Biofacto II, Exégesis: Capítulo 17 (parte 2) —EDITADO—

Bien, esta semana la frase “Ad astra per asperum” vuelve a sonar en el fino aire de la tensión y el misterio que rodean a nuestros protagonistas. Mucho esta por venir, pero quizás no sea lo que ninguno de nosotros —siquiera el autor— esperamos. Nuevos aires para los artefactos biológicos, los cambios llegan con la tormenta.

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Biofacto II, Exégesis . Parte Segunda . Capítulo 17: Lo que queda de ayer (parte 2)

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Biofacto II: Exégesis

Autor: Fernando Silva

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Parte segunda: El proceso

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Capítulo 17: Lo que queda de ayer (parte 2)

—Están en camino.

El serpo lo había repetido unas cinco veces en el último minuto, sin moverse, sin variar el tono de voz.

— ¿Quiénes están en camino? —Avi hablaba desde la cabina del camión— ¿Tu gente?

—Sí, aunque los libres no son.

—Ya me siento lo bastante entrenado en esto —Avi suspiraba mientras caminaba hacia el serpo—, a ver si lo entiendo bien: ¿Quieres decir que vienen nuestros enemigos?

—Eso, es correcto.

—Deberíamos establecer un perímetro, no podemos movernos mientras los amigos de Eva sigan aquí —Laina se acercaba encendiendo un cigarrillo—. ¿Tienes idea de cuánto tiempo tenemos?

—Cuarenta unidades de minuto.

Avi lanzó una mirada a Laina y buscó a Alino, que acababa de perderse entre las sombras.

—Yo le aviso —dijo Laina antes de dar media vuelta y rebotar contra un torso salido de la nada.

*       *       *

 

—Llegó el momento de comunicarnos —Eva hablaba otra vez con esa voz profunda y ausente—, hemos terminado con el hombre. Ahora es menester compartir una charla contigo y con el hibrido.

Laina dio un par de pasos atrás, sin apartar la vista de ese muro viviente con el que acababa de colisionar.

—Comprendemos tu desconfianza. Y es por ello que decidimos usar a esta mujer como canal de comunicación. Si habláramos directo a tu mente el resultado podría ser negativo.

—¿Puedes leer mis pensamientos?

—Es más complejo. Cada organismo superior tiene una frecuencia única de emisión que se genera en, dependiendo la especie, diferentes puntos del sistema nervioso. Esas frecuencias sirven a la hora de tener una comprensión profunda del aspecto cognitivo de un individuo, pero esta complementada por las respuestas del mismo a los estímulos que podemos dar, en caso de considerarlo necesario.

Laina asentía moviendo con lentitud la cabeza mientras el instinto de conservación le obligaba a focalizarse en los cuarenta minutos de los que había hablado el serpo.

—No deberías ocuparte de algo que ya tenemos previsto. Los que les buscan llegarán y seguirán su camino, porque mientras estemos aquí les será imposible hallarlos.

—¿Nos harán invisibles como el vehículo que usaron para llegar aquí?

—No Laina, ellos no llegaron en ningún vehículo —Alino aparecía de entre las sombras, con paso firme, caminando hacia el humanoide—. Lo que hacen es deformar el espacio y el tiempo cuestión de que no estemos aquí en el instante en que vengan por nosotros… aunque sigamos aquí.

Laina palpó el bolsillo derecho de su jean en busca del paquete de cigarrillos.

— ¿Por qué no muestras tu verdadera forma? —Alino miraba directo a los ojos enormes y pálidos— Se muy bien de dónde vienes y como luces.

El humanoide mantuvo el silencio, observando los movimientos de Alino, que se frotaba la cara con ambas manos, luego el cabello.

—Estamos aquí para ayudarte.

—Alino…

—No Laina, puede que me hayan recuperado pero no puedo confiar en ellos, no con todo lo que he sabido de sus andanzas.

—Vamos a hablar pero solo contigo y con ella —el humanoide señalaba a Laina mientras Eva se movía, despacio, lejos del camión y señalando un pino de tronco grueso y torcido—. Iremos hacia aquellos árboles y discutiremos los términos de un trato.

