Biofacto . Parte primera . Capítulo 7: Dos disparos

Esta semana llegamos al final de la Parte primera de Biofacto. Varias respuestas acerca del símbolo salen a la luz y los acontecimientos terminan embarcando a Alino y Laina en un escape que les cambiará la vida. Todo tras dos disparos de escopeta y un par de litros de sangre derramada.

Espero que lo disfruten. Espero vuestros comentarios.

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Biofacto.

Autor: Fernando Silva

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Capítulo 7. Dos disparos

Si me preguntan —y si no lo hacen también—, la verdad es que estoy asustado. Otra vez me encuentro frente a frente con la carretera, bajo el rayo del sol, y este calor parece ser el menor de los problemas. Es que si antes dudaba de las motivaciones de los hombres de gris, la verdad es que ahora comienzo a dudar de mí mismo. Kilómetros de incertidumbres. Son como esos arbustos, crecen de a millares y están llenas de espinas. Lo peor es que se me van clavando en la piel y no encuentro manera de sacarlas. ¿Cómo se supone que enfrentaré el mañana? ¡Siquiera puedo lidiar con lo de hoy! ¿Entregarme a la locura será el único camino? ¿Y cuál es el camino de la cordura? Hacer caso omiso a lo vivido y aceptar que nadie me vio discutiendo y peleando con esos tipos… es como traicionarme a mí mismo. No puedo pedir que me crean. En su lugar haría lo mismo. Pero no puedo evitar esta bifurcación en el camino. O creo en lo que ven mis ojos o me interno en un psiquiátrico. Y hacer esto último sería estúpido; además de una mentira. Sería echar llave a una puerta que —lo sé— volverá a abrirse en algún momento. No. Debo confiar en mí. Debo creer… aunque sea contrario a todo lo que he creído de la vida y sus realidades hasta ayer. Además, estoy muy cansado. Necesito un baño y una cama, ahora. Si, quizás esa camioneta se detenga y me lleve a otro lugar. Pero no, no puede ser…

*                  *                  *

—Esther me ha dicho todo —la joven conductora de la camioneta se acercaba a la ventanilla del acompañante y hablaba a Alino por sobre el ruido del motor—. No has querido que avise a la policía pero me dijo que tenías marcas en el cuello.

Alino seguía caminando por la banquina, ahora con la cabeza gacha, pateando piedras y en absoluto silencio.

— ¡Vamos! ¿Te metes en mis correos electrónicos y ahora tienes aires de ofendido?

—No, no es eso —Alino seguía con la vista en el piso—. Tienes razón. El problema es que yo soy un problema. Ya no sé si puedo confiar en mí mismo… no es buena idea que me ofrezcas ayuda; no otra vez.

—No sé qué es lo que sucede contigo. Pero me doy cuenta de que estas desesperado —Laina jalaba la manija de la puerta, que chirriaba y apenas se movía.

Alino se detuvo y meneó la cabeza de lado a lado. Luego, tomó el borde de la puerta de la camioneta. No sé si es lo correcto —pensó—, pero por correcto ya me he equivocado bastante.

*                  *                  *

Unas quince horas de sueño ininterrumpido. Y el agotamiento había sido el suficiente como para que Alino siquiera pensase en una ducha antes de la almohada. Por eso recién ahora abría el agua, con los ojos aún hinchados. Y el caudal era potente. Ese chorro cayendo de la flor de la ducha era como un motivado equipo de masajistas. También era, a gusto de quien lo disfrutaba, un paso en sentido de la civilización. Y aunque solo fuera uno… con ese bastaba. Alino se relajaba y dejaba que la mirada fuera más allá de sus pies. Y lo primero que notaba era aquellas frondosas plantas que crecían a su alrededor. Por lo visto, alguien le había dicho a Laina que el baño era un buen lugar para un botánico. Una docena de macetas rodeaban la ducha dejando un estrecho paso de ingreso y salida. El muchacho se preguntaba cómo había hecho para esquivarlas segundos antes. No las había notado. Pero eran bonitas. Aún más en medio del desierto. De meros vegetales mutaban en un recordatorio de que existen otras vidas posibles. Incluso cuando la tierra y el calor parecen lo único al alcance de la mano.

