Biofacto . Parte tercera . Capítulo 17: Helicópteros negros [parte 2]

Lo prometido es deuda. Hoy martes 29 se edita la segunda parte del capítulo 17: Helicópteros negros.

Freeze sigue buscando la manera de llegar a su familia, lo más rápido posible y Laina y Alino buscan los nombres de los responsables de los experimentos en los supuestos “niños de los terroristas”. Robert Patrick, ese el nombre que se repite en diferentes lugares, casi al mismo tiempo.

A continuación la segunda parte del capítulo 17:

Biofacto

Autor: Fernando Silva

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Parte tercera:

Za chi

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Capítulo 17. Helicópteros negros [Parte 2]

Una ventana. Una ventana de bodes redondeados; y con algo pegado en el vidrio… ¿lo que queda de un insecto? Y ese olor, ese olor y ese aire pastoso, usado. Freeze sabía que no estaba en su cama, tampoco de servicio. En aquellos instantes le costaba reconocer la situación, su situación; así que buscaba el arma pero a cambio se encontraba desnudo. Sin ropas y tendido en un catre, junto a una ventana ajena, mirando a la noche.

—Al fin despiertas —una voz le llegaba de entre las sombras—. Parece que la has pasado mal niño. No hagas caso a mi marido, se hace el duro pero está preocupado por ti. Nosotros vimos cuando te dejaban allí, en el desierto.

—¿Dónde estoy?

— ¡Vaya! Parece que no recuerdas mucho —La voz cambiaba ahora de posición y Freeze veía como una sombra abultada se movía hacia atrás—. Pero es comprensible.

—Disculpe señora pero no tengo demasiada paciencia, menos tiempo —Freeze sonaba irritado—. Solo le pido que encienda la luz y me alcance la ropa.

—Bueno —La luz llegaba para ofrecer la imagen de una anciana de pelo rojizo—. Pero primero vas a comer algo.

—Agua.

—Sí, hoy la habías pedido antes del desmayo.

— ¿Cómo dice que me encontraron?

—Nosotros sabemos cuando ellos dejan a alguien tirado allí, en el desierto. Vemos las luces que vienen y se van. Por lo general están muertos, pero tú… digamos que estas bastante bien. Y eso es lo que le molesta a mi marido.

—Había dicho que estaba preocupado por mí.

—Seguro. Ha visto por tu tatuaje que eres soldado, como él lo ha sido, así que le preocupa tu bienestar. Pero más le alarma que ellos te hayan dejado allí, vivo. Es casi como si quisieran que te encontremos.

— ¿Ellos?

—Ellos —La anciana movía el dedo índice hacia arriba—. O como les dice mi marido: el enemigo de las estrellas.

 

 

*                  *                  *

 

—Estos son los nombres de los médicos que intervinieron en el programa. Ellos deben saber algo.

— ¿Has cotejado los datos?

—Hasta ahora de los cuatro que he revisado todos aparecen muertos.

— ¿Atropellados por un tractor?

—Ahogados en la bañera, dos de ellos.

—Ya veo —Laina posaba su brazo derecho en el hombro izquierdo de Alino y acercaba el rostro al monitor—. Quedan dos.

Alino mantenía la respiración. Tras un instante, de esos dos solo quedaba uno y dudaba que estuviera vivo.

— ¿Destino desconocido? —Alino mostraba una sonrisa enorme.

—Eso…

—Eso quiere decir que el doctor Robert Patrick quizás esté vivo.

—Puede que haya convencido al gobierno para que lo incluya en un nuevo proyecto.

—No lo creo —Alino parecía aún más animado— Fíjate allí a la derecha, dice que es buscado por Interpol. Son cargos de abuso sexual.

— ¿Cómo lo encontramos si Interpol no ha podido?

—Quizás WAD sepa cómo.

—¿Crees que es buena idea decirle lo que hemos encontrado?

—No veo mejores opciones.

—Aquí dice que la última noticia de paradero lo situaba en España —Laina chasqueaba los dedos— ¡Akiro!

— ¿Akiro?

—Un amigo… un viejo amigo de la facultad. Un estudiante de intercambio japonés que fue a trabajar a España.

