Biofacto
Autor: Fernando Silva
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Parte tercera:
Za chi
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Capítulo 17. Imaginarium
¿Qué es esto? Aquí no hay nada, solo veo oscuridad. Aunque, lo sé, allí detrás están las voces. Si, las mismas que hacía rato no me llamaban por el nombre. Puedo… ¡Puedo oírles! ¡Sí! Crecen como un zumbido hasta revelarse en avalancha. ¡Me golpean! ¡Intentan doblegarme! Y siguen llamándome desde la oscuridad.
¿Qué quieren? ¿Acaso no se han dado cuenta de que ya les he olvidado? No tienen ningún derecho a aparecerse así, después de tanto tiempo. Sí, lo sé, muchas veces me ayudaron en eso de mantener la cordura pero ahora es diferente; estoy armando mi pasado para conseguirme una vida. ¿Que si estoy dispuesto a vivir la vida que me toca? ¿Y quién dijo que me tocaba qué…? Nadie puede decidirlo, no hay tal cosa como el destino, eso no existe; el camino los hacemos nosotros y no todos deseamos que sea dorado. ¡Dejen de llamarme carajo! O muestren la cara por una vez.
¿Y qué haces tú aquí? ¿No alcanza con haberme destrozado la infancia? La maldita historia trillada de la madre adoptiva de mierda. ¿Lloras? ¿En alemán? ¡Vamos…! ¿Cuantas veces debo decirte que no entiendo el alemán? ¿Y ahora? ¡Tienes la cara de uno de esos…! ¿Eres una mujer de gris? ¡No! ¡No quiero escucharte en ningún idioma! ¡No quiero saber lo que tienes para decir! Solo quiero a mi padre, a mi madre… solo quiero un poco de paz.
* * *
Fue un sueño, solo un sueño, aunque no sirva de consuelo. Menos mal que sigue dormida, no me hubiera gustado molestarle otra vez con estas cosas. Tampoco me hubiera gustado tener que decirle como fue… el sueño, mi infancia. Con lo que sabe está bien y con lo que estamos descubriendo digamos que sobra. Si, parece que cada paso nos lleva un poco más cerca de la verdad, mi verdad. Aunque lo que me quema es que esa verdad puede que este emparentada a algo mucho más grande, algo que apenas comienzo a comprender.
Y ella sigue aquí. Contra todo pronóstico, ella sigue aquí. No hay nada dicho, nada a lo que aferrarse y sin embargo hace cualquier cosa menos moverse de mi lado. ¡Claro que no deja de sorprenderme…! es como si nos conociéramos de antes, de toda la eternidad. ¿Y si fuera verdad? ¿Y si las almas realmente encarnan y se reencuentran vida tras vida conectadas por el karma o lo que sea? Es raro pensar en ella como mi padre, o mi mejor enemigo en otra vida.
Pero Alino, tu no crees en esas cosas.
Pero Alino, debes considerar la posibilidad de lo extraño; de algún modo se apodera de tu vida, día a día, no lo puedes negar.
Es que de allí a la reencarnación, las conexiones espirituales…
Alino ¿Crees en algo?
Sí, creo en mí.
* * *
¿Puedo creer en lo que han visto mis ojos? ¿Y si estoy perdiendo la cordura? Esas sombras, eran eso: sombras caminando por el desierto. ¿Tiene acaso algún sentido? ¿Alguna lógica? La verdad es que no he podido moverme hasta el amanecer. Recién cuando el sol volvió a iluminar el desierto fue que me sentí seguro de hacer algún movimiento. ¿Será este el terror a lo desconocido? Siempre me pregunté cómo se sentiría ser uno de esos civiles que se quedan aferrados a las paredes mientras ven como el edificio se les viene encima, sin hacer nada más que gritar. Es que nunca me había paralizado, nunca había sentido nada igual. Y he visto cosas extrañas, fuera de la media de lo normal. Pero nada como esto, siquiera un oficial Serpo con esa sangre pastosa puede igualarle. ¿Entidades biológicas extraterrestres? ¿Soldados optimizados por ingeniería genética? Siempre me lo pregunté pero nunca me quitó el sueño, es que estaba dentro de lo previsto, era parte de lo que me tocaba hacer todos los días. Pero esas luces, esos hombres, todos con el mismo rostro y ahora esto: el aterrizaje de un artefacto demasiado anormal que deja salir un grupo de sombras con forma de hombre… ¡Dios! ¿Acaso hay algo en lo que pueda creer? Y más sabiendo que mi familia está justo en medio. Debo llegar a ellos, debo caminar rápido y llevarles donde no nos encuentren ya nunca más.
¿Seré capaz de hacerlo?
Pero lo primero es caminar, si, paso a paso. Tarde o temprano he de llegar.
