Biofacto.
Autor: Fernando Silva
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Capítulo 11. Satélites y venganzas
— ¿Estas bien? —Un hombre se arrodillaba junto al cadáver de Audrey— Te dispararon en la cabeza. Mamá… no… no puedo armarla mamá…
Un llanto ahogado cruzó el jardín de la anciana y se escuchó claro allí donde crecían unos cactus enanos. El hombre salió por la puerta a la galería y —tras vomitar— se dirigió hasta ellos para tomar una pala apoyada en una pared cercana.
—Se quienes fueron, los vi llegar al pueblo… ¡se quiénes son! —Se repetía mientras comenzaba a cavar— Y se a quienes siguen. ¿Mamá? —El hombre lanzaba un grito agudo y luego movía la cabeza poniendo oído a una voz inaudible— Si, lo imaginé. Los enviaste a Phoenix, si, a lo de tu amigo. Los que te hicieron esto les van a seguir… si, también lo sé —El hombre volvía a callar—. No importa lo que digas mamá, ya estoy grande y te voy a vengar. Esos hijos de puta… ¿Esta bien si te sepulto junto a los cactus?
* * *
Todos estos nombres, se decía Freeze mientras viajaba con los libracos de Audrey en el regazo. Estos niños, arrancados de sus padres ¡y el detalle de lo que les hicieron! ¡Dios mío!
Sus hombres, que le notaban demasiado callado, siquiera pensaban en interrumpir aquel silencio de ruta. Ya habían tenido demasiados encontronazos con el famoso humor volátil de Freeze. Pero se preguntaban cuáles serían las nuevas órdenes ¿O estarían actuando por cuenta propia? «A Phoenix van, entonces vamos», era lo único que había dicho en la mañana el jefe de grupo. Y ya llevaban más de tres horas de silencio.
A ver, Ellen Brodsky, hija de Vladimir Brodsky y Ellen Mansera. Padres muertos en un tiroteo con agentes de la CIA. Supuestos espías rusos.
Ellen Brodsky, de catorce años, fue utilizada como sujeto de prueba en drogas para mantener despiertos a los soldados. Llegó a estar una semana y media despierta. Fue entregada en adopción en febrero de mil novecientos noventa. En julio de dos mil uno fue encontrada muerta en un fumadero de crack.
Freeze levantó la vista para perderla en el desierto. Esas mínimas notas en los márgenes, agregadas de puño y letra por la anciana que acababan de matar, narraban historias de horror sobre documentos oficiales. Historias de niños expuestos a radiación, a túneles de viento, a enfermedades y a muchas otras cosas que prefería pasar de largo. Lo peor era que los encargados militares del proyecto no le resultaban ajenos. Los cinco principales estaban enquistados en la Agencia de Seguridad Nacional y uno de ellos era su jefe directo.
¿Con quién estoy trabajando? ¿Con quién me estoy metiendo? Si el nombre de nuestro objetivo figura en esta hoja suelta: Alino Sagasta Sefades. ¿Eso quiere decir que perseguimos a uno de ellos? ¿No les alcanzó con arruinarles la vida? ¿Ahora para qué les quieren? Ese proyecto donde lo habían metido: Biofacto. Debe tener algo que ver…
—Señor, con el debido respeto —El conductor era el miembro más joven del grupo—. ¿Cuáles son las nuevas órdenes?
—Si… —Freeze siquiera miraba a sus subordinados— Debemos seguirles a Phoenix. Hay razones para creer que se encontrarán con WAD; que es un nuevo objetivo. Allí lo matamos y a ellos les traemos de vuelta con nosotros. ¿Quedó claro?
—Sí señor.
* * *
—WAD… no me imagino porqué le llaman así —Laina miraba la anotación de Audrey y metía la mano izquierda en la cartera—. ¿Serán siglas? Ustedes los hackers tienen nombres raros también, todos. ¿Cómo es el tuyo?
—Axtox.
—Si… ¡típico!
