Biofacto . Parte segunda . Capítulo 12: Incertidumbre.

Biofacto

Autor: Fernando Silva

/////////////////////////////////////////////

Parte segunda:

El color de la mayoría de las cosas.

///////////////////////////////////////////

Capítulo 12. Incertidumbre.


«01.07.1985: El pasado.

Vivimos del pasado, de aquellas cosas que nos han hecho bien. Son las fotos de los instantes felices, de esos momentos en que somos más que uno, en que creemos que todo estará, por los tiempos de los tiempos, bien. A menudo, esas imágenes crecen en el interior instando a cortar con todo lo que difiera ahí afuera. Son las voces mudas de las añoranzas, de lo que consideramos perfecto… son las utopías personales, los eternos días de sol y dientes al aire. Tan opuesto a estos días, hijo mío, que estoy pensando en llorar un poco… para poder reír después».

Alino se refregaba los ojos, miraba la pantalla del ordenador que tenía delante y volvía a mirar a Laina, que dormía en un sofá, justo enfrente. Les habían llevado a otro lugar, a otro sótano. Este contaba con cocina, living, sala de juegos y habitaciones varias, lo necesario como para esperar tranquilos el regreso de Walter, que se estaba encargando de limpiar el desastre que habían dejado en la locación anterior. Freeze había sido llevado a otro lugar, le iban a limpiar de nano-rastreadores.

—Yo me quedo aquí contigo —Había dicho Laina ante la insistencia de Alino por usar el ordenador para seguir leyendo el diario de su padre. Pero había escuchado poco del relato; ahora incursionaba en un sueño profundo plagado de movimientos inconscientes, espasmos de fatiga. Quizás era lo mejor. Esas anotaciones se volvían cada vez más oscuras, más personales. Aquello había sido escrito solo para sus ojos pero se preguntaba cuanta gente lo habría visto ya, en todos esos años. Si existía como copia digital, seguramente habría muchas más dando vueltas y no dejaba de extrañarle el interés de los aparatos de inteligencia en los dichos de un periodista argentino.

Alino estiró los brazos hacia arriba para depositar luego las manos en el cabello. En un movimiento lento acercó el rostro a la pantalla; iba a leer lo que quedaba de aquella nota y nada más.

«Se lo dije también a tu madre, ayer. Pero con otras palabras, creo que fue demasiado crudo porque no paró de llorar en horas. Creo que era algo así:

Esto es acerca de la desconfianza, es acerca de vos y yo, de estos días que nos toca vivir y de toda la gente que ya no se mira a los ojos. Esto es acerca de la civilización y de cómo nos estamos pudriendo desde el núcleo. Ven aquí, a mi lado. Veamos las estrellas e intentemos ser sinceros antes de morir».

*                  *                  *

—Yo les diría que no confíen en nadie, menos en mí —Un hombre alto y fornido, de raza negra, entraba de súbito en el living—. Ahora les queda lo más difícil: hacerse el camino propio a la verdad.

— ¿Quién…? —Alino saltaba de la silla y corría hacia Laina que intentaba abrir los ojos— ¿Quién es usted?

—Yo soy WAD —El extraño se acercaba a un aparador, tomaba una botella de escocés y la agitaba en dirección a Laina y Alino—. ¿Gustan?

—WAD es Walter Alberto Dommenico…

—No se asusten —El hombre se apoyaba en el aparador—. Si lo piensan bien verán que tengo mis razones para contratar guardaespaldas. Y eso es Walter, ni más ni menos.

Alino ayudaba a Laina a incorporarse tirándole de un brazo, luego se paraba justo delante y levantaba ambos brazos

—No deben confiar en nadie, está bien lo que haces, pero este no es el momento de ponerse quisquillosos. Yo puedo ayudarles a hacer lo que prefieran del futuro; y digo futuro porque el pasado tienen que borrarlo, rápido —WAD caminaba hasta una silla y dejaba caer el cuerpo antes de servirse el whiskey—. No les voy a decir mi nombre pero pueden decirme William. En serio, quédense, es un honor tenerles aquí.

—Hasta ahora, si estamos vivos o libres… Alino, es por él —Susurró Laina mientras acariciaba la espalda de su compañero.

—Está bien —dijo el joven mientras relajaba la hostilidad en los brazos a una pose más amable.

