Biofacto
Autor: Fernando Silva
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Capítulo 3. Nubes desde el Oeste.
Tengo la sensación de haber sido saqueado y violado. Todo lo que se abre ante mí es futuro, porque el pasado no existe. No se trata de que quiera olvidarlo. No, aquí hablamos de carencia. Porque detrás no queda nada y delante solo veo el desierto y esas delgadas nubes que van ganando el cielo desde el Oeste. Ni más ni menos. Es lo que me han dejado. La herencia de la miseria y —debo reconocerlo— los propios errores.
¿Qué si he sido lo que ellos llaman un hacker? Pues sí. ¿Acaso un estúpido narcisista? También. Pero no creo merecerme esto. Siquiera es el camino del inmigrante latino en esta tierra de supuesta libertad; tan parecida a la mía. Es mucho peor, porque no se entiende. Uno puede sentir impotencia al ser golpeado por un grupo de extraños. Incluso verse denigrado al desconocer el motivo y saberse en inferioridad de condiciones. Y aun así un aura de lógica ha de rodear el hecho. Pero esos tipos, los de los abrigos grises, parecen tan ajenos al tremendo calor de este verano como a la razón. Al menos en sus acciones. Yo… yo solo escapo pero no sé de qué. He venido a dar al desierto y no veo razón alguna. No soy importante… es más, siquiera se bien quién soy.
Ahora que lo pienso, se puede reducir a las palabras que solía decirme uno de los pocos amigos que he tenido. Me miraba fijo cada vez que lo decía.
—Mierda. Es solo eso—
* * *
Alino tenía la mirada clavada en el cielo, que se pegaba allá lejos a la carretera. Como en cada camino, sobre todo en los desérticos, la ilusión del agua sobre el asfalto se hacía presente. Pero no evocaba esperanzas de un futuro más fresco. Al menos en el caso del muchacho, que viajaba bastante cómodo como acompañante de un camionero pelirrojo que no paraba de fumar. Lo que el espejismo le traía a la mente era una reflexión acerca de la liquidez de su presente, que amenazaba con escurrirse en una alcantarilla; cualquiera.
Había llegado a ese asiento preguntando en un parador de camiones si alguien podía llevarle al sur. Necesitaba salir de Las Vegas y todo lo que había en esa dirección estaba emparentado con la nada. Era una buena idea. Si ellos pensaban seguirle sería difícil que pasaran desapercibidos. Con esos sobretodos en el desierto… Además, no se le ocurría nada mejor. La policía podría también estarle buscando. Había golpeado a un cadete para robarle la moto, sobre todo el casco. Si se tapaba el rostro, según reflexionara tras leer la nota del hombre de gris, podría distraer a sus observadores personales por un rato. Había dejado el rodado a unos dos kilómetros de la parada de camiones… seguro ya lo habían encontrado.
—No he visto policías hasta ahora —dijo Alino en el mismo tono desganado que se acostumbra al hablar del clima.
— ¿Problemas? —el chofer daba una larga pitada tras escupir la pregunta.
—No. Ninguno —Alino seguía inmóvil, aunque le costaba no revolverse en el asiento con esa pregunta— Pero me parece que en esta soledad tendría que haber alguien…
—No… —interrumpió el camionero mientras se volvía con media sonrisa impostada —No hay dinero para pagarles. Es lo que dicen. Alguno vamos a ver, pero dudo que sea en los próximos doscientos o trescientos kilómetros.
—Ya veo —completó el muchacho meneando la cabeza —Debe ser un problema.
— ¿No serás uno de esos locos que matan gente en las carreteras?
— ¿Qué pregunta es esa? ¿Tan mal aspecto tengo?
—No muchacho. Pero algo te sucede. Uno aprende a leer a las personas en este trabajo.
— ¿Leer a las personas?
—Sí, bueno, así le llamo yo. Como sea… ¿Extranjero? Alemán seguro.