Alino reactivaba también su psiquis. Y las preguntas, insolentes, se agolpaban una vez más: ¿Y si le iba a Laina con toda la verdad? ¿Eso también era posible? Pretender que le crea… De todos modos, ya le había perdonado una vez esa estupidez crónica. No pensaba tirar demasiado de la cuerda pero se lo había prometido. Nada de negar su propia realidad. Si ella no estaba de acuerdo, bueno, a otra cosa. Pero existía lo que había decidido llamar «el condicionante de la belleza». Muy más allá de todo, era la primera mujer —a sus ojos— hermosa que no le correteaba por la calle en años. ¡Cuántas bellezas lo habían perseguido en su momento! Claro, buscando recuperar sus carteras.

Alino salió del agua y tomó la toalla de mano que le colocara en el hombro esa extraña chica rubia. El paño tenía su perfume. Casi tan intoxicante como ella.

*                  *                  *

El sonido de la ducha acababa de cesar. Laina se esforzaba por alcanzar unas tazas de porcelana blanca que hacía mucho no veía. Estaban en el estante más alto de la alacena, al menos así lo creía. Pero no llegaba a ver. Ese extraño huésped suyo estaba por salir del baño… ¡y ella no encontraba las tazas! Ahora lo intentaría en puntas de pie, por última vez. ¡Sí!, se dijo mientras se le dibujaba una extraña mueca en el rostro. ¿Por qué estaba tan interesada en dar la bienvenida a ese sinvergüenza? ¿Acaso no le había pillado en una severa invasión a su privacidad? ¡El mismo día de su llegada! O el posterior… era lo mismo. Que le gustara no significaba nada. Menos ser ni la mitad de permisiva que con su antiguo novio. ¡Vamos! ¡Que ni siquiera sabía si al chico de nombre raro le gustaban las mujeres! Niña, estas muy sola, se dijo y giró sobre sus talones para apoyar las caderas en la mesada. Ambas tazas colgaban de su mano derecha y ahora las hacía chocar, produciendo un rítmico tintineo.

—Si quieres café está hecho —gritó Laina en dirección al baño—. El vaso verde está sobre la mesa.

*                  *                  *

Por alguna razón, el ambiente estaba frio dentro de la casa. Y no se podía culpar al acondicionador de aire. Hacía ya unas horas que siquiera encendía. El tema era otro y, a juzgar por las expresiones de Laina, estaba directamente relacionado a quien le observaba.

—Gracias por hacer café —Alino, que se había detenido en el hueco de la puerta, hablaba en voz baja—. Quizás sea idea mía pero… hay varias cosas que deseas preguntar ¿verdad?

Laina, que se había sentado sobre la mesada, asentía con suavidad.

—Bueno, estoy a tu disposición.

—Mira, no me malinterpretes pero realmente quiero la verdad. Nada de medias tintas.

—Pregunta entonces.

—Creo que deberías ser tu quien hable. Yo ya he hecho bastante.

—Todo lo que dije antes es verdad. Mi historia, mi familia… todo. Si he omitido algo es por buenas razones.

—Me interesan esas buenas razones. Me interesan esos tipos de gris y tu negativa a acudir a la policía.

Alino, que se había sentado frente al vaso verde, levantó la mirada.  Podía ser una coincidencia, pero las ratas chillaban más fuerte a medida que Laina profundizaba en su enfado.

—Vamos, no sé por qué, pero me caes bien. Solo quiero saber en qué mierda te has metido.

—Yo… realmente no lo sé —Alino golpeteaba en el vaso con dos dedos—. Y ese es el porqué.

— ¿El porqué de qué? ¡Habla claro por favor!

—Nunca te dije que un hombre de gris me advirtió que me marchase de Las Vegas. No solo eso. El logotipo de la empresa para la que trabajas… en la nota que me dejó decía que debía buscarlo.

— ¿Y qué paso con este hombre?

