Biofacto . Parte tercera . Capítulo 21: Jornada del muerto

Biofacto

Autor: Fernando Silva

/////////////////////////////////////////////

Parte tercera:

Za chi

///////////////////////////////////////////

Capítulo 21. Jornada del muerto

Nueve cuadras de sangre, de olor a muerte fresca, recién llegada. Eso es lo que van a tener, lo único que van a ganar con esto. Parece que olvidaran que se están metiendo con el hijo de puta más afilado que han sabido tener en sus filas. El mismo que abrió paso en la guarida de Saddam, el que comandó las operaciones secretas en Croacia. No he temblado entonces, menos ahora que se trata de mi sangre… y es la de ellos la que va a ser derramada. Les toca, es hora de que paguen por creerse dueños del mundo.

 

*                  *                  *

 

Freeze se acarició la calva con los dedos de la mano izquierda. Con la derecha sujetaba un móvil, mantenía el pulgar sobre la tecla de llamada. Serían unos cinco segundos hasta que el evidente agente en la esquina de su casa diera la vuelta para volver a caminar hacia el semáforo.

—Ahora… —La orden de Freeze llegaba al instante al móvil de Petrov, que hacía señas a Dimitri. Era momento de entrar en acción.

Dos hombres de aspecto duro como el concreto bajaron de sendos automóviles en mitad de la cuadra anterior. Debían darse prisa, los agentes de la ANS ya habían visto a Freeze. Era lo que esperaban, lo que necesitaban para llevarles donde querían, tomarles por sorpresa.

—Camarada —Petrov acababa de devolver la llamada—, mis hombres se acercan a los agentes que te siguen. Ya no debes preocuparte por ellos.

Freeze apuraba el paso, estaba a menos de veinte metros de su familia y Dimitri llegaría de un momento a otro, en ese viejo Dodge negro que debía estrellar contra los autos aparcados en la esquina. Cada metro le acercaba al agente, la capucha de su chaqueta le ayudaba a mantenerse algo cubierto, pero el empleado de la ANS no iba a dejar pasar su rostro; estaba entrenado para detectar las facciones del fugitivo de turno entre un gentío y Freeze caminaba solo. Cinco metros y el tipo le miraba fijo, cuando una frenada y un golpe seco le desviaron la atención. Freeze levantó entonces la mirada, en el momento en que el agente salía a la carrera para ver lo que pasaba. Dimitri ya bajaba, mareado, del Dodge. Se tomaba la cabeza y hacía señas hacia el coche, mientras otros cuatro rusos se acercaban vociferando, como si tuvieran algo que ver con el automóvil estacionado.

 

*                  *                  *

 

—O no eres agente del Mosad o les entrenan para enfrentar niños.

—Ex agente —Avi apenas podía girar la cabeza con las manos en la nuca—. Creo que eso también se los había dicho.

—No creo que un ex agente del servicio secreto más famoso ande diciendo por ahí cuál era su trabajo anterior a… ¿mercenario? —Laina arrojaba un par de esposas a Hildebrandt— Mejor ponte eso que ya me quiero ir.

El hombre aceptó de mala gana, más porque sabía que podría soltarse en cualquier momento y no le gustaba la idea de golpear a la chica. Es que, incluso, acababa de generarle cierta idea de respeto; no cualquiera le tomaba por sorpresa y le reducía al nivel de tonto matón descuidado.

—Con esto te quedarás quieto —Laina agregaba un precinto plástico a las esposas, ante la mirada de asombro de Avi—. Ahora a caminar.

Laina cargó el contenedor de la muestra en el bolso y este en la espalda, sin dejar de apuntar a Avi. Hizo señas con el cañón y emprendieron el camino por el largo pasillo que hacía a las veces de entrada y salida.

— ¿Ya lo tenías planeado? —Avi hablaba bajo— Digo, porque pareces muy preparada.

—Hace rato que he aprendido a confiar en nadie —Laina daba un empujón a su prisionero—. ¿Nos apuramos?

—Todavía no llegan, tienes una ventana de unos diez minutos.

— ¿Y ahora me lo dices?

—Digamos que te has ganado la posibilidad de escapar, es una cuestión de honor, muy particular —Avi llevaba la cabeza hacia delante—. Pero debes saber que no está sencillo el panorama para ustedes. No mientras sigan luchando para el bando equivocado.