—No he dicho que quiera hacer ningún trato con nadie, además, ya sé en qué terminan los tratos con los de tu tipo.

—Los tratos son deshonrados por los hombres, no por nosotros… además, sabes que nos necesitas.

—Sí, puede ser —Alino guardaba ambas manos en los bolsillos de su abrigo—, pero eso no significa nada más que estar consciente de una necesidad. Lo que hagamos a partir de allí es otra cosa.

—Queda poco tiempo para el veintiuno de diciembre.

—Lo sé Laina… lo sé mejor que nadie. Es difícil hacerse a la idea de tener las manos atadas… y quizá nunca estuvimos en condiciones de hacer nada —Alino se acercaba a Laina para tomarle de la mano—. Pero eso no quiere decir que tomemos la primera opción que se nos cruce por brillante que parezca. Prefiero el camino difícil a terminar peor que los serpos.

El humanoide dio un par de pasos hacia la pareja y abrió la boca. Entonces —y con su propia voz suave y aguda— dijo:

—Yo sé de dónde vienes, se tu camino. Ad astra per asperum.

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Datos de registro

Identificador: 1207131962378
Título: Biofacto II – Exegesis
Fecha de registro: 13-jul-2012 21:43 UTC
Autor: Epicero
Tipo de obra: Literaria, Literaria: Otros

Biofacto II, Exégesis: Capítulo 17 (parte 1) —EDITADO—

Esta semana persisten los retrasos con las entregas de la novela. Varios reacomodamientos personales me obligan a invertir tiempo en otras actividades lo que, a claras cuentas, se traduce en menos capacidad para escribir y revisar el trabajo. Como siempre, prefiero lanzar algo cuando estoy seguro de que tiene sentido dentro de la historia así que en estas dos semanas que restan hasta que me organice… bueno, que seguiremos con algunos retrasos.

Les dejo el capítulo 17 (la primera parte) AQUI►►►

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Biofacto II, Exégesis . Parte Segunda . Capítulo 17: Lo que queda de ayer (parte 1)

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Biofacto II: Exégesis

Autor: Fernando Silva

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Parte segunda: El proceso

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Capítulo 17: Lo que queda de ayer (parte 1)

Que las personas no cambian… eso es una estupidez, se dijo Laina mientras veía como Alino iba y venía entre los pinos que crecían hacia el este. La cruda realidad era que el tiempo había hecho de ellos personas diferentes. Como una prenda manchada con lavandina, nunca serían los mismos y la causa eran esas memorias roídas por el ácido del dolor. Círculos concéntricos de barreras emocionales que, tras el golpe del reencuentro, afloraban como hongos en la sombra, de esos que huelen mal, muy mal.

Ella misma se notaba distinta, tanto que no habría dudado en gritarse unos cuantos improperios, de ser capaz de meterse en los zapatos de Alino. Dura, seria y helada… la combinación no favorecía en nada en ese instante particular, pero le había servido bien en los meses anteriores, luchando en soledad contra todo, desconfiando de todos. ¿Cómo hacer para eliminar ese personaje de un momento para el otro? ¿Acaso no se había metido ya en su carne lo suficiente como para decir que había una nueva Laina?

No, no podía culparlo… como mucho repartirían responsabilidades si llegaban a la conclusión de que aquello, lo que hubiera entre los dos, no funcionaba. Al fin y al cabo, se acercaba el bendito veintiuno de diciembre y si los datos que tenían eran correctos quedaría poco por lo que preocuparse.

 

*       *       *

 

Habían pasado un par de horas desde la caída del sol. Avi apenas había cruzado un par de palabras con Laina, lo suficiente para decirle cuan preocupado estaba por el silencio de Alino. El serpo, en tanto, se mantenía apartado, en silencio, mirando a la negrura, siempre al mismo punto. «Está hablando con los suyos», dijo Avi antes de volver a la cabina del camión, donde ahora limpiaba el arma.