—Se lo llevaron otros hombres de gris.

— ¿Lo secuestraron?

—No, no sé cómo operan. Pero lo que sí sé es que no termina ahí —Alino se rascaba la nariz y devolvía la mano derecha al vaso—. La noche que usé tu ordenador encontré algo.

— ¿En mi ordenador? ¿Crees que tengo algo que ver?

—Ya no, pero las cosas indican a Bio-Lógico. Verás. Ese símbolo solo aparece identificando un proyecto: Biofacto.

—Sí, es de donde dependo. Pero hago análisis sobre una población de ratas.

—Aún no sé qué tiene que ver. Pero el hombre de gris que me tomó del cuello —Alino señalaba sus marcas— me ha dicho algo muy raro. Me ha dicho que yo soy un Biofacto.

*                  *                  *

Esta vez se habían sentado los dos. Alino manejaba el ordenador y Laina servía café frio. Mientras él ingresaba códigos y direcciones IP, ella intentaba conectar todos los puntos. Era casi como los problemas que resolvía para pasar los fines de semana en la universidad. Algunos datos y pocas certezas. Contaba con un papel amarillento que llevaba el pretencioso título de Exogénesis. También con un símbolo —o logotipo— que no parecía significar nada. Y el proyecto Biofacto, del cual poco sabía en realidad. Lo del llamado a la radio, lo del otro Alino, prefería dejarlo aparte. Era intrigante pero no parecía arrojar siquiera un atisbo de luz sobre el tema.

—Lo único que queda claro aquí es que te siguen por algo relacionado al proyecto en el que trabajo —Laina cerraba los ojos—. No me hace gracia.

—Y que los hombres de gris parecen extranjeros.

—Podrían ser de algún servicio secreto europeo. O terroristas.

Alino se volvió un segundo a ver a Laina. Esta, que había caído en lo incoherente de su última reflexión, mostraba un color rojizo en los pómulos.

—Lo sé, lo sé… —agregó ella— Pero con tanto bombardeo de noticias es difícil no ponerse paranoico.

—Dímelo a mí —Alino tecleaba un último código y presionaba la tecla Enter con un gran ademán—. Listo, ya estoy.

— ¿Qué has hecho?

—Acceder a una casilla segura de correo electrónico.

— ¿Segura? —Laina fruncía el ceño.

—Los correos electrónicos son monitoreados desde el inicio de la famosa Guerra contra el terrorismo. El gobierno le dijo lo mismo a todo el mundo, incluso a los grandes nodos de internet: «O estas con nosotros, o en nuestra contra» —Alino movía el ratón formando un círculo con el cursor en la pantalla—. Esto que ves aquí es una de las maneras de recibir correo sin ser controlado.

—Quiere decir que todo lo que escribo… —Laina hablaba en un tono bastante grave— ¡Hijos de puta! ¡No tienen derecho a hacer eso!

—Bajo el pretexto de la seguridad nacional son capaces de hacer cualquier cosa. Claro que no lo van a decir en público, pero hace años que lo controlan todo desde sus satélites —Una gran sonrisa se dibujaba en el rostro del joven—. O al menos lo intentan.

— ¿Qué es eso? —Laina tomaba un sorbo de café y señalaba un archivo comprimido adjuntado a un correo sin asunto.

—Esa es la prueba de que a veces se quedan en los intentos.

*                  *                  *

«Como me lo has pedido… bueno, aquí lo tienes. Solo recuerda que Johan cumple.

La imagen que me has mostrado por la cámara es, obviamente, un círculo rodeado de un cuadro. Por forma y presentación no parece corresponder a los desvaríos de algún matemático pero me he tomado la molestia de investigar en ese campo. Las conclusiones han sido mínimas. Solo formulas geométricas pero nada más. Y creo que tus inquietudes van por otro lado, así que seguí buscando.

