Biofacto . Parte segunda . Capítulo 14: Buscando al sur del norte.

Biofacto.

Autor: Fernando Silva

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Capítulo 14. Buscando al sur del norte.

La iluminación llegaba de las heladeras y de unas luces emplazadas debajo de las alacenas que poblaban las paredes. Bajo estas —y en perfecto orden— se apilaban cajas de reactivos químicos, probetas descartables y vacunas, las suficientes como para inocular a media población mexicana contra la gripe porcina. El resto del espacio estaba ocupado por mesadas de granito sobre las que descansaban todo tipo de artefactos de laboratorio; a cual más reluciente.

—Menudo laboratorio se ha montado WAD aquí —Laina hablaba en voz baja, arrastrando las palabras—. Me pregunto si los hospitales tendrán la mitad de estas cosas.

—Parece completo —Alino se acercaba animado a uno de los tres ordenadores emplazados junto a una camilla de metal—. ¿Para qué es esto?

—Es una camilla de autopsias —Laina pasaba los dedos por el metal—. Y parece que alguien viene a limpiar bastante seguido, o la han usado en estos días.

Alino levantó las cejas y se acomodó en un sillón negro de oficina. Los tres ordenadores estaban encendidos y no iba a dejar pasar la oportunidad de investigar un poco a su benefactor. Después de todo WAD mismo había dicho que no debían confiar en nadie, siquiera en él. Además, necesitaba un lugar donde instalar el disco rígido de Laina.

— ¿Qué vas a hacer? —Laina revolvía entre unas carpetas— Tenemos que analizar la muestra.

—Sí, también saber un poco más de WAD y sus intereses —Alino tecleaba códigos a una velocidad infernal—. Además, querías revisar tu disco rígido ¿verdad?

—Sí, pero lo podemos dejar para después, con esos tipos dando vueltas se me ocurre que tendríamos que apresurarnos a analizar el tejido.

—No pueden rastrearnos.

— ¿Entonces? —Laina se acercaba al escritorio al que se había sentado Alino y apoyaba ambas manos en la madera— ¿Cómo es que nos siguieron?

—Lo seguían al mercenario. El mismo lo dijo —Alino levantaba la vista y miraba a los labios de Laina—. Ha sido una casualidad… de esas bien raras.

—Pero ahora saben que estamos aquí.

Alino oprimió la tecla efe cinco con fuerza y se tiró hacia atrás.

—Sí, en México, pero es un país grande… ¿No te parece raro que hayan dado media vuelta?

—Estábamos armados. Todos.

—Ya hemos visto que no tienen especial temor a la muerte. Lo he estado pensando Laina y lo único que se me ocurre es que sean disidentes, compañeros de los que fueron a tu casa en Álamo.

—Dices que nos vieron y se retiraron…

—Correcto.

—Entonces, si los disidentes buscaban a Hildebrandt quiere decir que él hace lo opuesto a lo que hacemos nosotros.

—Quizás, pero son suposiciones. Ahora lo más importante es saber que vamos a hacer de nuestras vidas. Se me ocurre que entre esa muestra, lo que pueda sacar de estos ordenadores y el diario de mi padre vamos a terminar con una visión un poco más completa del panorama.

—Es que… —Laina volvía a hablar bajo— No sé si quiera enterarme. ¿Qué pasa si nada de lo que creemos real es sustentable?

—Entonces solo queda abrazar lo intangible y aceptarlo. Como aceptamos otras tantas cosas.

 

*                  *                  *

 

Laina había juntado fuerza, no para hacerlo sino para decirlo. La verdad era que estaba aterrada de lo que pudiera encontrar dentro de aquel cilindro metálico. Alino, ignorante de las implicaciones de lo que estaban por hacer, se ofreció gustoso a destrabar los seguros y retirar la tapa. Aquello estaba realmente frio, por lo que cogió unos guantes que colgaban de la pared.

—Sácalo con cuidado —Laina, a dos metros, hacía señas con las manos.

Alino se movía despacio, metía la mano derecha en el cilindro y tomaba con tres dedos la punta del contenedor de muestras.