—Quieren hablar con ustedes, en cuanto terminen con Freeze —Eva se acercaba despacio, con las manos unidas sobre el vientre—. Yo…

—No sé si es el momento de hablar Eva, estamos muy conmocionados, todos.

—Pero ellos estarán aquí solo unas horas más, y es importante que les comuniquen lo que solo ustedes deben oír.

—No me refería a eso… si hay algo que quiero es preguntarles cómo recuperaron a Alino, pero incluso más que es lo que hacen con Freeze —Laina hizo una pausa antes de mirar a Eva a los ojos—. No quiero hablar contigo ni escuchar tus explicaciones. Podrías haberme dicho lo que sucedía y no lo hiciste.

—No sabía si podía confiar.

—No puedes confiar… no. Si se diera el caso no tengo problemas en reconocer en que sacrificaría a cualquiera por Alino, de la manera que sea.

—Eres su ángel de la muerte personal.

—No, soy peor que eso. Soy una mujer que ha entregado el corazón —Laina llevó los ojos hacia Alino, otra vez—. Pero ya te lo dije, no quiero hablar.

 

*       *       *

 

—Están en camino.

El serpo lo había repetido unas cinco veces en el último minuto, sin moverse, sin variar el tono de voz.

— ¿Quiénes están en camino? —Avi hablaba desde la cabina del camión— ¿Tu gente?

—Sí, aunque los libres no son.

—Ya me siento lo bastante entrenado en esto —Avi suspiraba mientras caminaba hacia el serpo—, a ver si lo entiendo bien: ¿Quieres decir que vienen nuestros enemigos?

—Eso, es correcto.

—Deberíamos establecer un perímetro, no podemos movernos mientras los amigos de Eva sigan aquí —Laina se acercaba encendiendo un cigarrillo—. ¿Tienes idea de cuánto tiempo tenemos?

—Cuarenta unidades de minuto.

Avi lanzó una mirada a Laina y buscó a Alino, que acababa de perderse entre las sombras.

—Yo le aviso —dijo Laina antes de dar media vuelta y rebotar contra un torso salido de la nada.

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Título: Biofacto II – Exegesis
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Autor: Epicero
Tipo de obra: Literaria, Literaria: Otros

Biofacto II, Exégesis: Capítulo 16 —EDITADO—

Esta semana notarán que los wallpapers recuperan el símbolo del circulo dentro del cuadro como protagonista. Es simple: vuelve el protagonista principal, tras quince entregas Alino esta con nosotros. No hay mucho más por decir y mucho por imaginar, les dejo con el reencuentro en “Soy lo que sobrevive” el decimo sexto capítulo de Biofacto II, Exégesis.

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Autor: Epicero
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Biofacto II, Exégesis . Parte Segunda . Capítulo 16: Soy lo que sobrevive

Biofacto II: Exégesis

Autor: Fernando Silva

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Parte segunda: El proceso

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Capítulo 16: Soy lo que sobrevive

No sé qué es esto que veo… no se siquiera dónde estoy, donde no estoy. Solo una cosa parece real, este dolor inmenso que corta mi existencia en dos. Me gustaría saber que son esas luces, verdes y blancas, que forman un aro sobre mis ojos… luces y sombras, las de quienes sean que están haciendo esto conmigo.

Quiero… preguntarles qué es lo que hacen. Quiero gritar como recién lo hice, pero ya no puedo, algo me paraliza también mis párpados, que tapan ya lo que hacen de mí. ¿Será mejor que no lo vea venir? Así como no vi el peligro de la enfermedad tras ayudar a Laina a reponerse del virus del miedo, lo que callamos a nosotros mismos es lo que termina por devorar el alma, la voluntad y la gracia cósmica del santo dolor.

¡El dolor! Este dolor pulsa todos los nervios de mi cuerpo, espasmo infinito… y no sé cuánto más lo pueda soportar.

