Como cada semana hoy miércoles comparto el adelanto del proóximo capítulo de Biofacto. Y el vigésimo viene bastante movidito. Los nuevos caminos comienzan a develar sus huellas y nuestros personajes se mueven en direcciones que, a primera vista, pueden separarles…
El adelanto (y arriba un wallpaper):
«Laina, encontré a un hombre que conoció a mi padre. Voy a ir a su casa, no sé si vuelva esta noche. Cualquier cosa que necesitas me envías un mensaje encriptado como éste».
Laina quería lanzar el móvil contra la pared que tenía justo enfrente, pero no pasó de apretarle con fuerza, hasta hacerle rechinar la carcasa plástica. ¿De dónde había salido este hombre? ¿Era verdad o se había encontrado con la empleada de la estación de servicio? ¿Era posible que Alino no notara su simpatía por él? ¿Qué decidiera tener una aventura con la primera chica fácil que se le cruzara? Quizás estoy demasiado segura de mi atractivo, se dijo mirando al piso. Puede ser que incluso no haya notado mis guiños, o que a pesar de todo me he quedado a su lado.
Laina se llevó las manos al pelo y lo recogió para atarlo sobre la cabeza con un pañuelo. Buscaba, al mismo tiempo, razones para descreer de sus cavilaciones. Al fin y al cabo Alino no parecía muy inclinado al lado libidinoso del hombre común; en realidad distaba bastante del hombre común. Su marcado desprecio por el fútbol, las comidas familiares y las costumbres correctamente políticas le posicionaban en la periferia del camino de cualquier chica decente, justo donde ella encontraba a la gente realmente atractiva. Además, no tenía por qué mentirle, quizá realmente se había encontrado con alguien y en el fondo esperaba que fuera una chica… eso de hallar de la nada a un tipo que dice haber conocido al padre sonaba raro, tirado de los pelos, tanto como para sospechar peligro.
* * *
—Esto es un peligro —Un hombre de guardapolvo blanco acababa de pronunciar aquellas palabras al oído del agente Spencer y entraba ahora en una habitación, haciendo señas.
¿Qué le pasa a González?, se preguntó Spencer mientras llevaba ambas manos a las narices. Parece bastante alterado.
—No puedes enviarme estas cosas Spencer, me comprometes demasiado —González, que había esperado a que Spencer cierre la puerta, tomaba unas carpetas y las aventaba con fuerza sobre un escritorio de madera.
—Un saludo hubiera estado bien González.
—No debería haberte saludado Spencer… pero dale gracias a Dios de que te debo un par de favores.
—Sí que me los debes —Spencer se acomodaba en una silla y cruzaba las piernas—. Ahora dime porqué estas tan alterado.
—Lo que has enviado Spencer… ¿Olvidas que estamos en medio de una base militar? ¿Estás loco?
— ¿Loco? Pensé que Cuántico era el centro de análisis de pruebas forenses más afamado —Spencer sonaba irónico—. Es más, pensé que dependía del FBI… justo donde trabajo.
—O no sabes nada de nada o estas totalmente loco —González seguía rondando en lo mismo—. Pero tengo familia, no puedo darme el lujo…
— ¿El lujo de qué? —Spencer interrumpía elevando bastante el tono— Ahora vas a decirme que pasa con esas muestras.
— ¿De dónde las sacaste?
—Lo encontré colgando de las narices de unos cadáveres en el desierto de Nevada.
— ¡Dios! —González se llevaba una mano a la boca mientras que con la otra buscaba apoyo en el escritorio— ¡Esto no está pasando! ¡Esto no está pasando!
FERNANDO SILVA
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