—Nosotros no luchamos… y menos para un bando.

—Ninguna acción es completamente apolítica o se lleva por fuera de cuestiones más grandes. Quizás no lo sepan pero están trabajando para la perdición de la especie. El fin del mundo como lo conocemos.

—Deja las estupideces para otro momento.

—Hablo muy en serio. Queda poco menos de dos años para la llegada de los que nos van a doblegar definitivamente, y por algo es que les persiguen.

— ¡Ustedes nos persiguen! —Laina asestaba una patada a Hildebrandt en medio de la espalda que le hacía caer de cara a piso— Ya te he dicho que no soy idiota. ¡Dímelo ahora o date por muerto!

— ¿Qué…? —Avi escupía tierra y sangre— No sé qué quieres.

— ¿Quiénes son los hombres de gris? ¿Qué haces con ellos?

—En la Agencia los conocen como Oficiales Serpo, vienen de otro lugar, Zeta Retículi según escuché. Y están aquí para ayudarnos a pasar este trance, ni más ni menos.

— ¿De qué trance hablas?

—El dos mil doce… si tu novio no se entrega, digamos que ese va a ser el año en que se termine la fiesta. Esa es la verdad, y es una mierda ¿no?

 

*                  *                  *

 

—La vida es una droga, al menos un sedante. Esto que llamamos consciencia no es más que un colchón que ataja los embates de la cruda verdad —Eduardo movía su taza de té en círculos—. Cuando pruebas las cosas que usan los chamanes para hacer viajes astrales es que te das cuenta. Alino, esta no es la realidad, es una suave mirada al infierno.

—No te sigo.

—Eso que tienes en las manos es la prueba de que todo lo que sabemos es irreal, un invento —Luz daba un sorbo a su té—. El señor que se levanta en la mañana, elije un pantalón y sale a la calle a conducir un autobús sabe que su día de trabajo ronda las ocho horas, que luego cenará y volverá a dormir. Pero está lejos de ser lo real. La pura verdad es que forma parte de un sistema que le chupa la vida, los sueños, los dones naturales… en beneficio propio. En este punto la vida cotidiana es un escape o una búsqueda de evasión. La chica linda que sube siempre en la parada del centro, el programa de concursos en la TV, todo parte de lo enajenado de nuestras vidas. Pero nada trascendente, hasta que aparecen los hijos, claro. En el momento en que uno se convierte en padre es que se pregunta qué será de esa criatura. Este mundo en el que le toca vivir… pero bueno, el tiempo pasa y esas emociones se olvidan, se dejan de lado. La mayor parte de la gente opta por evitarlo.

—Pero hay otros que no, que miran de frente a lo que venga.

—Claro, como tu padre y yo mismo incluso. Teníamos dos formas diferentes de ver el mismo problema, pero nos respetábamos porque sabíamos lo mismo —Luz esbozaba una sonrisa—. Recuerdo que en mis primeros contactos con los Hermanos Celestiales no sabía que creer. Nos juntábamos con un grupo de amigos y partíamos al desierto, a un lugar que llaman Jornada del Muerto. Allí nos preparábamos para el contacto, intentábamos ser una especie de antena viva, para que puedas comprenderlo. Claro que no había sido mi idea, Ellos —Eduardo señalaba hacia arriba— me dijeron que era el modo de ponernos en contacto de una forma más seria. Con el tiempo nos fueron transmitiendo sus planes de iluminación y también parte de la historia primitiva del hombre, donde otros foráneos tuvieron que ver con nuestra aparición. Como prueba me indicaron un lugar no muy lejano donde debería excavar y… bueno, el resultado está en tus manos.

— ¿Y dices que esto tiene el genoma humano tallado?

—Sí, es matemática pura. No es un idioma en particular sino símbolos que no pueden significar otra cosa.

— ¿Y este símbolo? —Alino señalaba el círculo dentro del cuadro— Parece estar aparte del resto.

—Ese, Alino, es el símbolo perfecto de la creación. Es el sello de los verdaderos dioses, de los seres que nos crearon.