—Mejor no prendas el cigarrillo —Alino mantenía la vista en la carretera y ambas manos en el volante—, me molesta el humo.
—A ti lo que te molesta es que me ría de tu nombre de hacker… ¡pero es muy nerd!
—Ya te había dicho de mi debilidad por el lado nerd de la fuerza —Alino sacudía la cabeza—, eso es lo que siempre quise ser pero…
— ¿Pero qué? ¿Acaso no te habían pescado haciendo cosas ilegales?
Alino soltó el aire por la nariz antes de jalar la manija del levantavidrios.
—Ah… ahora cambias de tema en silencio. Bajas la ventanilla para que vea que te molesta el humo pero no me respondes.
— ¿Y qué puedo decir? Si, hice algunas cosas pero mayormente por una cuestión de ideales.
— ¿Y qué te da derecho a meterte en la vida de los demás?
—No… lo que hice en tu casa, eso de revisar tu correo fue estúpido. Pero no siempre soy así. Cuando hackeaba lo hacía con los sitios del estado, más que nada para denunciar abusos —Alino levantaba ambas cejas—, y también para demostrarles lo idiotas que eran sus programadores.
—Ya veo… —Laina daba una larga pitada a su cigarrillo— ¿Qué crees que haga este tal WAD exactamente?
—Dímelo tú. Audrey es tu amiga.
—Audrey… —Laina se llevaba la mano derecha a la frente y cerraba los ojos— Espero que este bien.
* * *
El hombre había cargado el cadáver de su madre al hombro, como una bolsa de papas. Y ahora se disponía a depositarlo en el pozo que había hecho junto a los cactus. De a poco fue agachándose junto al hoyo pero —llegado el momento de tirar el peso del cuerpo sobre sus brazos— encontraría que su madre estaba más pesada y resbaladiza de lo imaginado. Apenas un paso más y hubieran caído juntos a la tumba. En cambio, el hombre se apoyaba ahora en el suelo mientras veía la extraña posición con la que había caído el cuerpo.
—Lo siento, estas muy pesada… tuve que soltarte. ¡No! No voy a bajar a sacarte la cabeza de la arena. Hazte a la idea de que vas a quedar enterrada… —El hombre lloriqueaba— Este es el fin, el tuyo y el de los que te hicieron esto.
* * *
—Ya faltan pocos kilómetros para Phoenix señor —El soldado que manejaba la camioneta miraba de reojo un cartel con el nombre de la ciudad— ¿Cuál es la dirección?
—Ya la estoy cargando al GPS.
— ¿Se han reunido con el nuevo objetivo?
—Pareciera que sí. Desde que llegaron a la ciudad están dando vueltas… pero ahora parecen haberse detenido. Hace más de dos horas que se mantienen en la misma posición.
— ¿Qué pasa si les desactivan los rastreadores antes de que lleguemos?
—Eso no va a suceder. Puede que ya hayan iniciado el proceso, pero toma quince horas eliminar eso del cuerpo.
— ¿Quién es WAD?
—No estoy autorizado a decirles. Al momento de la operación mostraré una foto reciente. Disparen a matar y listo… es lo mejor que saben hacer ¿no?
* * *
El día les estaba resultando agotador. El camino a Phoenix, luego una suerte de juego de espionaje para encontrar a WAD y ahora unas cuarenta cuadras de a pié, por pedido del hombre al que buscaban.
—Realmente no veo la diferencia —Alino se llevaba ambas manos a la cintura y doblaba el labio inferior—. Si nos están rastreando entonces es lo mismo que vayamos en auto, de a pie o en bicicleta.
—Si… Pero alguna razón tiene que haber.
Alino movió la cabeza de lado a lado y dio un par de pasos hasta donde estaba parada Laina.
—Creo que si cruzamos por el parque va a ser mejor —Dijo ella—. He pasado por aquí mil veces.