—Tomen asiento niños —WAD mostraba su dentadura—. Este viejo tiene muchas cosas que contarles acerca del futuro.

*                  *                  *

—Ahora puedes matarme —Freeze, que se las había arreglado para aflojar la venda que le cubría la boca, hablaba despacio—. Fui entrenado para esto.

—También para no pensar —Walter acomodaba una lámpara cuestión de encandilar a su prisionero—. Pero ya te vas a cansar de jugar al soldado. Tenemos mucho tiempo, aunque por ahora vayas a quedarte solo. Tenemos que desinfectarte.

— ¿Me has picado con esa porquería? ¡A mí nadie me rastrea! ¡No soy un terrorista!

Walter sonrió antes de meterse las manos en los bolsillos.

—Si te entregas puedo ver que te ofrezcan entrar al programa…

— ¿Protección de testigos? —Walter soltaba una carcajada— Pero si no somos la mafia soldado… yo solía ser como tú. Ahora soy diferente; pienso, y si eso me hace terrorista o mafioso, bueno, que así sea.

Freeze parecía un muestrario de venas. Sudaba, jadeaba y forcejeaba con las ataduras de cuero que le sostenían a un sillón de madera oscura.

—Y si crees que no te rastrean es porque eres más inocente que un chico.

—Esta es la última vez que te lo ofrezco.

— ¡No estás en posición de ofrecer nada soldado! ¿Ustedes son todos iguales? ¿En serio? —Walter se pasaba dos dedos por la barriga— No importa. Nos vemos en cinco horas.

*                  *                  *

—En menos de cinco horas vamos a ser capaces de interrogar al soldado —WAD daba un golpe en la mesa—. No era necesaria esa carnicería. ¿Ustedes conocían al de la escopeta?

—Sí, era el hijo de una amiga —Laina tragaba una buena cantidad de saliva—. Usted sabe quién es.

— ¡Audrey! —WAD se llevaba una mano a la boca.

—Y por lo que entendí… la mataron esos soldados.

—Habíamos estado refugiados en su casa, en el desierto de Nevada —Alino se llevaba la mano derecha al pelo y jugaba con un mechón—. No pensé que fuera verdad.

—Audrey era parte de la resistencia, desde hace muchos años. Ella trabajaba en un programa terrible.

Reposición.

—Si niña, veo que les ha contado.

—Pero sigue sin cerrarme todo esto del gobierno atentando contra el pueblo. Por más terroristas que sean los padres de una criatura… ¿no tienen ningún derecho?

—Que no deban no quiere decir que no puedan muchacho, y esas son las cosas que hacen —WAD servía otra medida de escocés y la tomaba de una vez—. Yo también he sido parte de ese sistema y no estoy orgulloso. ¿Sabes lo que hacíamos? Una de tantas… probar la acción de drogas en poblaciones civiles. Ha veces las metíamos en la red de agua potable, otras en ciertos alimentos, para llegar a una determinada franja…

—Eso es terrible también.

—Sí, pero es lo más inocente, lo que estoy dispuesto a contar—WAD movía el vaso de plástico hasta dejarlo del otro lado de la mesa—. Lo que importa ahora es que piensen en lo que van a hacer de sus vidas. No les recomiendo quedarse mucho por aquí, es obvio que los están buscando. ¿Puedo preguntar la causa?

—Matamos a dos hombres de gris —Alino hablaba fuerte—. Ellos me vienen siguiendo hace rato.

—Ya veo… eso es un problema y de los buenos.

—La sangre… —Laina balbuceaba— Esos tipos eran raros.

—Sí, no eres la primera que me lo dice.

— ¿Tienes idea de que son?

—Mira, yo soy el fundador de un foro en internet en el que los usuarios hablan de estos temas. Allí aparecen cantidad de relatos y algunos son verdaderos. Por años hemos reclutado gente para la resistencia por medio del sitio y muchos coinciden en que estos “grises” son mucho peores que los famosos hombres de negro —WAD volvía a tomar el vaso y lo cargaba de whiskey— En mil novecientos noventa y ocho conocimos a una mujer de Colorado que decía haber asesinado a uno de ellos. También hablaba de esa sangre rara, espesa.

—Sí, espesa, como gelatina.