—Ahora acércalo aquí —Laina señalaba la mesa de autopsias—. En cuanto se desempañe podremos ver que hay dentro.

— ¿Será la mano de Luke Skywalker?

Laina contestó con una media sonrisa. Comprendía el intento de Alino por quitar el hielo del medio, pero el frio de aquella conservadora le ganaba los huesos. ¿O era su propia inseguridad? Si aquello era una muestra de tejido alienígena… las implicaciones, los significados, todo cuanto había creído cierto pasaba a pender de un hilo. Nadie puede culparte por tener miedo, se dijo, mientras caminaba hacia la camilla.

—De todos modos… aún habría que hacer un análisis de ARN y ADN.

— ¿Cómo? —Alino tenía la idea de estar escuchando la mitad de una conversación.

— ¿No dije lo anterior? —Laina se sonrojaba.

—Estas muy nerviosa.

—No es para menos —Laina llevaba el rostro a la altura del contenedor—. Esto puede dar por tierra con todo lo que sé de la vida.

—O puede darnos un conocimiento que nadie más tiene.

—Hay cosas que no se deben saber. Ciertos conocimientos Alino… son peligrosos.

 

*                  *                  *

 

La delgada capa de hielo que cubría el vidrio curvo del contenedor había desaparecido por completo. Ahora Laina y Alino veían al fin la famosa muestra: un pedazo de piel grisácea, o algo por el estilo.

—Tiene una textura… ¿escamosa? —Laina levantaba ambas cejas.

—De este lado tiene pegado eso… la sangre gelatinosa —Alino levantaba el labio superior—. Es bastante asqueroso.

—Es bastante inédito diría yo.

— ¿Qué crees que sea?

—Más que un pedazo de piel de unos treinta centímetros… —Laina movía la cabeza de lado a lado— Pero es seguro que nunca he visto nada parecido. He trabajado con ofidios y algunos otros reptiles pero esto es diferente. Parece piel, parecen escamas… es algo justo en medio.

—En el ordenador había un archivo de texto abierto para nosotros —Alino no despegaba la vista del contenedor—. No lo he leído pero debe ser algún mensaje de WAD.

—Léelo por favor.

Alino golpeteó con el pié un par de veces y salió disparado al ordenador en el que había estado sentado. El archivo de texto, que llevaba por nombre “Sobre la muestra”, estaba lleno de gráficos de colores y datos de tenor científico. Por lo que Alino decidió leer solo el mensaje inicial:

«Mis jóvenes amigos:

Lo que ahora tienen entre manos es una de las cinco muestras de tejido a las que he tenido acceso gracias a las pocas amistades que me quedan. Proviene de otros amigos, rusos y cubanos.

En el año mil novecientos ochenta y cinco un objeto volador no identificado fue derribado por el ejército argentino. De aquellos restos —la gran mayoría fueron apropiados por el ejército americano— una parte fue a parar a las manos de un Coronel argentino que —antes de morir ahogado en la bañera— los vendió al mejor postor: la Unión Soviética.

Por aquellos tiempos mi trabajo consistía en vivir infiltrado en La Habana… así que se imaginarán el resto. Lo que tienen enfrente es parte de la piel del brazo derecho de una entidad biológica extraterrestre. Debajo adjunto los análisis realizados: secuenciación de ARN y ADN. Si, tiene ADN y no es demasiado diferente al nuestro, aunque lo suficiente como para dejar en claro que no es de esta tierra.

Ustedes necesitan pruebas y yo necesito un segundo análisis. Siéntanse libres de alojarse cuanto tiempo deseen y hacer los estudios que crean necesarios. Son mis invitados».

 

*                  *                  *

 

Laina había pasado las últimas seis horas leyendo y releyendo los datos incluidos en la nota. Cada vez que terminaba de repasarlos se refregaba los ojos y comenzaba de nuevo, desde el principio. Aquello, de ser veraz, era lo más extraño que hubiera visto en su vida. Y de comprobarlo no quedarían dudas: sería la primera prueba tangible de la existencia de vida extraterrena. La simple idea le atormentaba. Su sistema de creencias jamás había considerado la más remota posibilidad de que aquello fuera cierto. Como mucho, esperaba levantarse una mañana y leer que habían descubierto una bacteria en Marte. Pero esto… un trozo de piel de un organismo superior… ¡Sumado al supuesto de inteligencia!