 

*       *       *

 

Un día con su noche y el agotamiento estaba haciendo mella en Laina, que seguía suspendida en el aire a unos metros del camión. Ese silencio obligado la había arrastrado a un viaje interno, complejo y revelador; tal vez lo mejor sería encontrarse con la muerte de una buena vez. Al fin y al cabo estaba segura de haberlo dado todo y un poco más, por lo que no se resistiría si era ese el destino. Ya no más de esa causa de nada, sin futuro y sin salida. Ya no más miedo ni dolor, solo paz y vacío, oscuridad eterna para un alma que desde hacía mucho, no podía creer en nada.

Ese estado de ingravidez le ayudaba a pensar en que, quizás, podría irse, tras la muerte, flotando entre las ramas de los pinos, camuflada entre la pelusa del bosque, para viajar a ninguna parte, sin ningún motivo. En cambio, sobre la llegada del medio día, Laina notó como su cuerpo descendía, con suavidad, hasta alcanzar el piso. Y ese contacto fue aprovechado con pies, tronco y cabeza. Es que las piernas no le soportaban el peso, o quizás no lo deseaban.

—Laina, debes ponerte de pie —La voz de Eva sonaba suave y enérgica, casi como la risa de un niño—, tienen algo para ti.

 

*       *       *

Se las había arreglado para ayudarla a estar un poco erguida. Eva hablaba de buenas nuevas mientras ponía todas sus fuerzas en sostener a Laina, que apenas podía mantener la cabeza derecha.

—Ya vienen.

Entre borrones de colores las imágenes, poco a poco, fueron ganando nitidez. Tres pares de botas de alpinismo acababan de detenerse justo delante y se mantenían estáticas, como esperando a que la muchacha pudiera subir la vista, o quizás algo más.

—Laina… ¡oh Laina!

Esa voz fue un cuchillo entre las costillas, un imprevisto que arrancó lágrimas que corrieron al suelo, para mezclarse entre las agujas de los pinos, mismas que ahora pisaban esos zapatos, los que llevaba Alino. Laina sintió entonces unos brazos que la envolvieron y ese olor, esa piel tan dulce como conocida.

—Aquí estoy… estamos vivos.

Laina buscó enfocar la vista pero otra vez le fallaba el cuerpo. Entonces besó ese hombro, el más familiar de su extraña vida, una y otra vez.

—Te amo… —balbuceó con dificultad— te amo.

 

*       *       *

 

La noche anunciaba su llegada con una brisa gélida que silbaba apenas entre las ramas de los pinos. Ese claro en el bosque se había transformado, durante la tarde, en improvisado campamento en el que Eva, el serpo y Avi terminaban de organizar un sistema de guardias.

Un poco más allá, hacia el norte, Alino y Laina habían compartido un largo silencio tras el cual se las habían arreglado para contarse mucho de lo sucedido en los últimos meses. Y aunque a Laina le parecía que faltaban los puntos más importantes no le molestaba demasiado imaginarlo o dejarlo para luego, con tal de disfrutar el momento.

—Ya hablaremos en detalle y de todo…

—No me acostumbro a tu cabello negro —Alino tomaba el rostro de Laina entre sus manos, por milésima vez—, pero esos ojos son mi calma.

Laina sonrió entre lágrimas. No podía contener las emociones y tampoco los labios. Besaba ese rostro como si le tocara el alma cada vez y no pensaba mucho en nada, más que en mantener cerca al pelirrojo, muy cerca.

—Mi cabello negro y lacio, si… fue idea de La Madre.

Alino frunció el ceño y desvió la mirada hacia el sol poniente.

—Está bien… ¿te ayudaron los agentes de mi madre?

—Si… pero veo que tienes mucho para callar de lo que pasó en Argentina. Me gustaría saber qué fue lo que sucedió, que me digas con tus palabras porqué decidiste dejarme allí.

Alino arrugó los pómulos en un gesto que le agregó muchos más años de los que Laina hubiera imaginado verle alguna vez.

—Creo que no es buen momento, no sé si estoy preparado para hablar de eso —Alino llevó sus ojos a los de Laina—. De hecho, no tengo muy claro el porqué de muchas de las cosas que hice en los últimos meses.