Encontré, en algunos archivos del FBI, un círculo dentro de un cuadro. Pero dentro de este había dibujado un pentagrama. El mismo informe citaba actividades de sectas varias y lo que estas llaman “El símbolo perfecto”. Una conjunción de cuadro, circulo, triángulo y pentagrama. Aunque sospecho que esta información está a la mano de quien utilice un buscador cualquiera. Quizás lo hayas encontrado para cuando leas el presente.

Pero lo sorprendente fue encontrarme con dos cosas que no imaginaba. La primera fue que el departamento de defensa tiene registro de algunos de esos círculos en los sembrados de Inglaterra —y de muchas otras partes también—, son figuras específicas. La segunda sorpresa fue encontrar que lo que me mostraste corresponde a una de esas figuras. Esto que estoy viendo ahora es idéntico y no lo he podido hallar en ningún otro lugar. No son fotos populares, nada que haya llegado al público. Por alguna razón se mantienen en secreto y… mi amigo, hasta ahí llego. Adentrarme más en los ordenadores de defensa sería un suicidio. Sobre todo pensando en que mi departamento depende de ellos.

De todos modos, uniendo los datos de los sectarios y los círculos de las cosechas fue que se me ocurrió hacer una consulta a un amigo. Se lo propuse como un inofensivo desafío. Verás, este tipo es un enfermo de los códigos. Trabaja para inteligencia y se la pasa intentando descifrar las actividades del enemigo y sus simbolismos, así como también intentando quebrar sus códigos de comunicación.

Como sea. Le di algunos de los datos y me respondió, casi al instante, lo siguiente: “Un circulo dentro de un cuadro es una figura interesante. Si tomamos como parámetro las creencias ancestrales que dicen que el círculo es el equivalente al Espíritu Universal, el triángulo a la trinidad, el cuadrado a los elementos y el pentagrama al hombre… bueno, digamos que es una figura incompleta, pero adrede. Si yo fuera tu pensaría en un cuerpo hecho de los elementos de esta tierra pero gobernado por un espíritu “universal”; o extraño. Es evidente la ausencia del hombre y de sus deidades, positivas o negativas. Aquí estamos hablando de un sello universal, por su generalidad. Por ejemplo, si quisiera idear un símbolo exclusivo para identificar entidades biológicas fruto de hibridación entre terrestres y extraterrestres sería esta figura la correcta. Incluso, por la posición del círculo, se podría decir que estas son o han de ser controladas por esa suerte de Espíritu Universal. Pero es un poco alocado… ¿no?”.

Fuera de la línea de lo que acabo de transcribir también está la posibilidad de que todo refiera a Bio-lógico. Una corporación bastante dudosa que opera gracias a jugosos contratos con el gobierno, bajo la óptica militar. Una vez más, ciertas limitaciones me atan de manos a la hora de profundizar.

Más allá de las diferencias ha sido un gusto saber de ti. Al menos que estas vivo. Si necesitas algo más acude a otro. Esto es lo máximo que estoy dispuesto a arriesgar.

*                  *                  *

El silencio resultante a la lectura del correo había dado paso a una hora completa de deliberaciones. Una cosa era tener al ejército como contratante de una investigación. Pero era muy diferente que la corporación completa estuviera bajo constante escrutinio militar. Además, de qué tipo de corporación se podía hablar si el mismo gobierno era el principal y único cliente. Y Laina dejaba en claro su indignación. Nunca había imaginado estar trabajando para los proyectos turbios de turno. Tampoco era su idea de carrera dentro de la ciencia. Para colmo, se estaba enterando de sus propias limitaciones dentro del sistema de la corporación. Alino había propuesto ingresar al servidor de Bio-Lógico y se habían encontrado con una pared. Laina siquiera tenía acceso a las estadísticas de su propio trabajo. No era algo que necesitara, las podía llevar sola. Pero esa restricción le enfermaba. ¡Era su trabajo! Por más que fuera pago por una empresa privada tenía que poder ver que era lo que hacían con los datos. Ahora comenzaba a comprender de qué iba ese misterioso correo recibido justo antes de la llegada de Alino.

— ¿Tienes idea de quién pudo enviarlo?

—No, tú eres el mago de la informática.