Laina, por momentos, detenía la lectura para escuchar otras voces, esas que hablaban de todas las veces que había despotricado contra científicos que investigaban la vida extraterrestre. «Están buscando fondos para otra investigación, son unos embusteros», decía en cuanto alguien le preguntaba por esos estrambóticos anuncios; como aquel de la lluvia roja en India. « ¿Ovnis? ¿Entidades biológicas extraterrestres? Esas son tapaderas para proyectos secretos de defensa… ¡Por favor!», era lo que le había dicho a Ed, esa madrugada, la misma en que había conocido a Alino.

¿Y si estaba equivocada? ¿Y si esos locos ufólogos al fin tenían razón? ¿En qué iba a creer? ¿Qué quedaba para mañana? No solo había perdido su casa, su trabajo, su carrera… aquello era un punto de inflexión en el prisma con el que veía la vida. La propia, la de los demás… y la de todo lo que pudiera andar vagando por el universo.

—Nada de esto es posible —Laina apenas balbuceaba—. Y sin embargo está comprobado en este trabajo.

— ¿Quieres decir que…?

—No Alino, ahora me toca hacer los mismos test y corroborar los resultados —Laina señalaba a Alino con un dedo—. ¿Has encontrado lo que te pedí?

—Andrew H. Ford… está muerto —Alino se llevaba ambas manos a la nuca—. Fue un accidente con su cortadora de pasto.

— ¿No es un poco bizarro?

—Según el informe de la autopsia Ford habría caído al piso y, de alguna forma, las cuchillas le habrían alcanzado el rostro —Alino suspiraba—. Y si, es tan bizarro como ahogarse en una bañera. Creo que deberíamos tomarnos un poco más en serio estas cosas y relacionar las muertes. El Coronel argentino, ahora Ford… todos estuvieron en contacto con la muestra.

—No creo que esté tan relacionado —Laina se levantaba de la silla y caminaba rápido hasta una heladera, pero no abría la puerta—. Todo esto es un engaño de algún tipo.

— ¿Entonces por qué estás tan nerviosa?

— ¿Yo? —Laina lanzaba una risita— Ahora te voy a comprobar lo que sucede en realidad.

— ¿Ya cambiaste de idea? ¿No era que hay conocimientos peligrosos? —Alino esperaba una respuesta pero Laina mantenía el silencio— Por cierto, acabo de instalar tu disco rígido.

—No lo necesito para demostrarte que eso no es más que un invento —Laina señalaba el contenedor de muestras—. Ahora vamos a ver qué tan extraterrestre es esa porquería.

 

*                  *                  *

 

«Esta es una técnica acelerada y económica para secuenciar ADN. Recién está saliendo a la luz gracias a algunos amigos de la Resistencia que han dado cuenta de su existencia. A muchos les significa el fin de un gran negocio… y a nosotros las posibilidad de tener el resultado en cuarenta horas máximo, o menos». Laina había leído las instrucciones de WAD varias veces, cuestión de llevar a cabo la experiencia sin problemas. Es que el método le resultaba tan fabuloso como ajeno.

— ¿Qué vas a hacer ahora? —Alino, apoyado con ambas manos en la camilla, miraba las idas y venidas de Laina.

—Esto es biotecnología, es un lector de ADN.

—No sabía que existían esas cosas.

—Yo tampoco, pero aquí esta —Laina mostraba una artefacto del tamaño de una calculadora grande con una suerte de jeringa en un extremo—. Lo que voy a hacer es tomar una muestra de la piel. Este aparato cuenta con un nano-poro tomado de la Microbacterium smegmatis porin A.

—Ah… ya lo decía.