—Juntos podemos…

—No, no creo que podamos.

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Identificador: 1207131962378
Título: Biofacto II – Exegesis
Fecha de registro: 13-jul-2012 21:43 UTC
Autor: Epicero
Tipo de obra: Literaria, Literaria: Otros

Biofacto II, Exégesis: Capítulo 15 (completo) —EDITADO—

Biofacto II: Exégesis

Autor: Fernando Silva

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Parte segunda: El proceso

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Capítulo 15: Tiempo perdido (completo)

Un hilo de sangre brotó desde la mitad de la frente de Laina, encontró cauce por uno de los lados de la nariz y fue a parar a los labios, que temblaban en un espasmo febril.
Eva le hablaba, podía afirmarlo porque le veía mover los labios, pero el sonido, las palabras, no llegaban. Todo se sucedía en un instante en el que sentía ahogarse en una piscina de irrealidad. Hasta que llegó ese dolor punzante en la frente.
—Te has golpeado la cabeza, ¿estás bien? ¡Laina!
Eva se volvió hacia la puerta de la caja del camión. Alino seguía inmóvil, las amarras habían soportado la frenada. Freeze seguía inconsciente, o sollozaba, o ambas cosas. Gemidos casi imperceptibles tras los disparos, detonaciones que partían de la cabina del chofer y daban en algo metálico. Algo que aún no respondía al fuego.

*       *       *

—Que… ¿qué sucede? —Laina se llevaba los dedos de la mano derecha, temblorosos, a la frente.
—Nos han sacado del camino.
Laina notó como rebotaban de un lado al otro, entonces gateó hasta abrazar a Alino.
—Han frenado de pronto y escuché unos disparos —agregó Eva—, luego viramos y creo que vamos por un camino de tierra.
—Vamos rápido… entonces nos siguen.
Eva asintió mientras tomaba la pistola por el cañón para agitarla frente a Laina.
—Quédatela, tengo otra.
—¿De pronto confías en mí?
—No, pero puedes ser útil si sabes manejarla.
*       *       *

—¡Ahí están! ¡A la derecha!
Los gritos llegaban desde la cabina del camión, justo antes de otro brusco viraje, un cambio de dirección que les llevaba hacia la izquierda. Y ya no parecía ser por sobre un camino. Los saltos eran demasiado violentos y las ramas chirriando sobre los laterales del camión hablaban de un improvisado sendero entre los pinos.
—¡Ahora sí! —Laina pasaba por sobre Alino de un salto— ¡Nos disparan!
—El Serpo está herido —Eva esquivó la mirada de Laina—. No preguntes como pero lo sé.
—¿Y este idiota? —Laina señalaba a Freeze, aún inconsciente. Claro que sabía que nunca le daría un arma y mucho menos le confiaría la vida, no después de lo que había hecho. No importaba si decidía morir, desaparecer o pedir disculpas; Freeze era poco menos que un blanco. Como ella en ese mismo instante.
—Mejor te calmas Laina —Eva hablaba de pronto con un tono grave, algo gutural—. Nada os sucederá mientras podamos evitarlo.
—De qué… —Laina cerraba el puño izquierdo entre las piernas, la tensión comenzaba a doblarle el estómago, otra vez— ¿De qué hablas?
—Cierra los ojos Laina, no queremos que te afecte el resplandor.

*       *       *

Los párpados no alcanzaban para cubrir los ojos de ese resplandor irreal. Laina se llevó el brazo derecho al rostro mientras mantenía el arma apuntando al piso. Todo lo que podía hacer era escuchar, primero como Avi aminoraba la marcha mientras gritaba algunas cosas en alemán. Después una frenada sobre suelo pedregoso seguida de silencio; oscuro y tenso silencio.
Pasaron unos minutos hasta que, con lentitud, retiró el brazo que le cubría los ojos. Alino estaba allí, tan inerte como antes, casi como Freeze que —de hecho— babeaba espuma blanca muy cerca de su rodilla; con el rostro empotrado en las canaletas del piso de metal. Un poco más allá la puerta de la caja se mostraba apenas arrimada. Por ella se filtraba una luz blanquecina, no tan potente como la anterior, pero igual de etérea.
¿Qué haces ahí fuera Eva?, se dijo Laina mientras revisaba el cargador. Tres balas eran mejor que nada pero menos que lo ideal, mucho menos. Será mejor salir despacio, rumió, mientras se movía hacia la puerta.
*       *       *

