde el principio, contando de dos en dos, hasta llegar al sesenta».

Recuerdo haberlo estudiado por un año, más o menos. Leía y releía aquellos documentos secretos, los fundamentos mismos del proyecto Exobiologicum, pero nada saltaba a la luz. No he sido ni seré experto en códigos pero hacia la época en que ya me estaba dando por vencido fue que conocí a Heiki Bildt, un sueco enamorado de estos temas. Le costó bastante encontrar el patrón, pero de alguna manera me dio la piedra fundamental para romper con el secreto, y lo que encontré caló tan hondo que aún hoy sigo despertando en mitad de la noche con la fiebre que provoca saber la verdad.

Hablando de eso creo que podría recostarme junto a tu madre. Me arden los ojos y siento el cuerpo relajado. Mañana profundizaré en estos temas».

Alino levantó la mirada de los papeles en los que había impreso parte del diario de su padre. Algunos suspiros se levantaban de entre los asientos del avión; una turbulencia acababa de hacerles aferrar de los apoyabrazos. Pero Laina mantenía el sueño, apenas si refunfuñaba antes de acomodar la cabeza de nuevo sobre la almohada.

 

*                  *                  *

 

Pensar en Argentina era difícil. Por un lado se trataba de la tierra natal, la misma de sus padres. Por el otro, no dejaba de ser un lugar del que tenía —como mucho— vagas referencias. Alino lamentaba no haber investigado antes, en los tiempos en que el tiempo sobraba. Pero, de alguna manera, no era tan tarde. Llegar a su país significaba también la opción de conocer de primera mano su gente, su historia y sus vistas de futuro. Todo en medio de la travesía que suponía ahondar en el pasado, en esa otra historia que le tocaba buscar, aprender y atesorar: la propia.

El muchacho se acomodó en el asiento buscando imitar a su compañera. Ya con los ojos cerrados, las imágenes de las pocas cosas que había oído de su destino comenzaban a brotar y mezclarse en un collage deforme de inquietudes y breves certezas. Gloria y granos, la mejor carne del mundo, los mejores futbolistas, los peores embusteros, los políticos más grises y la migración del año dos mil uno… esa misma que le había acercado a algunos compatriotas que decidieran desembarcar en América del Norte. Pero no mucho más… quizás algo de tango. ¿Cómo se llamaban? ¿Piazzolla? ¿Goyeneche? Extraño que su madrastra hubiera insistido con escucharles hasta la muerte.

Alino abría los ojos mientras plegaba el ceño con severidad. Aquello no estaba funcionando, para nada. Quizás leer otro poco, sí, eso no le haría nada mal.

 

*                  *                  *

 

«31.08.1985

Lo estuve pensando ayer, todo el día; por eso salí a caminar por el campo. Pero por más que lo intente no puedo hacer encajar este rompecabezas, no del modo en que sé que se arma. Te habrá sucedido ya: sabes que algo es verdad, pero a la hora de explicarlo siempre falta algo… y lo peor es que eres conscientes de que ese eslabón está escondido en tu interior.

Como sea, lo intentaré. Espero ser claro y evitar los olvidos, pero debo ser mínimo y conciso si espero que comprendas la esencia de todo esto.

La historia que se narra en las primeras tres partes del Exogénesis es —ni más ni menos— todo lo que las religiones y los gobiernos han ocultado por siglos. Nuestros verdaderos Dioses, los padres de la humanidad, fueron viajeros foráneos. Y digo foráneos porque no eran de este mundo, lo que no significa que fueran de otro planeta. Bien podrían ser seres inter-dimensionales. Claro está que aún no se ha comprobado la existencia de las mismas pero estoy seguro que para cuando leas esto será de común conocimiento que ESTA realidad NO ES LA UNICA.  Y lo escribo con mayúsculas porque creo que es algo que debes recordar, incluso para aplicarlo en tu vida cotidiana. Las dimensiones, hijo, comienzan con nosotros mismos. Digamos que gracias a la percepción personal del mundo, y ante el mismo hecho, solemos ver cosas diferentes. Nuestra percepción, afectada por el aprendizaje en nuestras vidas, varía según cómo aprendimos a ver las cosas. Es así de simple y de confuso. Pero fue cuando lo comprendí que las cosas cuajaron por vez primera.