 

 

*                  *                  *

 

Había estado a punto de permitir que se le llenen los ojos de lágrimas, pero hubiera sido una debilidad, un tiempo que no se podía tomar. Freeze miraba a su mujer a sabiendas de que tenían todas las de perder. No solo le estaba costando manejarse con frialdad en todo el asunto de sacarles de allí. Conocía de memoria la velocidad de respuesta de sus ex compañeros y sabía que tendrían muy pocas chances de dejar la ciudad. Y quedarse no era una opción, para esconderse de esa gente era necesario contar con una infraestructura de la que siquiera los mafiosos disponían. A sus ojos, estaban todos condenados, pero eso tampoco significaba un cambio en la situación. Al menos había que jugar esas pocas cartas que quedaban sobre la mesa.

— ¡Dios! ¡Me dijeron que estabas internado! —Lima, la mujer de Freeze, corrió hacia su marido— Quise verte pero no me dejaron…

—No estuve internado Lima, pero no hay tiempo para explicar nada —Freeze le separaba para mirarle a los ojos—. Estamos, todos, en peligro y voy a sacarlas de aquí.

—No entiendo…

— ¡Vamos mujer! ¿Dónde está Clara?

—Aquí papá —Una pequeña que no llegaba a la decena de años bajaba la escalera con los brazos abiertos.

—Te extrañamos —Lima sollozaba.

—Y yo a ustedes, pero estoy intentando sacarles de la ciudad. Luego nos pondremos al día.

— ¿Qué es eso? —Clara señalaba hacia la puerta de la cocina— Hay un hombre allí.

 

*                  *                  *

 

Laina corría. Su instinto de supervivencia le pedía velocidad y un lugar para esconderse. Su psiquis, en reversa, intentaba organizar lo vivido en aquellas veinte semanas. Pero adentro estaba todo más oscuro que afuera. La calle, al menos, contaba con el alumbrado público.

Oficiales Serpo… esos eran los hombres de gris, los mismos que les perseguían, los mismos que contaban con disidentes en sus filas. Y estos estaban tan comprometidos con su causa como para morir por ella. Claro que había que ver cuál era aquella causa y, en definitiva, tampoco se podía especular demasiado acerca de la lógica de una entidad biológica extraterrestre. ¿Extraterrestres? ¡Aquello rayaba lo estúpido! Y sin embargo ya no podía negar esa realidad. ¿Y si los disidentes solo les habían ayudado por conveniencia? ¿Y si en esa bizarra genética de Alino se escondía la salvación de la especie? ¿O un arma biotecnológica? Quizás, el chico bonito era una bomba a punto de estallar. El Adán del jardín de la perdición, el Omega caminando entre la gente. La única manera de saberlo era terminar de leer el bendito diario, eso y buscar al tipo que había experimentado con Alino. ¡Pero claro! ¿Y si ese gobierno paralelo había estado buscando la forma de defenderse ante una eventual crisis? WAD seguro sabía más de lo que había dicho, ya no quedaban dudas. Ahora restaba descubrir por cuenta propia lo que escondía. Pero primero lo primero: llamar a Alino, decirle lo que acababa de pasar e ir a su encuentro.

— ¡Dios! ¡Necesito un escocés ahora mismo! Pero… ¡No! —Laina se tapaba la boca para no volver a decir ni una palabra. Solo rezaba por que los Serpo que acababan de doblar la esquina no la hubieran visto. Pero eso, era demasiado pedir.

 

*                  *                  *

 

Freeze sabía que un disparo era lo peor que podía escuchar, no tanto por el destino de la bala como el del sonido. Aquello acabaría con una alerta masiva que cerraría la ciudad en minutos.

—Mejor bajas el arma Frederick —Freeze no podía pensar en el joven como en aquel novato que sabía que era—. No voy a titubear en matarte, mi familia depende de eso.

—Señor… —Frederick tragaba saliva dos o tres veces antes de volver a articular palabra— No puedo hacerlo, usted me lo enseño.

—Solo olvida el entrenamiento por un segundo y utiliza el sentido común. Si fuera el terrorista desalmado que dicen… ¿Volvería por mi familia?

—No debo escucharlo, lo sabe —el muchacho sudaba y temblaba, pero no bajaba el arma—. Mejor se entrega, nada malo va a pasarle.

— ¿Nada malo como Guantánamo? —Freeze notaba una sombra, que se movía despacio, tras el vidrio esfumado de la puerta de la cocina— ¡Fred! No puedo permitir que se nos traten como si fuéramos traidores.