—Estuvimos muy cerca de saber exactamente que son, la mujer había tomado una muestra y estábamos en el proceso de analizarla cuando otros cuatro hombres de gris aparecieron en el laboratorio. Los mataron a todos. No solo eso, les borraron del mapa. De pronto el bioquímico nunca había nacido, nunca había ido al colegio o la universidad… nada. Y así con los otros tres amigos que le acompañaban ese día. Amigos míos.

—Entonces quedó en la nada.

—Sí y no —WAD volvía a vaciar el vaso de un sorbo—. Algo habíamos descubierto: esa sangre no era sangre propiamente dicha. Era una suerte de compuesto biológico inclasificable mezclado con algún agente sintético.

—No entiendo —Laina miraba fijo la botella de escocés.

—Pues que algo tomaban esos tipos para que esa sangre que no era sangre… bueno, les quedara espesa.

—Eso es un disparate. Yo soy bióloga y…

—No estamos hablando de biología terrestre, querida.

—Entonces de que hablamos.

—No lo sé… pueden ser fruto de un proyecto que creía cancelado. Algo parecido a lo que quería Hitler: una raza de superhombres. O pueden ser algo más, puede que vengan de otro mundo. Y hablo en serio. Yo mismo he visto las naves recuperadas por la Unión Soviética… y sus tripulantes. Si no me creen, bueno, tengo pruebas.

— ¿Pruebas? ¿Cómo puedes probar eso?

—Me has dicho que eres bióloga.

—Correcto.

—Entonces no te será problema analizar una muestra de tejido. Tengo un par escondidas en México.

—Pásame esa botella por favor —Laina extendía el brazo—. Necesito un poco de escocés en el torrente sanguíneo.

*                  *                  *

Freeze podría haber dicho que la sangre le hervía, pero no podía hablar. Tampoco tenía quien le escuchara, así que un intento habría sido malgastar energías. Y no podía darse el lujo. Aquello, lo que fuera que le habían inyectado, le estaba provocando una fiebre insoportable. Y se retorcía, convulsionaba, tiraba hacia arriba con los brazos pero las ataduras no cedían. Entonces intentaba llevar el rostro hasta las manos, en vano. Y siquiera era su voluntad, a aquella altura todo en su cuerpo era una continua sucesión de reflejos. Abrasivos chispazos en el sistema nervioso le tensaban los músculos, le erizaban el vello y le dejaban los ojos en blanco.

Por dentro, los artefactos encargados de acopiar nano-transmisores bullían de actividad. La concentración de estos últimos rayaba lo anormal y si hubieran podido hablar, las diminutas máquinas magnéticas habrían dicho que ese tipo era todo un transmisor. Un cuerpo antena. Si Freeze hubiera sabido lo que le sucedía no habría tardado en recordar aquellas inyecciones semanales que recibió al entrar a la Agencia de Seguridad Nacional. Aquello le había llamado la atención pero no había dicho nada. No le estaba permitido preguntar lo que le hacían; figuraba en el contrato. Si quería dejar la Marina debía jugarse y aceptar lo que viniera. Y así lo había hecho. Claro que era más joven y tenía más pelo. Algunas imágenes de aquellos tiempos se le pasaban ahora por la mente. Dicen que cuando uno está al borde de la muerte la vida pasa como una película. Y su film estaba lejos de la familia o los amigos. Era una de disparos, soldados y sacrificios. Honor y lealtad. Esas palabras resonaban con la voz de su instructor, allí, en su cabeza, cuando Walter entró en la habitación.

¿Espuma blanca? ¡Se ahoga!, pensó el hombre mientras se llevaba ambas manos a los oídos. Solo atinó a darle un duro golpe en la espalda, y otro, hasta que Freeze pudo respirar. Ahora unos inyectables, un antialérgico y un calmante.

— ¿Hola? —Walter se secaba el sudor en la frente mientras hablaba por móvil— El soldado está limpio, pero casi lo pierdo. Envíame al médico.

*                  *                  *

—Tu nombre es Alino —WAD andaba por el living a paso lento, acababa de apagar su móvil y miraba al piso, suspirando—. No eres el primer Alino que conozco. No es un nombre cualquiera.

—Ya lo sé.

— ¿Qué es lo que sabes?

—Yo… —Alino lanzaba una mirada a Laina— No lo he comentado mucho pero se de otros Alinos. Al menos de uno; y lo perseguían los hombres de gris.