—Veamos entonces si mi magia puede buscar el emisor.

Alino se movía nuevamente con rapidez. Primero abriendo el dichoso mensaje, y luego aplicando un rastreador a la dirección de remitente.

—No ha sido difícil. Es una cuenta gratuita en Mi Mail, un sitio dedicado a esos asuntos. Nada seguro, por cierto.

— ¿Bajo qué nombre está registrado?

—Debe ser ficticio pero… a ver… Meller, Alan Meller.

*                  *                  *

El parpadeo anaranjado vino a dar como un puñetazo en medio de la nariz de Alino. Solo había una interpretación posible: alguien le había detectado. Ya no importaba Meller ni sus implicaciones en el trabajo de Laina; o sus motivaciones. La urgencia de los hechos aplastaba cualquier reflexión acerca de lo averiguado. Alguien, desde algún lugar, estaba accediendo al ordenador de Laina. Lo peor es que ya había hecho lo mismo con la cuenta segura de Alino.

—Esto es una verdadera mierda —Dijo Alino en voz baja.

— ¿Cómo?

—Alguien nos ha detectado. Han seguido todos nuestros movimientos y están ingresando a tu ordenador por las puertas traseras —Alino escribía algo y luego volvía a maldecir—. ¡No hay forma! Debes estar bajo el radar de alguien. Es la única manera de que se puedan meter de este modo.

—Entonces…

—Entonces buscamos un pen-drive y rezamos porque nada malo suceda.

—Malo… ¿Cómo qué?

—Como que nos golpeen la puerta.

*                  *                  *

Laina gritaba. No porque le doliera el estómago —que de hecho le ardía— sino más bien por un repentino ataque de furia —a sus ojos— más que justificado. Acababa de quedar pegada a una situación ajena e impensada. ¡Todo su estilo de vida estaba amenazado! Siquiera el escocés podría poner paños fríos. Aquello era lo más cercano a un desastre total que había estado y no había cabida para la calma.

— ¿Cómo mierda es que no se te ha ocurrido avisarme? —La muchacha se frotaba el pelo con ambas manos— Si estos eran los riesgos…

—Creo que ya sabías que podía terminar de este modo. No estamos jugando Laina… —Alino tomaba su mochila y la dejaba sobre el sofá, con el cierre principal abierto— Esta gente estaba monitoreando tu conexión a internet y seguramente tu teléfono. No sabes… no sabemos de qué son capaces.

Los ojos celestes de la joven se hundían en lágrimas pero la expresión de su rostro era diametralmente opuesta a la fragilidad del condenado. En el fondo, sabía que haría lo que fuera necesario. Siempre había creído que los efectos tienen sus causas en un nivel mucho más profundo. Que nada sucede por capricho.

— ¡Laina! —Alino era ahora quien gritaba— ¡Han llegado! Son los mismos que estaban en la cantina… —El joven espiaba por las hendijas de la cortina de la ventana principal— ¡Vete! ¡Sube a la camioneta y vete al desierto!

*                  *                  *

Alino no esperaba que golpearan la puerta; y estaba en lo correcto. Para cuando vio que giraba el picaporte ya tenía la mano derecha en la mochila. Para cuando los hombres de gris entraron ya empuñaba un revolver.

—Hemos dicho que protegeríamos —El que hablaba cruzaba su manos a la altura de la cintura—. Pero no podemos más que dar el aviso. Vienen a por ustedes. Otros como nosotros, con otros objetivos.

— ¿Cuántos son?

—Más que dos.

— ¿Qué podemos hacer? —Alino seguía apuntando al rostro del que llevaba la voz, aunque el pulso le traicionaba— No puedo huir por siempre.

—No hay error en huir. Conservarás la vida para conocer esto —El hombre de gris extendía una mano y en su palma mostraba una micro memoria—. Aquí la parte a la que podemos acceder de Exogénesis. Léelo. Es más de lo que tienes, pero incompleto.

— ¿Cuál es el sentido de ese texto? —Alino tomaba la memoria pero no bajaba la guardia— Ustedes lo saben.