“Cada cual tiene un trip en el bocho, difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo” dice la letra de una canción muy popular en nuestro país. “Divide y vencerás” decía Julio César. ¿Notas la concordancia? Son como notas de una misma partitura porque, si cada uno de nosotros vive en su propia dimensión personal no ha de ser muy difícil dividirnos y vencernos. Y de allí, creo yo, sale todo esto de mantener las instituciones ambivalentes como las relacionadas a las creencias. Si todos supiéramos la verdad, si en determinado momento alguien hubiera dicho que no solo no estábamos volviendo más inteligentes e industriosos sino que eso era una respuesta a nuestro linaje… pues las cosas serían diferentes. El mundo sabría que los dioses antiguos eran entes biológicos foráneos, que no eran mágicos ni omnipresentes y que si alguna vez nos habían vigilado era por conveniencia propia.

Pero no. Fue mucho más importante mantener el merengue del desconcierto, de la división, de la falta de certezas relacionadas a ese pasado común del que bien saben las personas enquistadas en el poder mundial. Eso y el fanatismo por las deidades benéficas y bondadosas, mismas que hablan de la dignidad del pobre y del que da la otra mejilla. Así como Constantino necesitaba de una religión oficial, pacífica y oficial. Bueno, hoy sucede lo mismo. Solo que hay más variedad y por ende mejores resultados. Incluso buena parte de la ciencia viene a cumplir con el papel de represa en todas aquellas cosas donde las religiones hacen agua. Pero la idea es, sin duda, mantenernos por el cauce del río que los líderes del mundo han ideado para nosotros.

Y los documentos de Exobiologicum no solo contenían las bases del Exogénesis. Dentro del encriptamiento estaban señaladas las verdades entre todas las mentiras, las cuales ya te he señalado. Pero quedaba aquello de Ad astra per asperum o Al espacio por el camino difícil, si lo quieres así. Resulta que vine a comprender que la frase refería al programa Apolo y a los esfuerzos soviéticos por llegar a la Luna antes que los norteamericanos. Si uno piensa en que el primer contacto formal con los foráneos había sido entre los años treinta y cuarenta… pues que ha de preguntarse porqué se viajó en latas de sardina hasta la superficie selenita. La respuesta es simple y el mismísimo Von Braun lo dijo alguna vez: “recibimos colaboración de amigos foráneos”, o algo por el estilo. Lo cierto es que estos visitantes nos ayudaron a cumplir un objetivo con el que ya habíamos comenzado a trabajar, solo para demostrar su capacidad en contraste con la nuestra. No es secreta la grabación de la voz de un Neil Armstrong, muy excitado, hablando con el mando central de la NASA acerca de las “formas de vida” que estaba viendo en la Luna. No es secreta, ya lo dije, pero tampoco completa. En mis trabajos de investigación tuve la suerte de encontrar a un ex espía soviético, retirado y asentado en Siria. Este hombre tenía el audio completo, la prueba de lo que allí había sucedido, lo que también fuera la base de un pacto secreto que pasó a ser incluso más importante que la famosa Guerra Fría. Entonces, una buena parte de los presupuestos dedicados al espionaje fueron redireccionados a nuevas divisiones dependientes de otras divisiones cubiertas por el humo de las agencias de inteligencia y seguridad. La tensión no había cesado, pero los rusos estaban dispuestos a revelar aquella cinta —junto con algunas otras pruebas— si Estados Unidos se negaba a cooperar con ellos. ¿Cooperar? ¡Seguro! Ellos estaban pasando por lo mismo.

Pronto se vieron en el horizonte los variopintos potenciales de la asociación con los foráneos: tecnología, comprensión del universo, riquezas y la promesa de un nuevo orden mundial bajo la guía de los antiguos “dioses” pero con la garantía de que las altas castas serían EL poder ejecutivo. Sin embargo, y a ambos lados del océano, algunos comenzaron a sospechar que podría tratarse de algo más. Incluso, respetados científicos llegaron a insinuar la eventualidad de una colonización. Pero fueron callados de manera brutal, al menos del lado de Estados Unidos. Es que los americanos sabían trabajar en arenas movedizas, les había sucedido antes con el dichoso caso Roswell, o como suelo llamarle: la madre de las dualidades.

Para el año cuarenta y siete Roswell, Nuevo México, se había convertido en uno de los lugares más interesantes del planeta. Los únicos escuadrones de bombarderos preparados para soltar bombas nucleares estaban allí. También los nuevos prototipos militares, así como los cimientos de las operaciones con los foráneos. Y parece que semejante actividad atrajo las miradas del Kremlin que, preocupado por los embates de una eventual guerra nuclear, decidió mostrar un poco de la tecnología en la que venían trabajando. Una suerte de “cuidado, nosotros también estamos avanzados y somos peligrosos”.