Las cuadras volvían a sucederse, una tras otra. Recién llevaban completada la mitad del camino y Laina estaba sufriendo el acoso de esas zapatillas que le había enviado su madre. Una vez que me regala algo para el cumpleaños… se dijo mientras intentaba acomodar los dedos dentro del calzado. Como aquella vez que me regaló el libro sobre la Atlántida ¡Pensaba que me serviría para la carrera! ¿En que se supone que estaba pensando? No… es un misterio aún más grande que el de esa ciudad.
— ¿Qué piensas de todo esto? —Laina lanzaba la pregunta mientras estiraba el cuello para ver la copa de un árbol.
—De que.
—De los implantes, de los niños y los experimentos… de Biofacto.
—No sé, nunca fui muy adepto a esta suerte de realidad paralela pero hay mucha gente que cree que es real.
—Como la Atlántida.
— ¿La Atlántida? —Alino se preguntaba por dónde andaría la mente de Laina.
—Claro. Platón escribió sobre ella pero nadie tiene pruebas concretas de su existencia… así y todo mucha gente cree que realmente existió.
—Bueno, eso es menos tangible. Si realmente tenemos nano-rastreadores en el cuerpo…
—Sí, claro, es más real porque nos pasa a nosotros.
— ¿Me vas a decir que con todo lo que estamos pasando estás preocupada por la historia que contó Platón?
—No, en realidad iba a los misterios de la mente. Tiene que ver con mi madre, mejor lo dejamos ahí.
— ¡No! Está bien, pasa que no estoy muy seguro de lo que pienso de todo esto. Son muchas cosas al mismo tiempo.
—Pero algo más sabemos.
—Sí, y menos comprendo —Alino arrugaba los labios—. Lo único que sé es que a mis padres los mataron por algo que sabían.
Laina asentía mientras esquivaba una baldosa floja.
—Sigues leyendo el diario.
—Sí, no te he comentado porque, bueno, tuvimos días difíciles.
—Sí, y no parecen ponerse mejor.
—Mi padre sabía que les iban a matar. Él era periodista de guerra, de esos que se meten en los pueblos bombardeados —Alino se pasaba la mano derecha por el rostro—. Según lo que dice en la guerra de Irán contra Irak conoció a un norteamericano que le pasó datos increíbles acerca de proyectos secretos.
— ¿Y?
—Y nada… no he podido leer más. Pero había ciertas cosas en lo que este tipo le dijo… no sé, ¿crees en la existencia de alienígenas?
—Como bióloga no puedo negar la posibilidad. Todos los días se descubren cosas que apuntan a la posibilidad de que el universo este lleno de vida, pero de ahí a que nos visiten hay un trecho, y eso es de películas de ficción.
— ¿Nunca se te ocurrió pensar que puede ser verdad?
—No, me parece más interesante la idea de comprender otras cosas, como el funcionamiento de la vida social de las ratas ¿Sabías que tienen vida social?
—No me imagino a una hembra en vestido de domingo…
—No… —Laina reía— Yo tampoco, pero digo que es tan grande la diversidad de vida aquí que no me sale eso de buscar en otros lados.
—Según lo que vengo leyendo en el diario de mi padre no solo hay vida en otros planetas sino que nos han visitado y contactado. No creo mucho en eso pero el Exogénesis… creo que por eso lo asesinaron. Y si mataran a los periodistas medio locos que hablan estupideces, no quedarían periodistas.
—Bueno, tampoco todos son así.
—Seguro, los verdaderos periodistas deben ser los menospreciados, los parias.
—O los desaparecidos.
—También.
—No sé si es factible, pero algo debe haber en todo eso. Yo me reía de los viejos que iban a la Cantina Extraterrestre pero algunos decían cosas muy puntuales. Y no mentían. O alucinaban o algo hay.
—Sí, ya veremos qué tanto de realidad hay en esto de los implantes.
Laina se detenía en seco para apoyarse en una vidriera de cristales ahumados con un gran cartel en medio.
—Me están matando estas zapatillas —decía mientras se quitaba la derecha—. Mejor caminemos más despacio.