—Bueno, más o menos simple —Laina se acercaba al contenedor de la muestra—: esto adentro tiene un nano-agujero por el que va a ir pasando una hebra de ADN. Con cada nucleótido que pasa queda una firma eléctrica registrada. Lo normal sería una combinación de citosina, guanina, adenina y timina. Si hay algo más o algo menos… bueno, entonces podemos decirle adiós a las cosas como las conocemos.

Le habían quedado retumbando esas últimas palabras. Sonaban casi como una profecía apocalíptica pero, para Alino, era una muestra del terror al cambio. Era verdad, si aquello era de origen foráneo, el mundo conocido iba a terminarse en menos de dos días. Lo que no significaba ningún cataclismo universal, sino más bien un cambio de paradigmas.

—Ya está listo —Laina dejaba el artefacto sobre la camilla, con mucho cuidado—. Ahora esperamos cuarenta horas.

— ¿Quieres un escocés? Hay una botella en la alacena de la izquierda.

—No —Laina se revolvía el pelo—. Mejor me voy a dormir.

 

*                  *                  *

 

La soledad nunca le había molestado. Alino solía pasar horas en silencio sin la más mínima necesidad de comunicar nada. Muchas veces se había preguntado si aquello no tendría que ver con la infancia solitaria en casa de su madre adoptiva, pero la verdad era que no le importaba. Es más, lo disfrutaba. Esa sucia libertad de no peinarse ni cambiarse o pasarse un par de días esquivando la ducha le ayudaba en la teoría de la “reconstrucción”. Y era simple, por más que no hubiera nada importante que hacer, el ponerse al día con uno mismo era un mínimo acontecimiento del que salía renovado. Claro que tanto evento había conspirado más de la cuenta contra su cuidado personal. Una tupida barba rojiza le ganaba los pómulos y le picaba, no estaba acostumbrado. Pero el baño estaba junto a la habitación y no quería despertar a Laina; había caído rendida. ¿Dar media vuelta y volver al ordenador? ¿Ver que podía descubrir de WAD y sus amigos? ¿Quizás leer otro poco del diario? ¿Por qué no? Seguramente le aguardaban algunos datos importantes, claro, eso si lograban comprobar que lo de los extraterrenos era una realidad.

 

*                  *                  *

 

«16.07.1985: Quince días.

Han pasado quince días desde la última vez que me propuse escribirte. Realmente me niego a pensar en estas hojas como una máquina del tiempo, una forma de hablarte al oído en un futuro en el que no podré hacerlo. Pero la realidad es una mierda y vuelve de vez en cuando para recordarme que la situación es precaria.

Acabo de enterarme de la muerte de un Coronel que conocí en los primeros años de trabajo. Mendizabal era su apellido. Dicen que ha muerto ahogado en su bañera pero yo no me lo trago. Esas muertes, a esas alturas del poder, siempre esconden otras cosas, otros intereses, otros motivos. Creo que hoy no voy a bañarme».

«17.07.1985: La tercera parte…

Hoy estoy un poco mejor. El sueño me ha reparado la psiquis y la noticia de ayer me ha motivado. Creo que estoy listo para contarte la tercera parte de la historia. Te advierto que puede sonar confuso. No soy escritor pero intentaré rescatar un poco de ese halo místico de la historia, como me la contaron quienes creen en su veracidad. ¿Quiénes? Eso lo veremos más adelante.

Exogénesis III. (Ellos):

 

Parte 1: Polinización cruzada.

Habían seguido el rastro de la semilla, la estela que deja la vida aún en letargo. Y el tercer planeta estaba lo suficientemente lejos, lo apropiadamente cerca de su estrella. La Tierra —cuando aún no tenía nombre— era una enorme flor abierta y, lo sabían, había sido polinizada.