—Correcto —WAD se detenía y viraba hacia el joven—. No sabemos qué significa pero tenemos datos de otros tres, todos más jóvenes que tú, todos muertos ahora.

Alino movía la nariz y se llevaba ambas manos al pelo.

—Pero a ti no te han hecho nada. Por lo visto te querían vivo, tuvieron muchas oportunidades de eliminarte del mapa. También me llama la atención eso de que seas más grande que los otros… más viejo.

— ¿Conoció alguno?

—No, solo por teléfono. Siquiera he visto sus rostros.

—No comprendo que se supone…

—Ese gendarme va a darnos respuestas —WAD cruzaba las manos tras la espalda—. Lo están trayendo ahora mismo.

*                  *                  *

Laina llenaba el cuarto vaso de escocés para cuando vio pasar a Walter con el prisionero atado a una silla de ruedas. No sabía si era de noche o de día y tampoco le importaba mirar en algún reloj que, por cierto, brillaban por su ausencia en la sala. En cambio, lo que si destacaba era un cartel enmarcado, una frase en letras negras contrastando con las blanquísimas paredes del sótano:

«El tiempo es otra ficción de nuestras mentes».

Menuda manera de ver la vida, se dijo la muchacha mientras tragaba lo último que le quedaba en el vaso. ¿Habría ansiedad si no tuviéramos tiempo? ¿Haríamos cosas si no hubiera ansiedad? Como por ejemplo escapar o intentar preservar la vida, que es el tiempo que nos queda… ¿Y si mañana nos encontraran? Sería gracias a este chico lindo, pero también gracias a mí. ¡Claro que no podías saberlo querida! ¿Estudiar ratas? ¡Claro que sí! ¿Para qué o quién…? Bueno, eso es otra cosa.

—Alino… —Laina apenas movía los ojos en dirección a su compañero— Ven aquí.

— ¿Qué sucede?

—El disco rígido —Laina hablaba muy bajo—. ¿Aún lo tienes verdad?

—El de tu ordenador.

—Sí, ese mismo.

—Está en el bolso.

—Se me ha ocurrido algo: si Biofacto necesita ratas entonces puede que estén buscando una vacuna para algo. Quizás no había muchos indicios mientras trabajé en el proyecto pero era cuestión de… ¡tiempo! ¡Y el tiempo no existe! —Laina abría grandes los ojos vidriosos— Ahora que se me ha ocurrido qué buscar, bueno, quizás encuentre algunos indicios.

— ¿Has tomado de más?

—No —la chica fruncía el ceño—. De menos. En cuanto nos hayamos ido de aquí te lo explicaré mejor. No confío en esta gente.

—Entonces no bebas, no bajes la guardia.

—Ansiedad, si… —Laina dejaba caer la cabeza en el hombro de Alino— No es difícil con esta incertidumbre.

*                  *                  *

A Freeze le estaba costando mantener la cabeza erguida. La fatiga y el dolor le resultaban descomunales —incluso con su entrenamiento— pero caer inconsciente no era una opción. No ante estos sediciosos, refunfuño por dentro.

—Tu mataste a la anciana —La figura de un joven desgarbado se formaba en los ojos nublados de Freeze y le apuntaba con un dedo.

—De hecho… yo no maté a nadie más que al tipo ese, el que lloraba por su madre —Freeze tragaba saliva—. Pero ya había acabado con mis hombres. ¿Estás aquí solo para decirme eso?

—No, quiero saber por qué nos seguían.

— ¿No es suficiente haber asesinado a dos agentes del gobierno?

— ¿Y desde cuando el gobierno trabaja con agentes que no son de este planeta?

—Mira chico… —Freeze intentaba enderezarse mientras cavilaba la frase— Hay cosas que es mejor que no sepas. Pueden costarte la vida.

— ¿Cómo a mis padres?

—A tu padre lo mataron, sí, pero yo no estaba ahí. Lo sé por el expediente que me dieron: Alino Alfa.

— ¿Alino Alfa?

—Es solo un nombre chico.

— ¡No! ¡No es un nombre! ¡Es mi nombre y el de otros que han muerto! —Alino agitaba los brazos apuntando a Freeze con los índices—Ustedes lo han hecho; todos escapaban de los hombres de gris.