—No queda tiempo. Llegan ahora, debes dispararnos.

— ¿Cómo? —Alino gritaba y movía la cabeza de lado a lado— ¿Qué se supone que…?

—Si no nos disparas descubren que existimos más disidentes —El hombre de gris daba un paso, tomaba la mano de Alino y acercaba el arma a su frente—. Quedaremos expuestos. Otros seguirán el plan; pero debes matarnos.

Alino temblaba. Apenas podía imaginarse jalando el gatillo pero el hombre de gris parecía determinado a perder la vida en ese instante. Le apretaba la mano con una fuerza inconcebible. Le guiaba los movimientos de los dedos con los suyos propios; pero no quería disparar. El joven ya se las arreglaba para soltar el revolver cuando un estruendo sonó a sus espaldas.

*                  *                  *

Un líquido morado y espeso cubría ahora el pecho de Alino. También el sofá y la mochila. Los disparos habían sido dos. Y habían sonado a escopeta. Tras el primero había caído al suelo, tras el segundo había recibido un verdadero baño de esa sangre densa y ajena. Ahora, los cuerpos de ambos hombres de gris yacían justo enfrente. Uno con la cabeza destrozada, el otro perforado sin remedio en el pecho.

— ¡Vamos! —La voz de Laina le llegaba desde la espalda— Tenemos que irnos ahora.

FIN DE LA PARTE PRIMERA.

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6 pensamientos en “Biofacto . Parte primera . Capítulo 7: Dos disparos

  1. coman mierda, hombres de gris! Vayan a cantarle dislexicamente a Gardel, jajaj! Lindo capítulo, che, creo entender la situación. Saludos, colega.

  2. no creo que deban comer mierda, por lo que veo, todos o algunos, están de parte de Alino. Esa Laina tiene más… am… coraje, sí, de lo que suponía (jaja).

    Ya decía yo que el Exogénesis iba a ser importante. Interesante, además. Aún me acuerdo del fragmento con el que se abre la historia.

    Tardarás en publicar la segunda parte, o los capítulos seguirán publicándose como hasta ahora?

    Lo que me gusta es que los capítulos los leo rápido, no se me hacen largos, me quedo con ganas de más, jaja. Es por el buen ritmo que tienes. Buena esta primera parte, espero que la próxima sea aún mejor!

    Saludos!

    • ¡Johnny! Siempre un placer tu palabras. El Exogenesis va a ser lo que abre la segunda parte de la novela… la semana que viene. Así que ahí te respondo también lo de la continuidad. En la medida de lo posible voy a mantener el ritmo de un capítulo por viernes.
      Muchas gracias por lo que decías de los capítulos. Cuando escribo no me pongo a ver si tiene ritmo o no… así que es una GRAN alegría que me comentes esto.
      ¡Gracias colega! Es un honor.

      ¡Mario! Estos hombres de gris comen mierda por los demás. No sabemos que tan buenos o malos son, solo que están de acuerdo con que Alino siga adelante en lo que sea que esta haciendo, o vaya a descubrir…
      Gracias por estar al pie del cañón colega, es un honor que leas estos desvaríos a los que llamo novela.

  3. Te digo la verdad lei este capitulo apenas nada y lo q lei salteado me gusto, demasiado.. Soy el tipico pibe q no lee una mierda, imaginate lo envolvente q sera q me atrapo :s, ni mi novia no yo lo podemos creer me voy a poner a leer jajajaj, ya lo baje todo para ir a imprimirlo ya q me voy de vacaciones en unas 3 horas y no hago tiempo.. Asi ya empiezo a leer.. Estas en favoritos..
    Saludosss..

  4. ¡Gracias Juan Pedro!
    La verdad es que llegar a una persona que no suele leer es el sueño de cualquier escritor —si alguien te dice lo contrario esta mintiendo—. Contar historias es uno de los oficios mas antiguos de la humanidad y es un honor que Biofacto te haya llegado.
    Espero verte por aquí luego de las vacaciones y que la pases hermoso.
    Un saludo a vos y a tu novia.

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