—Usted se lo ha buscado… además —Frederick de pronto tomaba una postura más calma, fruncía el ceño—, ¿recuerda cuando me entrenaba? ¿Las veces que me golpeó en los riñones? Alguna vez le dije que me lo iba a cobrar y hablaba en serio —el muchacho volvía a perder la compostura—. El único que me pegaba así era mi padre, hasta que lo maté.

 

*                  *                  *

 

— ¡No! —El grito de Freeze era ahogado por un gemido y el golpe de un cuerpo contra el piso de madera del comedor.

—Me pregunto por qué prefieren ustedes a estos jóvenes acomplejados —La sombra tras la puerta acababa de convertirse en Petrov y su mano derecha en un cuchillo incrustado en la nuca de Frederick.

—No quería matarlo…

—Él no sentía lo mismo por ti —Petrov sonreía, doblando esa cara tosca, llena de agujeros—. Mejor buscas a los tuyos y salimos por la puerta del frente. Dimitri acaba de dejar unos cuerpos en la calle y eso…

— ¡Maldición! –Freeze corría a la ventana del frente para ver el tendal sobre el asfalto— ¡Ya estará llegando la primera ola de refuerzos!

Y de pronto los sonidos de la cuadra morían aplastados bajo los estruendos de las metralletas. La calle se convertía en un pandemonio, y eso significaba que el tiempo se había terminado.

— ¡Por atrás! —Petrov movía el brazo izquierdo en dirección al patio— Y haz que tu mujer se calle. Me pone nervioso.

Freeze tomó a Lima del brazo y cargó a la niña. La única salida se había reducido a la peor. Pasar por los patios de los vecinos era la acción más imprudente. Si por algún lugar los esperarían sería por ese.

—Podemos entrar a una de estas casas y tomar rehenes.

—Ni lo sueñes Petrov. Eso sería clavar todos los clavos del cajón.

— ¿Por qué todo esto? —Lima volvía a gritar— ¿Y quién es este?

—Te dije que te calles.

— ¡Pero nos van a matar! ¡Y hay un muerto en la cocina!

Petrov meneaba la cabeza al tiempo que se asomaba por sobre una cerca de madera.

— ¡Mira eso Freeze!

— ¿Una camioneta de la telefónica?

—No sé de dónde ha salido… pero por la Madre Rusia que cayó del cielo.

 

*                  *                  *

 

—Ellos me dijeron como te verías —Luz dejaba la taza de té en una mesa ratona—. Claro que ese encuentro en medio de la calle… fue como caído del cielo.

— ¿Y quiénes son Ellos?

—Ya te lo he dicho, los Hermanos Mayores de la humanidad.

— ¿Otra humanidad? ¿Más desarrollados?

—En espíritu, sí.

— ¿De dónde vienen?

—No lo sé exactamente, lo que sí sé es que son hijos del mismo creador.

— ¿Quieres decir de los mismos que dictaron esto? —Alino movía el metal delante de sus ojos.

—Claro. Solo que el camino hacia la elevación final lo han comenzado mucho antes.

— ¿Y qué elevación es esa?

—Lamento decir que escapa a nuestra comprensión.

—Ya veo.

Eduardo arqueaba las cejas y tiraba el cuello hacia delante.

—Ya veo porqué mi padre decidió seguir su propio camino —Alino completaba la frase mientras se ponía de pié—. Nadie garantiza que estos Hermanos vengan en son de paz, siquiera que sepan lo que es eso. Es lo mismo que dije antes de venir, puede que estén utilizando este medio para hallarme.

—Sí, lo hacen, y es lo mejor que nos podría haber pasado. ¡Estamos salvados!

— ¿Salvados? —La mueca de Alino asemejaba el dolor más cándido— A ti te han tomado por estúpido. Yo soy un tipo común, es más, un verdadero perdedor. No tengo nada de especial ni diferente.

—Eso es lo que crees Alino, o es lo que prefieres. Pero no es la verdad. Siquiera tú sabes el potencial… y está bien que así sea. Era la única forma de proteger el futuro. Tu semilla, la herramienta de salvación de ese futuro lejano que esta por llegar.

FERNANDO SILVA

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>