El resplandor venía de la parte delantera del transporte y allí, del lado de la caja, no había nadie. Laina puso pie por pie sobre la tierra húmeda y pedregosa del claro en el que se habían detenido.
Todo rodeado por enormes pinos, pero un claro al fin… espero que podamos salir rápido de aquí, pensó, antes de notar unas sombras que se proyectaban a los costados.
La muchacha tomó la pistola con ambas manos y dio unos pasos hasta el borde de la puerta por la que había salido. Entonces, muy despacio, se asomó lo suficiente como para mirar, apenas con un ojo, que era lo que sucedía.
—Pero qué demonios…
*       *       *

Solo alcanzaba a diferenciar figuras, recortadas de esa luz blanca, como de un flash que no se apagaba pero tampoco dañaba la vista. Sobre la izquierda Eva, inconfundible la melena y su cuerpo menudo, sobre la derecha dos bultos más altos y estáticos… seguramente Hildebrandt y el serpo. Los tres parecían mirar adelante, hacia la luminaria, sobre la que se movían otras figuras, unas que le sacaban —como mínimo— una cabeza de altura al hombre de gris. Uno, dos, tres… quienes fueran se movían hacia Eva y parecían conversar con ella.
—Una bala para cada uno, de ella me encargo a los golpes, como merece —se dijo Laina en un susurro que apenas traspasaba los labios entreabiertos.
Un paso… dos, muy despacio. Tres y ya tomaba coraje de la nada, para el cuarto salía del reparo del camión con el arma precediendo su avance hacia quienes fueran que les habían detenido.

*       *       *

Fue un instante, o podría haber sido una hora. Laina recordaba haber apuntado al más cercano de esos tipos altos y rubios, de ojos grandes e inexpresivos. Recordaba una discusión y otro de esos seres moviéndose a una velocidad imposible para quitarle el arma y rodearle el cuello con su propio brazo derecho. Todo en un segundo, o menos, o más… es que algo en el tiempo funcionaba distinto, casi como si corriera en lateral.
Ahora se notaba suspendida, atrapada en un paréntesis a un par de metros del suelo. Solo los ojos, quería mover la cabeza al menos ya que brazos y piernas no respondían, pero solo alcanzaba a mover los ojos. Tampoco gritar o emitir sonido, esa parálisis era casi tan tremenda como ver a Eva señalando la parte trasera del camión. Avi y el serpo se mantenían también quietos, callados, a su derecha y un poco por debajo. Por lo visto tampoco disponían de sus cuerpos, pero con los pies en la tierra.
Los tipos altos asintieron y Laina temió lo peor cuando les vio caminar hacia el transporte y entrar en la caja. Entonces un gemido profundo, tan terrible que supo que no volvería a ser la misma. Ya no importaba si lograban salir de esa situación, imaginar lo que podían estar haciéndole a Alino le quemaba por dentro dejando marcas que no iban a sanar, como todas las demás. Y siquiera podía gritar.

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Identificador: 1207131962378
Título: Biofacto II – Exegesis
Fecha de registro: 13-jul-2012 21:43 UTC
Autor: Epicero
Tipo de obra: Literaria, Literaria: Otros

Biofacto II, Exégesis: Capítulo 15 (parte 1) —EDITADO—

Esta semana te comparto la primera parte de un capítulo no muy largo pero que vive por la intriga y la acción. Las cosas se complican para Laina y el “resplandor” amenaza con afectarle bastante más que la vista. ¿Estamos listos?