* * *
A lo lejos suena una alarma. Un infinito bucle de molestias gracias a que alguien no se preocupa en desactivarla. Podría ir por un cigarrillo pero no quiero que sepa que estoy despierta. Ha vuelto a saltar en la cama, creo que esta agitado, sin dudas algo le pasa. Pero no le voy a preguntar, hay cosas que deben quedar dentro y madurar hasta el instante correcto. Ha veces explotan como una pústula y manchan de infección a todos los que esperan… otras, mueren presas de la razón.
Como sea esta almohada esta dura, extraño mi cama, mi enorme cama y mis sábanas de algodón sin pelotitas. Pero es lo que hay niña, ni más ni menos, y a esta altura deberías estar agradecida. Con el tinte del agua que va pasando bajo el puente tiene suerte de estar viva… y la compañía no es mala, quizás lo contrario. Solo que sería bueno poder ayudarle, no tanto en investigar, sino en liberarse un poco. Bajo esa actitud a veces apabullante, a veces autista, hay un hombre que desespera por encontrarse con la parte común de su persona. El que hurga en las narices viendo una carrera, el que toma una cerveza helada al sol del mediodía o el que invita a una dama a pasar una noche encendida, sin pesadillas ni saltos en la cama.
* * *
Esta amaneciendo. Podría llamarla e invitarle a desayunar en algún lugar bonito. ¿Pensaría que intento seducirle? Quizás, y tal vez lo esté esperando. Quizás espere un abrazo, que le acaricie el pelo… pero podría tomarlo a mal. Podría sacarme a patadas y luego estaría una semana remontando la situación. Claro que es más fácil sabiendo que, de todos modos, no se va a marchar. Pero no es el caso. Nunca he sido un lanzado y no pienso empezar ahora, por más presionado que esté, por más que mi cabeza me pida un descanso; no es la manera. No debo dejar que este cortocircuito me aleje de mí mismo, no. Mejor me tapo los ojos con la almohada e intento dormir otro poco. En unas horas tendremos los resultados de mis análisis y…
—Laina… ¿te gustaría salir a desayunar?
* * *
Me muero de hambre. No he comido un bocado en días, solo agua y algo de café quemado. Ni hablar de un baño.
¿Por qué no aceptaste las galletas de la anciana? No iban a hacerte mal. Y mírate ahora, buscando algún cactus comestible, de esos que saben espantosos. Tengo que cambiar esta inútil obstinación, me lo he dicho por años pero creo que es el momento. Ya no me queda pelo en la cabeza, trabajo ni posición social. ¡Admítelo! ¡Eres un calvo fugitivo! ¡Escapas de la gente con la que trabajabas! Y sueñas con salvar a tu familia… y ni siquiera sabes bien de qué. ¡Pero si de quien! ¡O quienes!
¡Oh sí! Al fin un cactus… solo es cuestión de sacarle las espinas, cortarle en rodajas y ya está. Bendita abominación, sabe a mierda pero sirve. Mejor te guardas unos trozos en la mochila y sigues andando, esos helicópteros negros podrían aparecer en cualquier momento, sabes que es así. Para colmo aquí no hay como esconderse. Por suerte te quedan unas tres horas de camino hasta la interestatal, ¡qué suerte! Mejor apurar los trámites.
* * *
Un desayuno en el exterior, ¡vaya cambio! Debo de haberle subestimado o es que la pesadilla de anoche estaba relacionada al café barato que tenemos en el laboratorio. Como sea es bueno salir un poco, por más arriesgado que sea, lo necesitaba. Además, nadie dice que no se necesiten un par de cabos sueltos en la vida para sentir la sangre en las venas. Podrían vernos esos tipos de gris, o ese tal Avi que nunca terminamos de entender que era lo que hacía. Pero por lo pronto prefiero hundirme en este café y sus aromas. No es el mejor pero tampoco es tan malo y, considerando todo, es fantástico. Casi tanto como ver al chico lindo un poco más comunicativo, más desenvuelto, casi como que interesado en lo que me suceda.
Allí está, vuelve del baño. No había notado esa manera peculiar de caminar. Sí, arrastra un poco el pie izquierdo, es como un mínimo bamboleo. ¿Será que tuvo algún accidente? Bueno, pero vamos, que el accidente lo vas a tener tú niña si no dejas de mirarle con esa cara de boba. Él también te mira más o menos así… ¿O es que es lo que quieres ver?
Bien, ahora habla con la chica del mostrador. Ella le mira risueña, demasiado para mi gusto. Pero no pasa nada Laina ¿Acaso ya necesitas el primer cigarrillo del día? ¿Por eso estas tan nerviosa? Sabes que eso te va a matar, sabes que debes dejarlo y que no es buena idea encender uno en la gasolinera. Es casi tan malo como lo que puede estar esperando en el laboratorio. A ver, le puedes decir ahora que los resultados preliminares han sido bastante extraños, que su ADN parece propiciar una supresión de la encima CdK5, que te gustaría monitorear su actividad cerebral, que sus genes basura parecen estar funcionando; no todos pero si unos cuantos. ¿Y por qué ha de ser malo? Es diferente, nada más. Más humano que un humano.