La muchacha apoyó el pie desnudo sobre las baldosas de cemento. Respiró hondo y elevó la vista al cielo. El cabello, todo revuelto, tapaba un par de letras del cartel que Alino se había quedado mirando: « ¡Rastree a su mascota! Adquiera aquí el nano-implante satelital a precio promocional».
* * *
Un almacén abandonado, me imaginaba algo así, se dijo Alino mientras caminaban por una pasillo falto de luz y atestado de humedad. El olor a madera podrida tampoco ayudaba pero era cuestión de acostumbrarse. No era su primera vez en un lugar como ese. Sus amigos hackers tenían la misma afición por los escondrijos de película. Lugares oscuros, arruinados, «Donde la tecnología resalta» le habían dicho una vez. Había estado a punto de decírselo a Laina pero prefería evitarse las comparaciones odiosas con el misterioso WAD. Lo cierto es que no había nada cercano a un ordenador en la habitación a la que acababan de llegar. Ni lámpara, solo un foco pendiendo de un cable prendido al techo.
—Bien ¡Han llegado! —Una voz ronca salía al paso desde un hueco en la pared— Yo soy WAD —Un cincuentón bien alimentado daba un paso hacia la luz—. Ustedes deben ser Alino y Laina.
—Sí, venimos de parte de Audrey…
—Ya lo habías dicho hoy niña —WAD se metía un dedo en las narices—. Además Audrey me llamó para avisar, pero no hay tiempo que perder, siéntense en esas sillas. Ahora que han caminado bastante tienen el sistema sanguíneo a punto para el proceso.
Alino miró donde señalaba WAD. Dos sillas de madera esperaban pero no estaba seguro de querer darles el gusto.
— ¿Qué se supone que vamos a hacer?
—Nada.
— ¿Nada?
—Nada, esperar, es lo mismo.
—No te sigo —Alino veía como WAD preparaba unas jeringas, entonces cerraba el puño—. ¿Qué es lo que vamos a hacer?
— ¿Problemas auditivos? ¿Estas medio sordo?
Alino daba un paso hacia WAD.
— ¡No…! —El hombre reía y se agarraba la barriga con la mano libre— Te juro por esta remera de Ramones que si te haces el pesado te va a ir mal. Mejor haces lo que te digo. No tenemos mucho tiempo —WAD estudiaba la mirada del muchacho—, pero si insistes… es simple. Estas inyecciones contienen nano-supresores para los nano-emisores. Antigripal nano-mecánico.
Alino meneaba la cabeza y buscaba a Laina con la mirada.
—A eso vinimos —Laina hablaba despacio mientras daba un paso atrás—. Pero no estamos seguros de…
— ¿De estar conectados? —WAD sonreía tanto que los anteojos se le levantaban— Casi todo el mundo está conectado. Nadie lo sabe, pero meten estas cosas en las vacunas. No me malinterpreten, me parece genial estar protegido de las enfermedades pero esto es otra cosa —El hombre movía ambas manos hasta dejar las jeringas a la altura del rostro de sus invitados—. Lo hacemos ahora o nunca. Esto lleva cinco horas, antes era más pero he mejorado la efectividad.
* * *
—Ahí están, solos —Freeze miraba hacia una pared de concreto con unos binoculares que le mostraban las emisiones calóricas de los cuerpos de sus fugitivos—. Tendremos que esperar.
—Entonces WAD…
—No es estúpido Focker… se ha ido porque imagina que estamos cerca. Pero volverá o les hará ir a otro lugar para terminar el proceso.
Los cuatro comandos se mantuvieron en silencio un cuarto de hora. Solo Freeze hacía algo más que vigilar: mascaba chicle. No esperaba verles salir del almacén en las próximas diez horas pero, de improviso, las cosas cambiaban.
— ¡Se mueven! Este WAD debe haber mejorado algo, el proceso ha sido más corto —Freeze apenas levantaba la voz, luego escupía el chicle—. Cuando les diga bajan de la camioneta. Vamos a seguirles de a pie.