— ¿Yo? —Alino se clavaba el dedo índice en el pecho mientras, al fin, encontraba el momento adecuado para acomodarse en el asiento — Me lo han dicho. Pero soy argentino, de América del Sur. En realidad vivo aquí desde muy pequeño pero heredé el acento de mi madre adoptiva. Ella era alemana. Es una larga historia de la que se poco en realidad.
—Argentino con madre adoptiva alemana viviendo en Estados Unidos —Era el camionero el que ahora movía la cabeza de lado a lado —Ya creo que debe ser larga la historia.
—Sí. Pero nunca pude conocer a mis padres. Murieron en un accidente a los dos años de llegar aquí.
—Eso es triste. Me recuerda a un amigo que tenía cerca de aquí —el chofer balbuceaba mientras buscaba el atado de cigarrillos en el bolsillo de su camisa rojo bermellón —David. Si, un maniático de los Ovnis. ¿Estás buscando Ovnis? Por este camino pasamos muy cerca del Área cincuenta y uno.
—No… no son Ovnis lo que busco—Alino volvía a posar la vista en la unión del cielo y la carretera. Ciertamente había preguntas más inquietantes rondándole la cabeza por aquellos días.
* * *
Seguro son los embates de la ansiedad, se dijo Alino mientras bajaba del camión. La verdad era que le dolía todo el cuerpo. Millones de astillas clavadas en los músculos, desde adentro, así lo sentía. Y de igual modo se movía, o casi. Apenas había hecho un gesto con el mentón para saludar al empleado de la estación de servicio donde se habían detenido. Y había salido rengueando hacia el baño.
Ahora que se encontraba solo podía relajarse un poco más. Y esto era traducido por el cuerpo en forma gruesas lágrimas, que apenas se reflejaban por entre la mugre del espejo que tenía delante. Alino se volvió y caminó lento en dirección a los inodoros, solo para apoyarse en las mamparas que separaban unos de otros. La mano derecha sujetándose de una bisagra y la frente apoyada en los nudillos. La vista posada en el agua que brotaba de un caño pinchado y la mente enfrascada en un bucle infinito, un remolino de arena del tiempo y voces distorsionadas. Carne y sangre de sus demonios.
— ¿Te sientes bien? —La voz del camionero llegaba desde la puerta y Alino se apuraba por acercarse a un urinario —En cinco minutos salimos. Te puedo llevar hasta Álamo. Es bastante tranquilo.
—No, gracias —La voz de Alino sonaba afectada —Creo que me voy a quedar aquí. He visto un cartel. Buscan un empleado.
* * *
De algún modo, Alino le había caído bien al dueño de la estación de servicio. Un enorme cincuentón con apariencia de vikingo que se hacía llamar Ed. Pero la realidad marcaba que allí ya no había puestos de trabajo. El cartel que leyera el viajero no era otra cosa que un olvido. Y databa de la época en que Rolando, el mejicano bajito que dispensaba la nafta, había sido contratado.
—Unos tres años —aclaró Ed mientras arrancaba el papel amarillento de la vidriera —Es una pena que no preguntaras antes.
—Bien, entonces buscaré que el próximo que se detenga me lleve hasta Álamo. ¿Está muy lejos?
Ed miró de reojo a su empleado y comenzó a balbucear algo inentendible. Dio media vuelta y, mientras Rolando guiñaba un ojo a Alino, se dirigió a la caja registradora.
—Puedes quedarte un par de días si quieres —Ed guardaba el pago del combustible y meneaba la cabeza —. Hay varias cosas para hacer aquí, empezando por el baño. Además ya está anocheciendo y no es seguro andar por el desierto, vaya uno a saber con quién.