—Esto es una mierda —Freeze estiraba el cuello mientras volvía a forcejear con las ataduras—. Mira, cuando estuvimos en casa de la anciana encontramos una serie de libros; antiguos cuadernos de datos acerca de sujetos de prueba: niños. Eso también es una mierda.

—Ya lo sabía.

— ¿Y sabías que estuviste entre esos niños?

—Eso no es posible, no figuro en el cuaderno con mis iniciales.

—Eso es porque estabas incluido en una hoja suelta —Freeze movía la cabeza pegando el mentón al pecho—. Mejor te acercas, tengo la hoja en la media de mi pie izquierdo.

Alino se acercó despacio, el hombre estaba atado de cintura y manos a la silla de ruedas pero no le provocaba ninguna seguridad. Entonces se agachó y levantó el pantalón negro donde Freeze le había indicado. Y allí estaba, entre la piel y la media, como su cuello, que ahora era apretado entre dos piernas.

— ¡Me vas a escuchar niño! —Freeze apretaba con fuerza, superando los intentos de Alino por zafarse— Si lees eso, si decides buscar esa verdad… ellos te van a matar —El soldado soltaba de pronto al joven—. Si yo, en mi estado, puedo estrangularte… ¿Qué crees que harán ellos?

—Yo… —Alino intentaba recuperar aire para poder hablar— ¿Quiénes son ellos?

—Ellos son todos. Aquí y en todo el mundo. Cada país occidental u oriental, potencia o subdesarrollado, todos están en esto. No soy partidario de las barbaridades que hacen pero no es mi trabajo cuestionarles.

—Entonces es verdad lo que dice el diario de mi padre —Alino reflexionaba en voz alta.

—Ese diario es más importante de lo que crees. Nunca tuve acceso al texto pero me han hablado de él. Algunos superiores creen que es la mejor forma de explicar nuestro pasado, de dónde venimos como especie… y unas cuantas cosas más.

—Eso no explica por qué me siguen, porqué te ordenaron atraparme.

—Te siguen, y la única forma de interpretarlo es que eres importante para el proyecto Biofacto, sino ya estarías muerto. Como los otros Alinos.

— ¿Qué sabes de eso?

—Mira niño… si estos tipos, si WAD se entera de que estamos hablando va a hacer cualquier cosa con tal de saber lo que te he dicho y creo que no te conviene. Hablo contigo porque creo que las fuerzas de las que dependo tienen una deuda moral con tu familia, pero nada más. Si logro escapar voy a volver a buscarte. Mientras tanto, si quieres saber la verdad haz gala de tus dotes de hacker. Busca sobre los Serpo, ese es el nombre de los hombres de gris.

Alino miró por unos segundos a Freeze. Seguía en la misma situación previa a la charla: no estaba seguro de nada. Aunque ahora tuviera ese papel, aunque supiera que habían hecho con él, no cambiaba nada.

— ¡Vete ahora! —Dijo Freeze con voz grave.

*                  *                  *

Al encerrarse en el baño Alino recordó su temprana adolescencia. ¿Cuántas veces había buscado lo prohibido en el refugio azulejado de la casa de su madrastra? Escuchar rock en su viejo walkman, mirar el calendario de trajes de baño… Pero ahora, en el desastre que había terminado siendo su vida, encontraba que ciertas infantilidades aún le resultaban imprescindibles.

Alino echó llave a la puerta y bajó la tapa del inodoro. Entonces, sentado, abrió el pliegue que le diera Freeze.

«Alino Alfa: proyecto de duplicación por clonación de agente humano inmune a amenazas foráneas.

Origen del sujeto de pruebas: experimentos autorizados según disposición de emergencia Doscientos treinta y siete barra dos, en América del Sur.

Inicio: febrero de mil novecientos ochenta y siete.

Resultado: cuarenta Alinos procreados bajo la tutela del proyecto Biofacto.

Observaciones: Se recomienda cuidar al espécimen Alfa, los clones alcanzan —por algún motivo— un ochenta por ciento de inmunidad ante las amenazas foráneas. Mantener esta información fuera del alcance de los oficiales Serpo es prioridad».

2 pensamientos en “Biofacto . Parte segunda . Capítulo 12: Incertidumbre.

    • Je, ahora vas a tener que prepararte para la cantidad de cosas que van a ir saliendo a la luz. Parece complicado que se acomoden pero lo harán… ¡Es una orden! jajajajajja

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>