Paso a paso fue que siguieron su desarrollo, esperando por el momento correcto de tomar presencia y hacerse de algunos recursos sin poner en riesgo al incipiente ecosistema. Pero todo plan cuenta con un apartado de imprevistos y, de entre todos los puntos que se abarcaban, estaba incluida la posibilidad de hallar una especie mínimamente inteligente; con potencial de andar los caminos de la civilización. Y los homínidos primigenios del tercer planeta estaban en el umbral de la explosión evolutiva. Y Ellos decidieron ayudarles a alcanzar su mayor potencial. Era ayudarles a que les pudieran ayudar. Entonces descendieron del cielo, montados en sus nubes de fuego, en sus carruajes del trueno y depositaron la divina gracia de sus miradas en los ojos simples del homínido primitivo.

Así, seleccionaron especímenes, los más adaptables y prometedores, y les llevaron a sus castillos de cristal, en medio de un valle de exuberante vegetación. Y allí desentrañaron los secretos del árbol de la vida de estos seres toscos, notando, no sin sorpresa, una inesperada similitud genética.

Parte 2: Hibridación.

Ellos decidieron que valía la pena el intento, regalar la gracia del espíritu divino, como nunca lo habían hecho antes. Y fue así que, en aquellos castillos de cristal, la flor de los homínidos fue fecundada en un tubo transparente; y ya ninguno de aquellos volvió a ser igual a sus ancestros. Noventa y cinco del total eran descartes pero ese cinco… era lo que Ellos habían soñado.

Los primeros híbridos no diferían mucho de los homínidos originales y no se esperaba que lo hicieran. Pero mostraban que la combinación de ambos linajes era posible y que los sucesivos intentos terminarían dando sus frutos. Al final del proceso podrían contar con una mano de obra capacitable y compatible con el medio.

Ellos miraron a los híbridos y agradecieron al universo y luego, agotados, se retiraron al castillo para descansar.

Parte 3: Los hijos de los dioses.

Durante cientos, quizás miles de años, Ellos trabajaron mano a mano con sus híbridos. Y esos seres, infértiles por diseño, lo hacían sin pedir nada a cambio; aunque no se tratara de una explosión de primitivo altruismo. Es que Ellos se hacían llamar Dioses entre los que —por imposición— eran sus fieles. Así, instalado el concepto de divinidad suprema, poco les quedaba a los híbridos más que reverenciar y complacer a sus creadores. Además, los mixtos tenían solo su vida para aprender y asimilar lo que con ellos sucedía. Organizado el sistema de nacimientos; cada vez que un grupo se ponía rancio era apartado y reemplazado por otro de jóvenes y vigorosos trabajadores. Y entre ellos nunca se cruzaban.

Pero los arboles de la vida de ambas especies se habían abrazado con fuerza inusitada y algunos de los foráneos comenzaron a encontrar que las hembras hibridas eran especialmente atractivas. Aún de rasgos severos, estas mujeres compartían —y en algunos casos destacaban— las referencias hormonales y las formas de las hembras de la especie extraña.

Entonces, algunos de Ellos creyeron que sería aceptable la unión con las atractivas muchachas. Claro que en la oscuridad, ya que si bien no existía veda muchos otros no dudarían en interpretarlo como una abominación. Pero la naturaleza, aún manipulada, encuentra siempre el paso hacia la concreción de los sistemas naturales; y la reproducción no iba a ser una excepción.

Parte 3: El jardín de Edeen.

Al cabo de un tiempo dos hembras fueron declaradas preñadas. Por lo que Edeen, Dios de los nacimientos y del código,  fue llamado para investigar la procedencia de los embarazos. Desde el comienzo se sabía que no podía ser resultado de unión alguna con machos híbridos. Estos eran tan infértiles como una piedra. Así que la vista recayó automáticamente en el grupo de voluntarios para el cuidado de los trabajadores, cuyo jefe era un foráneo al que llamaban Fuhiler.

Las investigaciones dieron un espantoso resultado: ambos fetos estaban portando una nueva especie, la cruza homínido-foránea se gestaba en forma natural y, pese al estupor de los visitantes, Edeen decidió que no estaba en él decidir si estos nuevos seres debían perdurar.