* * *
Las tres de la mañana habían dado ya en el antiguo reloj de pared que colgaba tras el mostrador. En realidad, nada en el mobiliario parecía distinguible como nuevo. Ni la desvencijada balanza, ni la aparatosa caja registradora, mucho menos el monitor monocromático del ordenador. La estación de servicio parecía envuelta por una burbuja de lo atemporal donde incluso algo reluciente podía avejentarse en segundos. Como aquel flamante almanaque dos mil diez decorado por finas telas de araña. O esa televisión plana, opaca por el polvillo, que no dejaba de repetir noticias acerca de Wikileaks. ¡Si hasta los presentadores parecían llegados de un tiempo lejano!
La sección de cafetería, donde Ed y Rolando compartían ahora una animada charla, estaba poblada de mesas tan dispares como los aspectos de los dos hombres. Alino, en tanto, se preguntaba cómo hacer para calentar el café. Ed no le había mostrado aún donde iba a dormir y le estaba pesando demasiado el largo día que, en rigor, sumaba ya más de cuarenta horas. Los hombres hablaban bajo, era el tono de voz que compartían, y al muchacho ya le estaba costando demasiado no bostezar cada minuto. Y fue en uno de esos espasmos de fatiga que un grito le dejó por absoluto descolocado.
— ¡Apaga las luces Ed! —Rolando, que hacía rato que escuchaba las reflexiones de su jefe sobre una ex mujer, se incorporaba y corría al ventanal que daba al sur — ¡Allí! ¿Lo ven? —El mejicano gritaba de nuevo y señalaba algo más allá del último faro de la playa de estacionamiento.
— ¿Otra vez? —Ed tiraba al piso un trapo con el que había estado repasando el mostrador y se unía a su empleado.
—Sí, justo sobre la carretera.
— ¿Naranja?
—Sí, otra vez naranja…
Alino, que no comprendía de que hablaban, dio un par de pasos en dirección al ventanal. Al tiempo, escuchaba un intercambio de opiniones que incluía helicópteros negros, fuegos fatuos y algo incluso más bizarro: Ovnis. Con una discreta sonrisa fue que el joven se puso justo detrás de los dos hombres. Justo a tiempo para ser deslumbrado por un fogonazo de luz que pareció iluminarlo todo, obligándoles a llevarse las manos al rostro.
— ¿Qué? —Alino buscaba las palabras pero no le llegaban — ¿Qué mierda es eso?
* * *
Una esfera de potente luz se movía desde el desierto para posarse sobre la ruta, a no más de doscientos metros de la estación de servicio. Las exclamaciones de asombro de los tres hombres apagaban cualquier sonido. Ed decía que así se comportaban esas cosas y que no hacían ruido alguno. Pero Alino creía escuchar algo por debajo de la charla. Entonces hizo un severo ademán solicitando silencio.
— ¿Escuchan?
—Si —Respondió Rolando—. Suena a motor.
— ¡Es un auto! —exclamó Alino señalando la esfera.
— ¿Desde cuándo vuelan?
—No Rolando —Alino tomaba al mejicano por los hombros y le guiaba la vista con la mano derecha —. Lo que sale de entre las luces, abajo, ahí… viene muy rápido. Parece que escapa.
Los casuales testigos guardaron silencio mientras la imagen de un viejo Ford alejándose de la esfera se hacía más clara. Y fue un instante. Las ruedas rechinando en la playa de estacionamiento. Una puerta que se abría y una muchacha con el rostro envuelto en cabello que corría hacia la cafetería. Detrás de ella la esfera volvía a generar un magnífico destello, para luego desaparecer.
— ¡Es Laina! —Gritaba Ed mientras se apresuraba a girar la llave.
* * *
Hacía cuatro horas que Laina hablaba acerca de lo vivido y su enorme furia. Estaba convencida de que se trataba de militares experimentando con nuevos vehículos volantes. Cowboys idiotas montados en caballos de alta tecnología.
—Ya está amaneciendo Laina —dijo Ed mientras se levantaba de la mesa a la que los cuatro se habían sentado.
—Sí, quizás me detenga en Las Vegas para dormir un poco. Me conviene irme ahora mismo. ¿Dices que buscas trabajo? —Laina se dirigía a Alino que casi no había abierto la boca.