— ¿Y en qué puede ayudarnos?

—Puede alojarnos un tiempo. Además, trabaja en los sistemas anti-terrorismo, le contrataron tras el atentado en la estación de trenes. Mucha tecnología, como tú.

— ¿Hacker?

—No lo sé, pero él fue desarrollador del primer sistema de detección facial. Primero se lo vendió a China, luego a España.

— ¿Puedes contactarlo?

—Puedo intentarlo. Al tiempo que analizamos tus muestras de ADN. Quizás lleguemos a algo con todo esto.

—Yo voy a intentar saber más de Sheridan. Me huele a que en estos años se ha transformado en un pez gordo.

—Alino, ¿qué pasa si encontramos algo extraño en tu ADN?

—Estoy vivo —Alino se mordía los labios—. Con eso alcanza.

 

*                  *                  *

 

Spencer se sentía más vivo que nunca. ¿Esposado? ¿Bajo custodia de la Agencia Nacional de Seguridad? ¡Mucho mejor que los casos de siempre! Por supuesto que le indignaba, todo el asunto le tocaba el orgullo y sin embargo le gustaba. Es que era seguro: algo grande estaba ocurriendo y había caído justo en medio gracias a esa llamada. Pues que alguien lo quería allí, justo donde estaba.

—Bien agente Spencer —El Coronel hablaba con calma—. Acabo de comprobar que es imposible que el anciano les dijera algo… agoniza. Apenas respira.

— ¿Qué les sucedió?

—Eso es justo lo que no deben saber —Sheridan miraba al costado—. Ahora se quedan quietos y callados así será más fácil retirar las acusaciones. Vamos a hacer de cuenta que nada ha sucedido.

—Creo que ha visto muchas películas Coronel.

—Y yo creo que usted ha visto pocas.

 

*                  *                  *

 

—Veo que el soldado se ha recuperado —Tom llegaba, escopeta en mano, de un paseo en plena madrugada—. A ver si ahora puede irse, afuera esta todo tranquilo.

— ¿Usted siempre pasea a estas horas con la escopeta? —Freeze, aferrado a una taza de café, escupía la pregunta con cierto asco.

—Somos viejos, dormimos poco —El hombre dejaba el arma junto al marco de la puerta—. Además, tenemos buenas razones para hacer lo que hacemos.

— ¿Y qué es lo que hacen?

—Defendernos, cuidarnos. Estamos cansados de que nos lleven. Tú sabes de lo que hablo… ¿no?

Freeze observaba al viejo. Hablaba con la calma de quien comenta algo acerca del clima, como dejando caer verdades establecidas.

—Antes que lo preguntes hijo —La anciana mostraba una triste sonrisa—, fuimos abducidos por ellos, muchas veces, toda la vida.

—Realmente creen en lo que dicen…

—Por supuesto, sino no estaríamos aquí, viviendo en medio de la nada. No somos ratas del desierto, somos refugiados de una guerra desconocida. La guerra por la colonización —Tom se sentaba a la pequeña mesa donde Freeze apoyaba la taza—. Claro que no es una guerra, no veo a nadie luchando.

Freeze se mordía los labios, otra vez. Lo que decían los viejos, por descabellado que sonara, no era más que lo que había logrado entrever de unos archivos confidenciales: secuestros para pruebas biológicas. Claro que no eran extraterrestres los que las dirigían, pero no podía sacarse de la mente a los oficiales Serpo. Lo de la colonización era —para él— un agregado folklórico.  Pero algo les había asustado los suficiente como para escapar al desierto y terminar sus vidas en medio del polvo y las carencias… ¿Por qué el desierto?

— ¿Por qué el desierto?

—Yo soy mestizo, mitad Navajo —Tom tiraba la cabeza hacia atrás—. Mis ancestros sabían de estas cosas, de las luces en el cielo. En aquellas épocas la gente también desaparecía para volver más tarde muertos o en muy malas condiciones. De a poco, los Navajo se fueron dando cuenta de que en ciertas zonas esas luces no aparecían nunca, por lo que decidieron enviar a los afectados a esos lugares —Tom asentía con la cabeza ante la mirada de su invitado—. Si, lugares como este.