* * *
Laina no habría aceptado meterse en ese agujero. No tenía nada contra las ratas, siempre y cuando no le rodearan. Y aquello era un asco. Las instrucciones de WAD eran simples: bajar al sótano del almacén y encontrar una puerta tapada con un armario. Meterse allí y caminar unos metros hasta una escalera que les llevaría al sótano del edificio contiguo. Pero no había aclarado nada acerca de los dueños del túnel, mismos que ahora chirriaban a su paso. Por suerte, Alino parecía tener un problema personal con esos animalejos. Donde veía un amontonamiento arrancaba a las patadas.
—Vamos, esto es un asco —Alino tomaba a la chica de la mano antes de emprender una corta carrera hasta una puerta amarilla.
* * *
— ¿Ya pasaron las cinco horas? —WAD, desde su silla, apenas levantaba la mirada de la pantalla de un ordenador— Voy a tener que cerrar el Pac-Man…
— ¿Eso es todo? —Alino se acercaba al hombre con pasos lentos y espaciosos.
—Si —WAD se incorporaba y amagaba a pasar un brazo por sobre los hombros de Alino. En cambio le propinaba un durísimo golpe a la altura de la nuca.
— ¿Qué mierda…? —Alino intentaba hablar y acomodarse para devolver el golpe, pero algo le tapaba la nariz, lo mismo que se le acumulaba en la garganta.
Laina estaba a punto de golpear a WAD con un pisapapeles pero la toz de Alino le desconcertó, sonaba ahogado.
— ¡Vamos! ¡Escúpelos! Es la única forma —El hombre reía casi a carcajadas mientras extendía la mano derecha hacia la chica—. Quédate tranquila, ahora va a largar esos bichos.
Tras un par de arcadas y manotazos Alino sintió como el aire volvía a llegarle a los pulmones. Al mismo tiempo algo pastoso y tibio le inundaba la lengua, obligándole a escupir. Y lo que caía al piso era una masa negra, tan insípida como repugnante.
— ¡Eso es! Disculpa el golpe pero es la única manera de terminar el proceso. Mi nano-cura agrupa los emisores en la nariz y en la garganta… el único problema es que alguien debe pegarle ahora… a la señorita.
Un golpe y diez minutos más tarde Laina tomaba un vaso de agua, al tiempo que se pasaba los dedos por los ojos. Alino, que aún se sentía culpable por la severa palmada, le acariciaba el pelo.
—No llores niña… ahora son libres.
—No lloro, es del esfuerzo.
—Si, como sea —WAD volvía a hurgarse la nariz—. No me deben nada. Eso lo aclaro porque esto es parte de la resistencia.
— ¿Resistencia?
—Al nuevo orden mundial muchacho… somos muchos en esto. Y no nos quieren… los del gobierno paralelo.
Alino miraba a WAD con los ojos bien abiertos.
—Sí, esto es peligroso. Podrían estar buscándome. Y eso explicaría porqué les dejaron llegar hasta aquí.
— ¿Cuál es tu nombre? —Laina intentaba hablar entre la toz.
—Walter Alberto Dommenico.
— ¿Latino?
—No, sueco, pero mi padre era peruano. Mi madre era la sueca, de apellido Larsson.
—Como el escritor —Alino, que servía otro vaso con agua a Laina, se volvía hacia Walter—. Nunca lo leí.
—Yo tampoco. Ahora… ¿Qué van a hacer?
—No sabemos, creo que buscar la fuente de los problemas.
—Por lo que me ha dicho Audrey… creo que sería mejor que dejen el país. Estos tipos no se andan con vueltas.
—A mi padre lo mataron estos tipos.
—Otra razón para irse de aquí.
—No, esa es una razón para buscar la verdad. ¿Has escuchado algo acerca del proyecto Biofacto?
—Menudo problema en el que se han metido chicos… —Walter resoplaba antes de retomar la charla— Biofacto está relacionado a casi todo aquello contra lo que luchamos, pero lo cierto es que nadie sabe bien qué es. Algunos hablan del verdadero Majestic Doce, de un trato con alienígenas para el intercambio de valores: recursos por tecnología. Otros dicen que es algo mucho más profundo, que es parte de lo que se vendría para el fantástico dos mil doce… y digo fantástico porque da para todo.