Mientras Fuhiler y sus hombres eran desterrados y encerrados en cuevas alejadas, Edeen preparaba un experimento. Eligió un valle cercano y lo acondicionó para albergar a los futuros niños, trabajó sobre los códigos y nacimientos de animales existentes, y les modificó para que cumpliesen con las necesidades alimenticias de los que estaban por llegar. Y se planteó un plan de entrenamiento civilizatorio colmado de reglas y dualidades. Edeen quería saber cuánto podían estos mestizos parecerse a Ellos, no solo en forma, sino también en virtud espiritual.

Parte 4: El conocimiento.

Ambas criaturas fueron hermosas. Portaban rasgos suaves de cada uno de sus linajes y les conjugaban en una belleza esplendorosa. Crecieron fuertes y en poco tiempo, ese metabolismo heredado de los homínidos les convertía en jóvenes adultos. Edeen, que ya les había educado en los caminos del respeto por ellos mismos, decidió plantarles frente a su peor prueba: el conocimiento.

Fue así que una mañana en que la hembra caminaba sola Edeen salió a su paso. Ella, ante la visión de su Dios, no dudó en postrarse y El, decidido a realizar la última prueba, no dudó en aplicarle el detalle del conocimiento divino. Entonces sus ojos se abrieron y ya nunca vio el jardín de igual modo.

Cuando Edeen vio que las criaturas inventaban ropas y refugios supo que era hora de dejarles ir más allá de los límites de su cuidado. Así, al tiempo, ambos fueron depositados lejos del jardín de Edeen e instruidos en sus supuestas faltas. Era importante para Ellos que si esos seres se expandían siguieran respondiendo a los designios de los Dioses».

*                  *                  *

 

Una alarma sonaba insistente en el laboratorio, tanto que Alino se vio obligado a despegar los párpados. ¿Se había quedado dormido en el sillón? ¡Ese dolor en la espalda! ¿Y ese ruido?

— ¡No lo puedo creer! —Laina salía disparada de la habitación— ¡Ya está listo el análisis!

— ¿El ADN?

Laina asentía con la cabeza al tiempo que tomaba el aparato con ambas manos y lo llevaba hasta el ordenador donde había estado leyendo su compañero.

—Ahora tenemos que comparar.

— ¿Comparar?

—Con la base de datos de ADN de Bio-Lógico.

—Como digas —Alino ingresaba los datos al programa interno del antiguo trabajo de Laina—. Pero si realmente es alienígena… ¿No debería ya de por si ser muy diferente?

Pero Laina mantuvo el silencio. Se había quedado mirando la pantalla del ordenador. Sus ojos no podían dar crédito a lo que allí sucedía. Al ingresar los datos de la muestra saltaba un cartel, que parpadeaba en tonos de rojo y amarillo. Ese cartel, ese mísero cartel de error le estaba dando la pauta, la fatídica confirmación.

«La cadena de ADN ingresada no puede ser comparada porque escapa a los estándares. Por favor, anuncie a su superior y declare necesidad de protocolo de emergencia Biofacto. Iniciar cuarentena por riesgo biológico foráneo».



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Fernando Silva
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3 pensamientos en “Biofacto . Parte segunda . Capítulo 14: Buscando al sur del norte.

  1. Siempre se ha sabido que un capítulo con acción es bueno… pero también se es sabido, que un capítulo que ofrece respuestas, con el particular toque de tensión que lleva la historia, resulta aún más bueno, como este capítulo 14.

    El Exogénesis adquiere más significado ahora. Me encanta: extraterrestres que hacen híbridos, que a su vez, por el deseo de la carne de las dos razas, se forma otra… Increíble!
    Ahora, me pregunto dónde entra esta raza en la historia…

    Saludos!

  2. Vale, para la novela final hace falta desarrollar el concepto de “conocimiento”, sin eso no resulta tan novedosa la hibridación ( al menos para los que somos fanáticos de las conspiraciones) y no desvela ningún misterio nuevo.
    Hace años que vengo releyendo las versiones del Génesis una y otra vez y rompiéndome la cabeza a qué le llamarían “el conocimiento del bien y el mal”. Lo del libre albedrío no resulta del todo creíble. Tiene que ser alguna teoría que te cuadre más en la novela. Si se me ocurre algo, hablamos.

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