—Correcto. No soy pretencioso. Me han hablado de Álamo…
—De allí vengo. Es donde vivo.
— ¿Sabes de algo?
—Nunca hay mucho que hacer en Álamo —Laina elevaba la mirada y la clavaba en los ojos de Alino —. Pero si estás dispuesto a cazar ratas del desierto puedo aprovechar que voy a ver a mis jefes y pedir una extensión de presupuesto. Hace rato que me lo ofrecen pero los viejos del pueblo no quieren trabajar. No pueden.
— ¿Cazar ratas del desierto?
—Vivas. Es simple. Controlarías las traperas cada día. Traerías las nuevas y liberarías las que estén listas.
— ¿Listas? ¿Qué es lo que haces? —Alino lucía bastante extrañado.
—Eso ya te lo explicaré tranquila, la semana entrante. Por lo pronto te dejo mi tarjeta y asegúrate de estar el jueves por la mañana en esa dirección.
Laina y Alino intercambiaron un par de palabras y se saludaron. Luego ella besó en la mejilla a Ed y agradeció una vez más la contención brindada por el viejo conocido. Un instante más tarde sonaba la ronca bocina de su auto, a modo de despedida. Ella, como un rayo, partía. Y Alino, vencido por el sueño, caminaba muy lento hacia donde le habían indicado que encontraría un catre. El muchacho jugó con la tarjeta, pasándosela de mano en mano, hasta que decidió leerla. Entonces, aquellos ojos inyectados en sangre parecieron salirse de sus orbitas. Lo que veía, allí, junto al apellido de Laina, era por completo inesperado. Un logotipo. Un círculo dentro de un cuadro.

Esta muy bueno, che, recien lo empiezo a leer. Tendría que leer los capítulos anteriores pero se ve interesante. Saludos.
Gracias Mario! Los capítulos completos están acá: http://epicero.megustaescribir.com/biofacto-capitulos-completos/
También podes bajarte los wallpapers en HD acá: http://epicero.megustaescribir.com/wallpapers/
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Es una experiencia multimedia así que si te copa aprovechá todos los recursos que son gratuitos. Por ejemplo el trailer de lo que se viene que esta acá: http://epicero.megustaescribir.com/2010/12/15/actualizaciones-y-pedidos-de-calma/
Un abrazo.
Wow, no me esperaba lo del logotipo. De qué será? Tengo curiosidad y me huele a que hay que esperar, es una de las cosas de estas lecturas, el misterio hay que sembrarlo poco a poquito. Por ahora va bien, me gusta. Alino me está pareciendo un personaje apasionante. Espero el cuarto capítulo.
Saludos!!!
Bueno, me alegra mucho que te guste. Varias veces me he cuestionado hasta que punto no estoy alargando los trámites con el asunto del logo pero me parece un despropósito sacarlo ahora a la luz. Todavía no sabemos bien cual es el trabajo de Laina, si ella se va a acoplar o a confrontar con Alino… y de él mismo bueno. Es un tema aparte. Le espera un futuro que no imagina pero que esta íntimamente relacionado a su forma de ser.
¡Un abrazo Johnny!
He intentado infructuosamente retomar el hábito de la lectura, que hace mucho tiempo había dejado. De hecho tengo cuatro libros así en el intento he intactos. esto es diferente, atrapa y sorprende, da para querer seguir y saber a donde va, que pasa… muy bueno
Mi hermana me hablo de esta pagina vine a visitarla. Es de muy buen gusto. Felicitaciones
Guau! He descubierto esta novela hoy por la manana gracias a una informacion que busque en twitter y ya estoy buscando todos los capitulos. Es un tema apasionante y que te atrapa. Gracias por compartir este trabajo tan interesante.
¡¡¡Gracias a vos Lilia!!!
Sigo aquí totalmente atrapado, que barbaro lo del logo en la tarjeta de presentación, vamos a ver que viene ahora!!