Lo cierto es que el famoso platillo volante no era otra cosa que un vehículo experimental ruso en forma de ala delta con bordes redondeados. Algo muy parecido a lo que viera Kenneth Arnold unos meses antes. El ejército estadounidense lo había detectado, seguido y derribado. La historia, luego, fue tomando forma por sí misma. Jesse Marcel sabía que lo que tenía en manos no era normal ni común, menos que menos un globo meteorológico. Pero desconocía lo demás y esta ignorancia gestó —para el ejército— la piedra fundamental en la era del encubrimiento. ¿Qué mejor que seres extraterrestres para evitar hablar de naves rusas sobrevolando américa? ¿Qué mejor que platillos volantes para opacar la existencia de esos nuevos aviones que podían volar a miles de kilómetros la hora? ¿Qué mejor que un globo meteorológico para sembrar dudas y discordia acerca de lo anterior? Y entre tanto, los verdaderos foráneos seguían “compartiendo” sus conocimientos… no podía ser mejor. Incluso se llegó a utilizar la figura arquetípica del “maldito extraterrestre” a la hora de replicar los experimentos de Josef Menguele —sobre la población civil— y es así que comienza la verdadera bifurcación de esta historia. La maraña de secretos y agencias se había vuelto tan compleja y espesa que —sin que nadie lo imaginara— había reservado un hueco a los mismos que levantaran las voces alertando por la colonización. Corrían los primeros años setenta y algunos comenzaron a tomar estas actividades relacionadas al campo de la genética como una confirmación: los foráneos querían algo más que cooperar. Eran ellos los que estaban animando a las agencias de seguridad en las tareas de identificación, análisis y cruza de individuos. Pero nadie comprendía exactamente porqué ni para qué. En última instancia, los datos recopilados servían de mucho al remozado proyecto nazi del superhombre, devenido en supersoldado. Por lo que nadie, que yo sepa, preguntó nada. A no ser por aquellos que notaban una trama oscura, oculta y amenazante. No solo del lado americano, sino también del soviético.

Y aquí es donde aparecen los Serpo, o como me gusta llamarles: el servicio secreto foráneo. Ante la certeza de la existencia de una suerte de disidencia interna, los responsables del proyecto Exobiologicum —ya casi en su totalidad Biofacto—, decidieron alertar a los foráneos quienes decidieron traer a sus propios agentes de seguridad. Otra especie foránea, según tengo entendido, servil y consecuente. Ellos se encargaron de rastrear y eliminar científicos, militares y políticos relacionados a esa línea paralela. Nadie, en las altas esferas de poder, quería perder la oportunidad de instaurar el mentado nuevo orden mundial. Pero por más que lo intentaron solo lograron integrar aún más a los disidentes en el proyecto. Por lo que se, en mil novecientos setenta y dos (casualmente el año en que apareció el primer animal mutilado) el proyecto Biofacto se dividió en dos vertientes —principalmente aplicadas a la biotecnología—  que coexisten hasta el presente: la que busca operar en favor del nuevo orden mundial y la que busca desorquestar los planes de los foráneos, desde dentro, como un verdadero parásito intracelular.

Fueron los disidentes quienes insertaron toda la información en aquellos documentos que recibiera en Irak. Encriptaron los datos, como un seguro ante la eventualidad de quedar expuestos. Al final, lo último que dejan en claro es que, para los foráneos, esa línea de pensamiento de la que hablamos —Divide y vencerás— no es más que una antigüedad. Según lo que han descubierto, prefieren que estemos unidos, sin poder de escapatoria, bajo su control. ¿Cómo? Pues eso, hijo mío, es lo que nunca llegué a descubrir, lo que me quita el sueño, aquello por lo que he indagado hasta ganar un precio para mi cabeza. Solo queda rezar porque alguien aún este buscando respuestas, desde dentro o donde sea. Esa es la semilla de la resistencia, del futuro, la única esperanza frente a la inevitable colonización, al final de la historia».

 

*                  *                  *

 

Alino enrolló las hojas y las aplastó dentro de uno de los bolsillos de su bolso de mano. Se llevó los dedos a los ojos y dibujó el contorno de los párpados, siguiendo una línea imaginaria que marcaba los bombeos de dolor que le llegaban a la frente y resto de la cabeza. Pensó en una aspirina, dos, pero sus deseos no iban a fabricarlas de la nada. Claro que si quería reflexionar sobre lo leído antes de dormir… si quería dormir, primero debía librarse del pasmoso dolor de cabeza.

—Señor —La azafata acababa de aparecer en el pasillo y se dirigía directo hacia Alino, con los labios curvados—. A usted le hace falta una aspirina, o dos… ¿Las prefiere con agua?

— ¿Cómo? —Alino se enderezaba en el asiento, extrañado por la pregunta.

—No… —La azafata se mostraba pálida y desorientada— Disculpe señor, no se en que estaba pensando. ¿Qué fue lo que le dije?

Fernando Silva

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS



 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>