Ya viene, ahora me toca a mí ir al baño.
* * *
Parece feliz, un poco alterada, pero feliz. Creo que no le veía sonreír así desde… creo que no le había visto tan risueña. Solo charlas banales: el clima, su cabello, el tema de Joy Division en la radio, el sabor del café y esa pareja que está sentada justo enfrente. Podríamos ser ellos, si, tomándonos las manos y pensando solo en el otro. Aunque de algún modo lo hagamos, porque se nota que nos importamos. Sea una amistad o algo más, es bueno saber que no se está solo. Sobre todo viendo tanta gente ir y venir.
¡Amo las estaciones de servicio! Cuantas historias, cuanto caos, muchas casualidades, encuentros y desencuentros, todos pasando por el mismo lugar, todos con el norte en algún punto del mapa. ¿Cuántas historias sabrosas habrán escuchado estos empleados? ¿Alguna será parecida a la nuestra? Y lo dudo, es difícil combinar extraterrestres, conspiraciones, hombres vestidos de gris, biotecnología y círculos dentro de cuadros. Como ese, en la camioneta. ¿Qué dice? ¿Biológica Moreno? ¿Qué mierda es eso?
Vamos de nuevo: un círculo dentro de un cuadro como logotipo y la empresa se llama Biológica Moreno. No, no te pongas de pie, solo anota la dirección y el teléfono. Pero… parece que le acompaña ese camión cisterna. Todo blanco, sin una sola inscripción, solo el logotipo.
—Una consulta por favor —Alino hacía señas a la chica del mostrador— ¿Esa camioneta es de una empresa local?
—Sí, es una empresa médica. Creo que hacen vacunas o algo por el estilo. Mi primo trabaja con ellos… ¿Estás buscando empleo?
—No… —Alino lo pensaba un par de veces mientras se acercaba al mostrador— O quizás sí. ¿Sabes de alguna vacante? Soy especialista en sistemas.
— ¡Bingo gringo! Estas sí que son casualidades.
* * *
Este calor, el sol, la arena, el cactus… ¡Dios! Esto me está haciendo mal. ¿Será esto lo que sienten los refugiados de guerra al escapar despavoridos? Toda esa gente en Afganistán, ¡todo lo que deben haber sufrido! Y recuerdo que les miraba desde los camiones al pasar. Me sentía mal por lo que estábamos haciendo allí, pero no por ellos. Nunca nadie me enseñó a pensar en ellos y ahora siento como si estuvieran aquí, caminando a mi lado, riendo de verme en esta miseria. Es como si me tomaran de las espaldas y empujaran hacia abajo. Y no puedo culparlos, en su lugar haría lo mismo.
¡Deja de divagar! ¡Tienes que controlarte! Mantente entero Freeze, ya falta poco para la carretera. Es más, aquel brillo, eso debe ser un coche o una camioneta y a la velocidad que va es seguro que pisa el asfalto. ¡Estas llegando amigo! ¡Deja que esa sonrisa se dibuje! ¡Vamos! ¡Corre un poco que para esto te has reservado! Sí, eso es un motor. ¡Qué hermoso ruido! Ya estás en camino de llevarte a los tuyos bien lejos, no has pensado en cómo lo harás sin que te atrapen pero algo se te ocurrirá. Siempre solucionas estas cosas.
¡Otro motor! Pero este viene… ¡Viene de atrás! ¡Y de arriba! Madre de Dios, esa sombra que se acerca es un helicóptero. ¡No corras! ¡Ocúltate Freeze! ¡Tú sabes cómo hacerlo!
* * *
— ¿Te dio su teléfono? —Laina terminaba el café de un trago tras mirar de reojo el papel que Alino guardaba en su bolso.
—No, el de su hermano —Alino levantaba ambas cejas seguro de notar algo hostil en el tono de Laina.
—Sí, claro… —Laina se levantaba de la silla y tomaba la cartera— Por eso reían.
— ¿Te molesta? —Alino comenzaba a reír— ¿Estas celosa?
— ¡Celos! —Laina fingía un ataque de ira cuestión de justificar el rojo en sus pómulos— Eres un idiota, tan necio como para olvidar que tenemos que mantener el anonimato ante la primera pollera que se presenta.
—Bueno… es que todo tiene un porqué.
—Vamos Alino, quiero volver al laboratorio a ver si me tomo un café decente, no como esta porquería que me invitaste —Laina ya salí por la puerta cuando se volvió con un brazo en alto—. Y cómprame unos cigarrillos que ayer se me acabaron… así de paso podrás volver a hablar con tu nueva amiguita.
Fernando Silva
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Sicodelica la instrospección… y celosa Laina, jajajaja! Buen capítulo, Fercho! Abrazo.
Curioso capítulo. Me encanta cómo lo montaste. Cada quien pensando, imaginando. Y Freeze en un buen aprieto.
Saludos!