— ¿Quiere decir que están aquí para evitar que los vuelvan a abducir?

—Claro. Estas tierras son partes de la reserva de mis ancestros. Al saber lo que estábamos pasando insistieron en que vengamos a parar aquí.

—Y desde entonces no nos han vuelto a molestar —La anciana se pasaba una mano por los ojos—. Es muy duro cuando te levantas una mañana y descubres que tu embarazo ya no está.

—No comprendo —Freeze miraba a Tom extrañado.

—Ellos experimentan con las mujeres sobre todo. No sabemos para qué… pero mi mujer estuvo embarazada ¡Nueve malditos meses! —Tom mostraba de pronto unas gruesas arrugas en el rostro— Y luego nada, a tres días de la fecha de parto desapareció todo, como un sueño, un mal sueño.

—Y tenemos la historia clínica para demostrarlo. El doctor que me atendía no lo podía creer.

— ¿Y qué doctor era ese?

—Creo que se llamaba… Robert Patrick ¿Verdad amor?

 

*                  *                  *

 

Sheridan escupía dos o tres veces por minuto, detestaba el polvillo del desierto casi más que a los metiches del FBI. Ambos se metían en todos lados, fosas nasales y operaciones secretas, provocando verdaderos ríos de mucosidad tanto física como mental. Acababa de pasar un breve informe al mando central, uno que hubiera preferido no tener que redactar. Pero mirara por donde mirara las evidencias apuntaban a una sola conclusión: los foráneos estaban dando inicio a sus planes. Y no es que no estuviera previsto, el problema residía en que todas las esperanzas de frenar sus avances se habían desvanecido con las muertes de los Alinos. Siquiera sabía si el original estaba aún con vida… y ya era muy tarde para improvisar. Por otro lado, la supervivencia de Crover podría aportar más datos sobre los avances del enemigo, había sido buena idea tratarlo con la tecnología robada a los foráneos. Claro que, en el estado en que había quedado el viejo, iba a pasar un tiempo antes de verse en condiciones de hablar.

—Suelte a los agentes del FBI —Sheridan se dirigía a un soldado antes de volver a escupir—. Y dígale a Spencer que me recuerde, porque que yo me voy a acordar de él.

 

*                  *                  *

 

Los pasos de Freeze eran poco menos que frenéticos. Uno tras otro, desandando el camino que —según Tom— le llevaría directo a la carretera más cercana. Agradecía la luz de la luna, pequeña pero brillante sobre su cabeza; y también agradecía a aquellos ancianos aunque Tom hubiera insistido en echarle en medio de la madrugada. Claro que no podía culparles, solo el terror podía haberles llevado a pasar sus últimos días en aquellas condiciones y él era una cara visible de eso a lo que tanto temían: las luces de la noche y los helicópteros del día. Y tanta actividad le llevaba a nuevas preguntas: ¿Es que estaba sucediendo algo nuevo? ¿Algún plan se ponía en marcha? ¿O es que algo estaba saliendo mal? El mismo se sentía bastante incómodo caminando solo por aquellos parajes. La imagen de lo vivido hacía tan solo una noche le perseguía con cada parpadeo. ¿O era que esas luces realmente estaban allí?

— ¡No! —Exclamó en voz baja mientras se lanzaba cuerpo a tierra, tras una enorme roca. Es que allí, a un centenar de metros, una bola amorfa de luz azul zigzagueaba lento, hasta detenerse a unos metros del suelo.

¿Y eso? ¿Sombras? ¿Hombres? Algo se desprendía de la luminaria, algo traslúcido y con la forma de una persona. Algo negro, imposible, que se perdía entre las sombras del desierto.


 

6 pensamientos en “Biofacto . Parte tercera . Capítulo 17: Helicópteros negros [parte 2]

  1. me da la imprecion que este capitulo es la antesala de un sobresalto, me plantea la desconfianza de . . . Que se viene ahora ? eso que cuando estas viendo una peli hace que te acomodes mejor porque ” se viene gorda “

  2. “—Creo que se llamaba… Robert Patrick ¿Verdad amor?”
    Como madre, sorprende la duda. No te olvidás del nombre del tipo que atendió tu embarazo, y mucho menos si terminó mal.

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