— ¿Cómo es eso de lo que se viene para dos mil doce?
—Una invasión… o el regreso de los Dioses, como prefieras —Walter se pasaba las uñas de la mano derecha por el estómago—. Esas son las dos posiciones más aceptadas entre las agencias de seguridad pero ninguna tiene un asidero firme. Lo único real es que Biofacto aparece en todas partes, es como un plan mayor.
Alino movía los orificios nasales con avidez. Lo hacía cada vez que se alteraba pero Laina no lo había notado hasta aquel momento. Ella extendió su mano izquierda y tomó la de su compañero, le apretó y pegó un par de suaves tirones. Esperaba que comprendiera que estaba allí, pasara lo que pasara. Pero no llegó a mirarle a los ojos, menos a sonreírle. Un estruendo llegaba desde el fondo de la sala como un puñetazo entre los ojos. Luego, un repiqueteo metálico y una voz firme les obligaron a volverse.
— ¡Quédense donde están! —Un hombre calvo enfundado en un traje negro de operaciones militares apuntaba a Walter y otros tres a Laina y Alino— ¿Es usted WAD?
Walter asentía bruscamente, en medio de un espasmo. Sabía que les habían hallado justo aquellos a los que más quería evitar. Lo siguiente que supo fue que el pecho se le ponía muy caliente y que un golpe brutal lo mandaba de espaldas al piso.
— ¡Lo mataron!
* * *
Los cuatro comandos apuntaban ahora a Laina y Alino. El calvo, daba un paso adelante y se disponía a hablar cuando un disparo de escopeta alcanzó de perfil a uno de sus subordinados. Al instante se escuchó otra detonación y el más alto caía con la cabeza destrozada.
— ¡Ustedes mataron a mi madre! — Un hombre, que Alino reconocía como el borracho de Álamo, disparaba contra los soldados y recibía una bala en el abdomen en el momento en que alcanzaba al tercero.
Freeze sacó entonces una pistola automática y, sin mover un musculo del rostro, disparó dos veces al corazón del hombre. Con la primera bala rompía una petaca de vidrio que llevaba en el bolsillo de la camisa, con el segundo le rompía por dentro.
—Bueno, hasta ahí llegas —Walter, de pie, jadeando y con una escopeta de caño recortado, apuntaba ahora a Freeze—. Tendrías que haberme disparado en la cabeza desgraciado… yo también uso chaleco antibalas.
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No les hubiera hecho efecto más rápido un buen purgante cosa de que cagaran hasta el cerebro? XD
Wow Muchas de las cosas que se hablan ahi tienen un gran parecidos a la realidad desconocido por todos nosotros? Si me parece que si….Interesante!!!
A la verdad que Alino y Laina confiaron demasiado sin saber que les esperaria….que bravos!!!!
Wow Muchas de las cosas que se hablan ahi tienen un gran parecidos a la realidad desconocido por todos nosotros? Si me parece que si….Interesante!!!
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A la verdad que Alino y Laina confiaron demasiado sin saber que les esperaria….que bravos!!!!
Wow Muchas de las cosas que se hablan ahi tienen un gran parecidos a la realidad desconocido por todos nosotros? Si me parece que si….Interesante!!!
¡¡¡Gracias Wanda!!! Es verdad que uno toma cosas de estas supuestas realidades… intento darle un sentido, el que le encuentro como más real. Veremos que sale. Por lo pronto te espero en el blog. Un abrazo!
He regresado! Disculpa mucho la ausencia. El castigo es que, maldición, tengo mucho que leer para ponerme al día a tiempo. Retomo mi lectura de tu interesante novela.
Saludos!
Johnny!!! Qué gusto leerte!!! No tiene que pedir disculpas, yo mismo he estado muy ocupado y no he podido seguir leyendo tu novela que es ATRAPANTE. Prometo imprimir los capítulos mañana y recomenzar de cero.