Te dejo LA PRIMERA ENTREGA DEL capítulo 15 de Biofacto II, Exégesis: “Tiempo perdido” AQUI►►►

Los wallpapers de hoy:

Biofacto II, Exégesis . Parte Segunda . Capítulo 15: Tiempo perdido

Biofacto II: Exégesis

Autor: Fernando Silva

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Parte segunda: El proceso

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Capítulo 15: Tiempo perdido (parte 1)

Un hilo de sangre brotó desde la mitad de la frente de Laina, encontró cauce por uno de los lados de la nariz y fue a parar a los labios, que temblaban en un espasmo febril.

Eva le hablaba, podía afirmarlo porque le veía mover los labios, pero el sonido, las palabras, no llegaban. Todo se sucedía en un instante en el que sentía ahogarse en una piscina de irrealidad. Hasta que llegó ese dolor punzante en la frente.

—Te has golpeado la cabeza, ¿estás bien? ¡Laina!

Eva se volvió hacia la puerta de la caja del camión. Alino seguía inmóvil, las amarras habían soportado la frenada. Freeze seguía inconsciente, o sollozaba, o ambas cosas. Gemidos casi imperceptibles tras los disparos, detonaciones que partían de la cabina del chofer y daban en algo metálico. Algo que aún no respondía al fuego.

 

*       *       *

—Que… ¿qué sucede? —Laina se llevaba los dedos de la mano derecha, temblorosos, a la frente.

—Nos han sacado del camino.

Laina notó como rebotaban de un lado al otro, entonces gateó hasta abrazar a Alino.

—Han frenado de pronto y escuché unos disparos —agregó Eva—, luego viramos y creo que vamos por un camino de tierra.

—Vamos rápido… entonces nos siguen.

Eva asintió mientras tomaba la pistola por el cañón para agitarla frente a Laina.

—Quédatela, tengo otra.

—¿De pronto confías en mí?

—No, pero puedes ser útil si sabes manejarla.

*       *       *

—¡Ahí están! ¡A la derecha!

Los gritos llegaban desde la cabina del camión, justo antes de otro brusco viraje, un cambio de dirección que les llevaba hacia la izquierda. Y ya no parecía ser por sobre un camino. Los saltos eran demasiado violentos y las ramas chirriando sobre los laterales del camión hablaban de un improvisado sendero entre los pinos.

—¡Ahora sí! —Laina pasaba por sobre Alino de un salto— ¡Nos disparan!

—El serpo está herido —Eva esquivó la mirada de Laina—. No preguntes como pero lo sé.

—¿Y este idiota? —Laina señalaba a Freeze, aún inconsciente. Claro que sabía que nunca le daría un arma y mucho menos le confiaría la vida, no después de lo que había hecho. No importaba si decidía morir, desaparecer o pedir disculpas; Freeze era poco menos que un blanco. Como ella en ese mismo instante.

—Mejor te calmas Laina —Eva hablaba de pronto con un tono grave, algo gutural—. Nada os sucederá mientras podamos evitarlo.

—De qué… —Laina cerraba el puño izquierdo entre las piernas, la tensión comenzaba a doblarle el estómago, otra vez— ¿De qué hablas?

—Cierra los ojos Laina, no queremos que te afecte el resplandor.

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Identificador: 1207131962378
Título: Biofacto II – Exegesis
Fecha de registro: 13-jul-2012 21:43 UTC
Autor: Epicero
Tipo de obra: Literaria, Literaria: Otros

Biofacto II, Exégesis: Capítulo 14 —EDITADO—

Hipercom hace referencia a la hipercomunicación, algo clave en este capítulo de Biofacto II. Por momentos estuve dudando acerca de publicar este domingo, debo decir la verdad. Ciertos acontecimientos buenos (y no tanto) han conspirado estas semanas contra esto de mantenerme concentrado en la historia… y sin embargo salió todo en una noche; anoche. Se ve que llevo la historia en los cromosomas, o algo por el estilo. Como sea, espero les caiga bien, es una transición este capítulo, hacia algo mayor.

Para leer el capítulo 14 de Biofacto II, Exégesis, ingresa AQUI►►►

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